Entrevistamos en exclusiva a Paesa, el espía más oscuro y famoso de España
Fue agente secreto, diplomático y muerto en vida. Ayudó a fugarse a Roldán. 20 años después Francisco Paesa habla en exclusiva para Vanity Fair. La entrevista, a partir de hoy en el quiosco.
Por
DAVID LÓPEZ
16 de septiembre de 2016 / 7:00
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Francisco Paesa, fotografiado en exclusiva en París para la portada de Vanity Fair.
© Sofía Moro
Francisco Paesa se movía en las cloacas del Estado. Fue el hombre que ayudó a fugarse en 1994 al exdirector de la Guardia Civil, Luis Roldán. El que (supuestamente) lo entregó meses después y que (supuestamente) se quedó el dinero: los más de 10 millones de euros que este había recaudado en comisiones ilegales, además de la recompensa que habría cobrado por la entrega. En 1998 se le dio por muerto y hasta se publicó su esquela. Pero en 2004 se supo que seguía con vida. Desde entonces, se pierde su pista. Pocos días antes del estreno de
El hombre de las mil caras, la película que recupera el episodio de Paesa y Roldán,
Vanity Fair localiza y entrevista en exclusiva en París al espía más famoso y oscuro de España.
PAESA CONOCIÓ A JOSÉ AMEDO UNA NOCHE EN UN BURDEL DE BILBAO. “MOSTRÓ EL PISTOLÓN Y GRITÓ: ‘YO SOY EL GAL”.
Paesa no tiene ninguna causa pendiente en España. La Audiencia Nacional le investigó por colaboración con banda armada y obstrucción a la justicia; se le acusó de haber coaccionado a una testigo de los GAL; se abrió una pieza separada contra él por malversación y cohecho por el caso Roldán. Pero todas las causas fueron archivadas. Francisco Paesa puede regresar a España pero sigue moviéndose en la sombra.
En la entrevista exclusiva afirma que decidió marcharse definitivamente de España cuando se juzgó al general de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo por el caso Lasa y Zabala (las primeras víctimas de los GAL) en el año 2000. “No lo soporté. Era el tío más condecorado de España y lo condenaron por un etarra…”. Dice que él no tuvo nunca implicación alguna en los GAL y que para tenerla “había que estar loco”. Que el GAL eran básicamente los expolicías José Amedo y Michel Domínguez, que fueron condenados por ello, y que eran “incontrolables”. Que él solo conoció a Amedo una noche en un burdel de Bilbao. Este llegó, se abrió la chaqueta, “mostró el pistolón” en el cinto y gritó “¡Yo soy el GAL!”.
Confiesa que el otro motivo por el que decidió dejar definitivamente España fue el caso Roldán. “Me dijeron que Pelopincho (así llamaban a Luis Roldan en el Ministerio del Interior y en el Gobierno) había hecho una estupidez y que a ver si yo podía ayudarlo. Y eso hice”. Según su versión, le planteó a Roldán devolver el dinero que este se había llevado de comisiones por obras de las reformas de los cuarteles de la Guardia Civil y de fondos reservados, y que Paesa calcula en 16 millones de dólares de entonces.
“No todo, claro, no haberse llevado 15 y devolver los 15, tampoco vamos a exagerar, porque coger el dinero lleva un trabajo, a pesar de todo…”,afirma. Paesa, Pero aquella opción, según él, se rechazó.“Yo no he cobrado ni un céntimo de Roldán. Es más, me ha costado dinero. Bastante. No lo he calculado. Pero probablemente tres o cuatro millones de dólares fácilmente”, afirma. Más aún, Paesa explica cómo se repatriaron parte de los fondos, que según su versión se entregaban a la mujer de Roldán, Blanca Rodríguez Porto.
Portada de octubre 2016 de Vanity Fair: Francisco Paesa fotografiado en exclusiva en París.© Sofía Moro
Paesa explica cómo organizó la fuga del exdirector de la Guardia Civil. “Él quería desaparecer”. Roldán se refugió en París donde, según la versión de Paesa, quedó a cargo de sus hombres. Nos cuenta que planeó la huida de Roldán a Laos: “Un país seguro, comunista al cien por cien y con el que podía llegar a un acuerdo para que estuviera allí dos años, porque creía que después se encontraría una solución al problema”, recuerda.
Roldán, dice Paesa, no llegó a ir a Laos, se arrepintió en el último momento y decidió entregarse. Lo bautizaron “el bebé” porque gimoteaba constantemente y se escapaba para llamar a su esposa, recuerda el espía. También explica que se pactó con el Ministerio del Interior, dirigido entonces por Juan Alberto Belloch y se muestra aún visiblemente enfadado con el exministro. “Tengo la pena de que a Roldán se le trató contrariamente a lo que se había acordado. Porque es un señor que hizo lo que han hecho muchos de ellos, por no decir todos”, asegura. En 1998 Roldán es condenado y durante el juicio se abre la pieza separada contra Paesa. Entonces, Paesa desapareció.
En 1998
El País publicó la esquela de Paesa. Él mismo nos cuenta que cuando supuestamente murió estaba en Tailandia en una misión antiterrorista que le había encargado el Gobierno de Argentina y en la que cayó herido. Y que lo metieron en una ambulancia y lo trasladaron a un barco. “Y ahí desaparecí. Yo no supe nunca en qué barco estaba. Jamás me lo han dicho. Estuve casi seis meses en coma y sin conocimiento”. Preguntado sobre si le convenía fingir su fallecimiento, responde: “No es que me viniese mejor, es que me daba igual. Ah, ¿que estoy muerto? Bueno, pues estoy muerto, ¿y qué?”.