La misteriosa muerte del Papa Juan Pablo I

INFORME SECRETO

Decisiones de Juan Pablo I


camiloluciani copia
En mayo del 89, la llamada «persona de Roma» envió a Camilo Bassotto (en la foto), periodista veneciano y amigo de Juan Pablo I, una carta con unos apuntes. En realidad, era un informe secreto. Este informe recoge decisiones importantes y arriesgadas, que Juan Pablo I había tomado. Se lo había comunicado al cardenal Villot, Secretario de Estado. Pero también se lo comunicó a la persona de Roma. Fue una medida prudente. De este modo nos hemos enterado. Juan Pablo I había decidido destituir al presidente del IOR (Instituto para Obras de Religión, el banco vaticano), reformar íntegramente el IOR, hacer frente a la masonería (cubierta o descubierta) y a la mafia. Es decir, había decidido terminar con los negocios vaticanos, echar a los mercaderes del templo.

El informe debía ser publicado, pero sin firma. El autor del mismo no podía hacerlo, pues, así decía, «el puesto que ocupo no me lo permite, al menos por ahora». Camilo lo publicó en su libro «Il mio cuore è ancora a Venezia» (1990).


EL IOR, una piedra que abrasa

Juan Pablo I tuvo poco tiempo para tomar decisiones de gran importancia como cabía esperar de su genio pastoral. Sin embargo, parece que muchas decisiones ya las había tomado. Prueba de ello es esta directriz dada al primero de sus colaboradores, monseñor Giuseppe Caprio, Sustituto de la Secretaría de Estado, al que recibía más veces al día: «Si le presentaran dificultades, diga que es el Papa el que lo quiere» (Homilía de monseñor Caprio tras la muerte de Juan Pablo I) .

Veamos algunas decisiones importantes y arriesgadas, que aparecen en el informe de la persona de Roma. Juan Pablo I, con firmeza ya demostrada en asuntos semejantes, quería poner orden en las finanzas vaticanas, reformar íntegramente el IOR, Instituto para las Obras de Religión, llamado también Banco del Vaticano. Para ello pensaba destituir al obispo Marcinkus, presidente del IOR. Dice el Papa Luciani a la persona de Roma:

”Una tarde, antes de marcharse, Villot me habló del IOR diciéndome: ‘El IOR es una piedra caliente que abrasa en las manos de todos. Alguno corre el riesgo de quemarse’. Le respondí que en cuestiones de dinero la Iglesia debe ser transparente, debe operar a la luz del sol. Va en ello su credibilidad».

«Le digo también a usted, la Iglesia no debe tener poder ni debe poseer riquezas. Yo sé que el Instituto de las Obras de Religión ha sido querido, en su forma actual, por Pablo VI, para ayudar, asistir y promover las obras de religión y de caridad en todo el mundo. Yo deseo que sean los obispos y cardenales, con una representación suya, quienes decidan qué hacer del IOR; si mantenerlo o suprimirlo y qué estructura nueva darle. Pido que sus acciones sean todas lícitas y limpias y de acuerdo con el espíritu evangélico. El mundo debe saber qué es, qué hace el IOR; cuáles son sus verdaderos fines, cómo se recogen los dineros y cómo se gastan. Se debe llegar a la transparencia en las cuentas económicas vaticanas: debemos publicar los balances controlados en su totalidad».

«El presidente del IOR debe ser sustituido: en cuanto usted lo crea oportuno. Deberá hacerse de manera justa y con respeto de la dignidad de la persona. Un obispo no puede presidir o gobernar un banco. Aquella que se llama sede de Pedro y que se dice también santa, no puede degradarse hasta el punto de mezclar sus actividades financieras con las de los banqueros, para los cuales la única ley es el beneficio y donde se ejerce la usura, permitida y aceptada, pero al fin y al cabo usura. Hemos perdido el sentido de la pobreza evangélica; hemos hecho nuestras las reglas del mundo. Yo he padecido ya de obispo amarguras y ofensas por hechos vinculados al dinero. No quiero que esto se repita de Papa. El IOR debe ser íntegramente reformado» .

Otra decisión importante y arriesgada, relacionada con todo lo anterior. Juan Pablo I pensaba tomar abierta posición, incluso delante de todos, frente a la masonería y frente a la mafia. En el informe esta decisión del Papa aparece a continuación de la anterior, es decir, después de hablar de la destitución de Marcinkus y de la reforma integral del IOR. En realidad, todo estaba relacionado. Le dijo a Villot:

“No se olvide que la masonería, cubierta o descubierta, como la llaman los expertos, no ha muerto jamás, está más viva que nunca. Como no ha muerto esa horrible cosa que se llama mafia. Son dos potencias del mal. Debemos plantarnos con valentía ante sus perversas acciones. Debemos vigilar todos, laicos, curas, y especialmente los párrocos y los obispos. Debemos proteger a las gentes de nuestras comunidades. Es un tema que un día afrontaremos con más claridad delante de todos” .


Identidad de la persona de Roma

Un análisis interno de la carta y del informe me llevó a pensar que el perfil de la persona de Roma encajaba perfectamente con el cardenal Pironio y así se lo hice saber al mismo por carta en la Navidad del 90. El cardenal no me contestó explícitamente, pero me envió (desde el 91 al 94) felicitaciones de Navidad, que guardo como precioso tesoro.

Hasta ahí todo iba bien. Con fecha 25 de septiembre del 97 envié al cardenal una nueva carta en la que le anunciaba mi decisión de revelar (según los datos de que disponía) la identidad de la persona de Roma. Le explicaba: «Su testimonio sobre lo que le dijo Juan Pablo I y, particularmente, sobre la comprometida situación que, a su pesar, como papa tuvo que afrontar (destitución de Marcinkus, degradación del IOR, posición firme y clarificadora delante de todos frente a la masonería cubierta o descubierta y frente a la mafia) hace historia y, sobre todo, hace justicia al papa Luciani. Sin duda, su declaración (fechada el 14 de mayo de 1989, fiesta de Pentecostés) fue un impulso del Espíritu. Sin embargo, su testimonio queda incompleto y pierde mucho ante nuestra generación al ser publicado sin firma, al amparo del anonimato».

Como otras veces, para que estuviera informado, le envié copia a Camilo. A vuelta de correo, me dejó un mensaje telefónico, en el que decía que necesitaba urgentemente hablar conmigo. Repasando mis notas de aquellos días, utilizaba estas palabras: «urgente bisogno», «cosa urgentissima», «grazie vivissime», «grazie». Le llamé por teléfono el 9 de octubre. Muy nervioso, me dijo que no era el cardenal el autor del informe. Me pidió que enviara una carta a Pironio asegurándole que él nunca me dijo que fuera el cardenal la persona de Roma, cosa que hice sin inconveniente alguno, pues respondía a la verdad. Fue el 17 de octubre. Ese mismo día, Camilo me reconoció por teléfono que el día 9 estaba turbado, preocupado, asustado («emozionato», «preoccupato», «spaventato»). Me pidió disculpa («ti chiedo scusa»). Si se trataba de un error mío, ¿a qué venía semejante reacción por su parte?

Ciertamente, el asunto era muy importante y urgente. Camilo no sólo me lo dijo por teléfono. Con fecha 8 de octubre, me envió la siguiente carta:

«Querido Jesús, he recibido esta mañana tu carta. Te escribo rápidamente para decirte que no es el cardenal Pironio el autor del escrito de mi libro. No sé cómo tú hayas sacado esta conclusión, en el libro no hay ninguna señal, ni yo te he dicho nunca ni he declarado que el autor era el cardenal Pironio. Lo lamento muchísimo, pero no puede decirte que es él el autor, porque en verdad no es él. Querido Jesús, lamento hasta el fondo del alma que tú hayas pensado que fuera él el autor. No es él. La persona que me lo dio me impuso que su nombre no será revelado nunca hasta después de su muerte. Te repito, lamento muchísimo que tú hayas imaginado que fuera el cardenal Pironio. No sé decirte otra cosa, pero en verdad es así. Un abrazo, espero tus noticias, Camilo. Posdata. Querido Jesús, te suplico que no comuniques a nadie este pensamiento tuyo, porque en conciencia y en verdad debería desmentirlo. Te pido esta grande caridad, la persona que me ha dado el escrito no es el cardenal Pironio».

Camilo me adjuntó copia de la carta que el mismo día envió al cardenal Pironio. Decía lo siguiente:

“Eminencia reverendísima, me ha llegado esta mañana copia de la carta que le dirige a usted el sacerdote español D. Jesús López Sáez. Declaro en conciencia y verdad que no es usted el autor de las informaciones que son referidas al final de mi libro Il mio cuore é ancora a Venezia sobre el Papa Luciani. Nadie conoce el nombre de esa persona que yo he entregado a mi confesor bajo el sello de la confesión. Mi relación con dicho sacerdote es debida a la traducción y publicación de mi libro en España en 1992. No puedo imaginar de dónde haya sacado la idea de atribuirle a usted dichas informaciones. Lamento muchísimo este hecho, le presento mis vivísimas excusas. Con profunda deferencia, Camilo Bassotto”.

Como puede verse, Camilo niega incluso la amistad que tiene conmigo. Tres días después, me escribe de nuevo:

“Querido Jesús, yo te soy amigo sincero, no ha cambiado mi estima y mi confianza. Yo te recuerdo con sincero afecto. He tenido que escribir esas dos líneas al cardenal Pironio para evitar que se dirigiese al patriarca de Venecia pidiéndole explicaciones. Tú sabes que yo estoy siempre marcado por haber escrito y hablado bien del Papa Luciani y del patriarca Luciani. Tengo personas en el mundo clerical que me son hostiles. Te he hablado de ello tantas veces. Querido Jesús, te recuerdo y te aseguro mi amistad. Un abrazo, Camilo”.

Finalmente, triunfa la amistad y, en medio de las negaciones, emerge este reconocimiento: «He tenido que escribir esas dos líneas al cardenal Pironio para evitar que se dirigiese al patriarca de Venecia pidiéndole explicaciones». Para mi es suficiente.

Pironio murió el 5 de febrero del 98. El 24 de febrero envié a Camilo unas reseñas sobre la muerte del cardenal. La persona de Roma le había impuesto que su nombre jamás sería revelado a nadie hasta después de su muerte. «Como comprenderás, le dije, no podemos dejar de preguntarnos si ahora podrías decir algo al respecto o si, por el contrario, subsisten dificultades».

Me respondió un mes después: «Querido Jesús, querría poder darte una respuesta a tus preguntas, pero por ahora no me es posible. Vivo en el interior de la iglesia veneciana con tantas dificultades de relaciones culturales y espirituales, sería muy largo hablarte ahora de ello y sería para mí verdaderamente doloroso hablarlo habiendo visto cómo han tratado y están tratando al patriarca Luciani. Por lo que sé ni siquiera habrá este año un recuerdo público y solemne en su diócesis donde ha sido obispo y patriarca durante nueve años. Darte explicación de todo esto no es posible por carta».

Con fecha 19 de abril le envío copia del testamento espiritual de Pironio y la cinta de Pilar Bellosillo en la que relata su encuentro con el cardenal, cuando (en noviembre del 85) le entregó mi pliego sobre la muerte de Juan Pablo I.. El 29 de mayo Camilo me agradece el envío: «He querido conocer todo de Pironio. Conozco su vida, sus momentos felices y los muchos momentos prolongados en los que su corazón ha sufrido en la Iglesia de Roma. Pironio es una figura bellísima, una brillante persona rica de humanidad, ternura y amabilidad. Un hombre sincero, generoso, leal, un sacerdote rico en carismas, un obispo de gran doctrina que ha dado todo a su tierra y a su gente, y que ha dado toda su vida a la iglesia y a los hermanos», «la cinta de Pilar Bellosillo…me parece luminosa para conocer el gran corazón de Pironio».

En octubre del 99 me escribe lo siguiente: «Mi salud no es buena. Sufro depresiones que me turban y me roban la paz interior. Dónde buscar y reencontrar mis energías, no es fácil. No logro concentrarme. Le pido al Señor que me eche una mano. Recuérdame, querido Jesús, dame tu bendición». En enero de 2000 me envía lo que para mí son casi sus últimas palabras: «Querría hablarte de tantas cosas, pero no me encuentro bien. Gracias por haberme escrito Jesús, bendíceme».

En su última etapa, según me dijo su cuñada, Camilo “había cortado la comunicación”. Murió “como en un sueño” el 31 de julio de 2003. Amigo Camilo, me hubiera gustado al final hablar contigo. Ahora estás en otra dimensión, con el Señor Resucitado, con el Papa Luciani. Comprendo las dificultades que has pasado. Te recordamos. Tu nombre permanece como bendición. Has sido, eres -como le gustaba decir a Albino Luciani- «il postino di Dio», «el correo de Dios».



Jesús López Sáez

Madrid, septiembre 2011
 

SE PEDIRA CUENTA. Muerte y figura de Juan Pablo I​



sepediraCuando murió Albino Luciani, Papa Juan Pablo I – en 1978, al mes de su elección – quedaron sin verdadera respuesta interrogantes tan elementales como éstos: ¿De qué murió Juan Pablo I? ¿Cuál fue realmente su figura?
El problema sigue vivo, como herida cerrada en falso, y no se resuelve encubriendo o reprimiendo el asunto, sino intentando de corazón comprender. Datos, indicios y signos abundan por doquier. Y estaría justificada una investigación judicial en cualquier Estado de Derecho.
El conjunto de datos (hechos, indicios y signos) apunta a esta conclusión: muerte provocada, en el momento oportuno. Si la muerte de Juan Pablo I se produjo por causas naturales, entonces hay muchas cosas que resultan inexplicables. Sin embargo, si se produjo de forma provocada, entonces se entiende todo.
Ello no quiere decir que haya necesariamente eclesiásticos implicados en el asesinato. Organizaciones poderosas, como la logia Propaganda Dos, son capaces de penetrar incluso en cárceles de máxima seguridad.
Evidentemente, lo que está en juego es muy grave: ¿Dónde ha habido más negocios? ¿En el mercado vaticano o en el viejo templo denunciado por Jesús? ¿No son demasiadas las muertes que han acompañado a esos negocios? ¿Se le ha hurtado a la Iglesia y al mundo la causa de la muerte de Juan Pablo I? ¿Se ha distorsionado su figura?

Si no se responde adecuadamente a estos interrogantes, la nueva evangelizaci6n quedará desacreditada. Será una vieja comedia, desgraciada y estéril. La gente que espera la luz del Evangelio no está dispuesta a comulgar con piedras de molino.Según una encuesta realizada en Italia (Ya, 8-10-1987), el treinta por ciento de los italianos está convencido de que Juan Pablo I murió asesinado; o sea, más de quince millones de personas.
El problema es grave y delicado. Sin embargo, a cada generación se le pedirá cuenta de la sangre de sus profetas. Hay que poner la luz sobre el candelero. Aunque no parece probable que lo haga, Roma tiene la palabra.

(Ed. Orígenes, Madrid, 1990)
 

ALBINO LUCIANI. CASO ABIERTO Reedición española​

ALBINO LUCIANI. CASO ABIERTO

Reedición española


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Poco después de la edición italiana, sale la reedición española de mi libro “Albino Luciani. Caso abierto”. Lo publica la editorial Última Línea (Málaga). Con relación a la edición italiana, se añaden dos anexos: Autopsia a Juan Pablo I (aspectos médico-forenses) y Blanqueo en el Vaticano (lo que Juan Pablo I quería cortar). Este último anexo, que recoge la “telaraña” que el sucesor de Marcinkus fue tejiendo en los años noventa (Gianluigi Nuzzi), ya aparecía en la edición española anterior (Sepha, 2010). Veamos la presentación que hace ahora la editorial española.

El 29 de septiembre de 2018 se cumplieron 40 años de la muerte de Albino Luciani, papa Juan Pablo I. Este hecho, a sólo un mes de su elección, es uno de los grandes misterios del siglo XX. Interrogantes elementales quedaron sin verdadera respuesta: ¿de qué murió Albino Luciani?, ¿cuál fue realmente su figura? Tras su muerte ¿hubo cambio de rumbo en la Iglesia?, ¿el testigo tomado por Juan Pablo II se alejó de los planes de su predecesor? Cuarenta años después, el caso sigue abierto. El juicio no se ha hecho donde tenía que hacerse, en el Vaticano, pero el juicio está en la calle.

El papa gozaba de buena salud, según su médico personal. Había tomado decisiones importantes y arriesgadas. Había decidido terminar con los negocios vaticanos y enfrentarse, incluso “delante de todos”, a la masonería y a la mafia.

Un aspecto importante, que no se puede pasar por alto es que la figura de Juan Pablo I ha sido profundamente deformada. Se dijo que estaba enfermo, que murió aplastado por el peso del papado, que no estaba capacitado para ser papa. Tal distorsión es mantenida por quienes defienden la versión oficial: infarto agudo de miocardio; y, si esto no vale, embolia pulmonar; en cualquier caso, muerte natural. ¿Fue así, o le dieron una dosis letal por poner el dedo en la llaga? ¿Se le hizo la autopsia?

¿Cómo explicar el silencio de los papas que le sucedieron? Ya no está el papa Wojtyla. Está el papa Ratzinger, ahora emérito. Ratzinger fue durante más de dos décadas (1981-2005) el asesor teológico de Wojtyla, el prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, el que dirigió con mano férrea el rumbo conservador de la Iglesia. Hasta ahora el papa Francisco, renovador en muchos aspectos, no ha aclarado la muerte de Luciani. A las dudas de su muerte se añaden otras sobre el rumbo posterior de la Iglesia: ¿qué pasó con el Concilio?, ¿es un talento enterrado por miedo conservador?, ¿se enterró con Juan Pablo I el Concilio Vaticano II?

Esta reedición, revisada y actualizada, incluye un comentario al reciente libro “Papa Luciani. Crónica de una muerte” de Stefania Falasca, periodista y vicepostuladora del proceso de beatificación. Parece una apología curial. El caso Juan Pablo I no se resuelve con una crónica sino con una autopsia. Con este libro, el autor, en la inminencia de la beatificación, reclama la atención de la Santa Sede sobre la necesidad de reabrir el caso y aclarar definitivamente cómo murió el papa Luciani.

Hasta aquí la presentación de la editorial.

Cuarenta años después, la discusión sigue. En efecto, el caso no se resuelve con una crónica sino con una autopsia realizada con todas las garantías por especialistas de reconocido prestigio. Es cuestión de transparencia y, sobre todo, de justicia: autopsia a Juan Pablo I. Si ya se le hizo, lo que falta es decirlo. Como afirma la forense Luisa García Cohen, “una autopsia en toda regla se hace abriendo las tres cavidades: cráneo, tórax y abdomen”, pero también “existe la posibilidad de no abrir cavidades y sí realizar una resonancia magnética de todo el cuerpo”, “se trata de un estudio mucho más prolijo en detalles y características físicas de todo el conjunto de los restos mortales”. La resonancia magnética lo haría todo más fácil.

Jesús López Sáez

Septiembre de 2018
 

EL PAPA QUE MATARON. La trama oculta​

EL PAPA QUE MATARON
La trama oculta

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Habiendo publicado recientemente Albino Luciani. Caso abierto (2018), no pensaba publicar otro libro sobre Juan Pablo I. Sin embargo, ha habido dos novedades importantes, una oficial y otra mafiosa, que me han llevado a escribir de nuevo. En primer lugar, la publicación en Italia de la biografía oficial del proceso de beatificación, Albino Luciani. Giovanni Paolo I. La biografía presenta diversos aspectos que hay que comentar y diversas omisiones que hay que señalar. Además, presenta un dato ocultado durante cuarenta años: la denegación de la autopsia al cadáver del Papa, solicitada por el doctor que tenía que hacer el diagnóstico. En segundo lugar, la publicación en Estados Unidos del libro del gánster Anthony S. Luciano Raimondi When the Bullet hits the Bone, Cuando la bala golpea el hueso. Raimondi, que fue integrante de la mafia de los Colombo, confiesa en su libro haber participado en el asesinato de Juan Pablo I. Anuncia también una segunda parte que aún no ha aparecido.
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La biografía oficial del papa Luciani fue publicada en junio de 2018 en Belluno: “Es fruto de un largo y meticuloso trabajo de investigación, dirigido por la doctora Stefanía Falasca, vice-postuladora de la causa de canonización”, dice en la Introducción el cardenal Beniamino Stella, postulador de la causa. La biografía recoge íntegramente el volumen IV del proceso que trata de “la vida, virtudes y fama de santidad” del papa Juan Pablo I y “presenta de modo científico el entero trazado biográfico”, dice el cardenal1.
La obra tiene doce capítulos. Los ocho primeros corresponden a los años de Belluno y Vittorio Véneto, han sido escritos por Davide Fiocco, doctor en teología. Los dos capítulos siguientes corresponden al periodo de Venecia y han sido escritos por Mauro Velati, doctor en Historia religiosa. Los dos últimos capítulos corresponden al pontificado y a la muerte, han sido escritos por Fiocco y por Falasca. La biografía, que sale con 400 ejemplares numerados, está destinada “a los estudiosos de la memoria del papa Luciani”2. Evidentemente, son muchas las cosas que dice, algunas no se sabían3, otras se sabían y no se recogen. En febrero de 2019 terminé un estudio crítico sobre la biografía oficial, Biografía del papa Luciani, y se lo envié al cardenal Stella. En el estudio abordé diversos aspectos, prestando especial atención a lo que no se dice en la biografía oficial, indicando omisiones que me parecen significativas. De una forma especial, señalé los apuros del Dr. Renato Buzzonetti a la hora de hacer el diagnóstico y el certificado de muerte del papa Luciani. Eso sí, se agradece que la biografía oficial recoja las condiciones anómalas por las que pasó el doctor: se le negó la posibilidad de hacer la autopsia al cadáver del Papa. Sin embargo, sorprende que no haga la más mínima crítica al respecto, incluso que lo presente de forma confusa.
Con fecha 18 de marzo de 2019, el cardenal Beniamino Stella, postulador de la causa de Juan Pablo I, me agradeció el envío: “Muchas gracias por el valioso tiempo y considerable dedicación empleados en el estudio de la biografía oficial del Venerable Siervo de Dios, el Papa Juan Pablo I”, “con viva gratitud recibo el fascículo adjunto a su deferente misiva, al cual daré una atenta consideración”.
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Llevando muchos años investigando sobre la extraña muerte de Juan Pablo I y habiendo tenido por ello algunos problemas eclesiales, recibí con gran sorpresa la publicación del libro del gánster Anthony Raimondi. Obviamente, la noticia dio la vuelta al mundo. En la prensa americana, The New York Post, escribe el periodista Brad Hamilton: “El gánster de los Colombo Anthony Raimondi afirma que él estuvo presente en 1978 cuando compañeros conspiradores mataron al Papa John Paul I con cianuro, porque el pontífice amenazaba revelar un fraude financiero realizado en el Banco Vaticano”, “él ayudó a matar al papa, para que sus amigos pudieran evitar el infierno”, “esta es la impactante declaración del gánster de los Colombo Anthony Raimondi, que dice que, en 1978, él fue a Italia con un grupo de sus hombres que liquidaron a Juan Pablo I. Ellos presuntamente le envenenaron con cianuro a los 33 días de pontificado, según el nuevo libro de Raimondi”.
Dice también el periodista Hamilton: “Raimondi, sobrino del legendario padrino Lucky Luciano, afirma que él fue reclutado para el asesinato a la edad de 28 años por su primo el cardenal Paul Marcinkus, que dirigía el Banco Vaticano. El trabajo de Raimondi fue aprender los hábitos del papa y estar a mano para observar cómo Marcinkus noqueaba a Juan Pablo I poniendo Valium en su nocturna taza de té”, “yo estaba en el vestíbulo del alojamiento papal cuando el té fue servido”, escribe él añadiendo que la pastilla hizo su efecto tan bien que su víctima no hubiera podido moverse “incluso si hubiera habido un terremoto”, “yo había hecho muchas cosas en mi tiempo, pero no quise estar allí en la habitación cuando ellos mataban al papa. Sabía que eso me sacaba un billete de ida al infierno”. Raimondi afirma que “él permaneció fuera de la habitación, mientras su primo preparaba la dosis de cianuro”, “él lo midió en el gotero, puso el gotero en la boca del papa y apretó”, “cuando hizo esto, él cerró la puerta detrás de él y se marchó”45.
Según Raimondi, el motivo por el que atentaron contra el pontífice tuvo que ver con un fraude multimillonario en el que Marcinkus estaba implicado como director del Banco Vaticano. Por medio del Banco Vaticano se habían vendido certificados falsos de acciones de grandes compañías estadounidenses como IBM, Sunoco o Coca-Cola a compradores ingenuos por valor de USD 1.000 millones. Cuando Juan Pablo I asumió su cargo, prometió destapar este caso de corrupción expulsando a todos los implicados que habría sido “la mitad de los cardenales y obispos del Vaticano”, dijo Raimondi6.
El vaticanista Francesco Antonio Grana escribe en Il Fatto Quotidiano: “El Papa Luciani envenenado con cianuro por Marcinkus, el relato del sobrino del boss Lucky Luciano en un libro de memorias”, “han pasado 41 años de la muerte del Papa Luciani. Sin embargo, no se ha puesto aún la palabra final a ese largo y oscuro misterio, alimentado por continuas revelaciones. La última, seguramente a valorar con todas las debidas precauciones del caso”, “el hombre revela que el arzobispo, su primo, lo hizo ir a Roma para eliminar al pontífice. Una versión rechazada totalmente por el Vaticano”7.
Por su parte, el periodista César Cervera escribe en el diario ABC un artículo en el que dice: “La misteriosa muerte del Papa Juan Pablo I: ¿fue envenenado por un sobrino del mafioso Lucky Luciano?”. A los interrogantes abiertos sobre una muerte que marcó 1978, el año de los tres papas, pretende responder con su libro un gánster llamado Anthony Raimondi, quien dice que “en 1978, fue a Italia con un equipo de sicarios a envenenar al Santo Padre con cianuro”8.
En la amplia entrevista que le hace Jordan Harbinger, Raimondi se queja de lo que escribe el periodista Brad Hamilton: “El tipo de The Post escribió un artículo extenso, pero puso que yo fui a cargarme al papa”, “lo cambió, ya sabes a qué me refiero, lo cambió para decir que fui allí con un escuadrón para matar al papa. No, yo no fui allí con un escuadrón para matar al papa”, “todos entendieron el quid de la cuestión. Ahora la gente me mira como si hubiera matado al maldito papa”.
Raimondi nació en Brooklyn el 12 de octubre de 1953, es hijo de Frank y de Mary: “Mis padres y mis abuelos emigraron a Estados Unidos desde Sicilia cuando mi mamá y mi papá eran jóvenes, y mis abuelos mantuvieron algunas tradiciones vivas de la familia”. Es sobrino del mafioso Lucky Luciano: “Mi tío, Lucky Luciano”, dice. Además, es primo del cardenal Raimondi: “Mi primo Luigi Raimondi fue prefecto de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos hasta su muerte el 24 de Junio de 1975”, a los 62 años. También es familiar del arzobispo Marcinkus: “Él fue uno de los primos de mi abuela paterna, y fue el jefe del Banco Vaticano”9.
En la dedicatoria del libro leemos: “Este libro está dedicado a mi madre y a mi padre, Mary y Frank Raimondi”, “Para mi madre –no dejé el camino que querías que dejara, pero ahora estoy intentando hacerlo mejor”, “Y una dedicatoria muy especial para mi primo Hugh McIntosh y para Meyer Lansky, los hombres que me enseñaron a ser un verdadero gánster y qué es un verdadero gánster”. El libro termina con estas palabras: “Arrepentimiento y tristeza”10.
El autor, que ahora lucha contra el cáncer y vive en Brooklyn, dice que decidió dejar esa vida y contar su historia porque “ya no necesito esto”, “todos los viejos fueron a prisión o murieron o fueron a protección de testigos”11.
He hablado de dos novedades importantes, pero no son las únicas. Por ejemplo, el caso Moreno Luciani, sobrino del cardenal, desaparecido “trágica y misteriosamente” el viernes 2 de mayo de 1975. Es la primera vez que se aborda este tremendo enigma relacionado con el misterio del Papa desaparecido. Con fecha 22-8-2018 me escribe el director de la Librería del Santo (Padua), que había estado el día anterior en Canale d’Agordo visitando el museo del Papa Luciani y pudo hablar con su director, Loris Serafini, que fue “miembro y presidente de la Comisión Histórica de la fase diocesana del Proceso de Canonización del papa Juan Pablo I”. Sobre el caso Moreno Luciani, Loris dio al director de la editorial este dato significativo. Se dice que Albino Luciani había confiado a un pariente suyo una frase de este tipo: “Me la han querido hacer pagar”.
Es una novedad también el hecho, ocultado durante cuarenta años, que es presentado como la pastilla del mayordomo. El periodista italiano Antonio Preziosi recoge en su libro Indimenticabile el testimonio del mayordomo Angelo Gugel, según el cual Luciani “en la cena había comido poquísimo y él mismo le llevó una pastilla antes de que se acostara”12. Sorprende que el mayordomo le diera una pastilla, cuando le correspondía hacerlo a sor Vincenza, que era enfermera. Sorprende también que este mayordomo sustituyera a primeros de septiembre a los hermanos Gusso, que fueron despedidos por el secretario irlandés del Papa, John Magee, “amigo de Marcinkus”, el presidente del Banco Vaticano.
Ya hemos indicado otro hecho ocultado durante cuarenta años: la denegación de la autopsia al doctor que había de hacer el diagnóstico. Según escribe el Dr. Renato Buzzonetti (9-10-1978) “en forma del todo reservada”, dando cuenta al Sustituto de la Secretaría de Estado Giuseppe Caprio, “antes de escribir el diagnóstico de muerte, al que escribe le fue autoritariamente excluida la práctica posibilidad de pedir la autopsia por parte del abogado Trocchi”. El abogado Vittorio Trocchi era el Secretario General del Governatorato del Vaticano13. En esas condiciones (anómalas) el doctor formuló el certificado de muerte que habla de “muerte imprevista de infarto agudo de miocardio” y que se dio a conocer diez años después.
En el título que lleva esta obra, salgo al encuentro de lo que mucha gente dice cuando se habla del papa Juan Pablo I: “Ah, sí, el papa que mataron”. No pongo el nombre del papa, pongo la foto del cadáver. En el subtítulo, La trama oculta, se plantea la cuestión de si, además de la mano asesina, hubo cómplices, colaboradores necesarios, conscientes o no de su papel.
Abordamos diversos aspectos de la extraña muerte de Juan Pablo I, confrontando los nuevos datos con los que tenemos por otras fuentes: algunos antecedentes, cuestiones forenses, el hallazgo del cadáver, lo que el Papa tenía en la mano, el embalsamamiento, el testimonio sobre la autopsia, el testimonio del Dr. Da Ros (médico personal del Papa), el supuesto dolor en el pecho, el coágulo en el ojo, los datos de la fuente veneciana (omitidos por la biografía oficial), un diagnóstico sin fundamento (con autoritaria denegación de la autopsia), la pastilla del mayordomo, la distorsión de imagen del Papa desaparecido, la figura enigmática de Marcinkus, la lista de papas asesinados, la entrevista enviada al gánster con el silencio por respuesta y unas conclusiones: ¿Es de recibo la posición oficial?, ¿lo es la confesión del gánster?, ¿quién fue el autor intelectual del asesinato del papa Luciani?, ¿quién fue el autor material?, ¿hubo encubrimiento oficial?, ¿hubo trama oculta?​
Jesús López Sáez
Octubre 2021​
1 S. FALASCA-D. FIOCCO-M. VELATI, Albino Luciani. Giovanni Paolo I. Biografia “ex documentis”. Dagli atti del processo canonico, Tipi Edizioni, Belluno, 2018, 7.
2 Íbidem, 9.
3 Giovanni Luciani se había casado por primera vez con Rosa Angela Fiocco (1877-1906), de la que tuvo un hijo y dos hijas. Rosa murió de tuberculosis con sólo 29 años. Dice el papa Luciani: “Mi madre, que trabajaba en el asilo de los santos Juan y Pablo, me contaba cosas bellísimas de aquella ciudad. Mis padres se conocieron en Venecia” (C. BASSOTTO, Il mio cuore è ancora a Venezia, Tip. Adriatica, Musile di Piave / Venezia, 1990, 164). Bortola es católica practicante. Giovanni es socialista. Del matrimonio nacen Albino, Federico (1915-1916), Eduardo y Antonia. Bortola acoge a las niñas Amalia y Pía (Biografía, 30-36).
4The New York Post, 19-10-2019.​
5 Puede verse también la entrevista “Confessions of a Mafia Hitman with Anthony S. Luciano Raimondi” en The Jordan Harbinger Show, Ep. 425.
6 Íbidem.
7Il Fatto Quotidiano, 21-10-2019.
8ABC, 4-11-2019.
9 RAIMONDI, A., When the Bullet hits the Bone, Page Publishing, New York, 2019, 8 y 85.
10 Íbidem, 208.
11The New York Post, 19-10-2019.
12 PREZIOSI, A., Indimenticabile, Rai Libri-Cantagalli, Roma-Siena, 2019, 34.
13 Biografía, 829, 845. FALASCA, 130, 197.
00CitarNombrar
 
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