A ver. Que hay mujeres muy delgadas y están en su peso y estupendas. Y otras de formas más rotundas y que también están en su peso y estupendas. Lo malo es cuando, para querer parecerse al ideal que marcan, las mujeres tienen que matarse de hambre. Ahí está el problema.
En la entrevista:
Una de las justificaciones que se enarbola cuando se critica a las modelos no normativas es que se relacione la talla con la salud. "Puede haber personas con una talla 46 sanísimas y personas con una 36 enfermas, y viceversa. Tampoco se trata de un enfrentamiento de 'gordas contra delgadas', sino de entender que todos los cuerpos son diferentes y que tienen formas, tamaños y colores diversos, que no hay un modelo único". De hecho, Bree siempre ha tenido una salud de acero, por decirlo así: deportista desde pequeña, se ha mantenido activa y ha luchado contra la vida sedentaria. "He hecho surf toda mi vida, también he practicado waterpolo y baloncesto (era muy alta) y otros deportes, además de nadar. Siempre he estado fuerte y gruesa, muy sana. Simplemente es que mi cuerpo es diferente: nunca podría ser como las modelos normales, no importa lo poco que coma".
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Sin embargo Bree tampoco encajaba en ninguna categoría cuando empezó: era demasiado delgada para ser de "tallas grandes" y demasiado grande para ser "modelo regular". "Entré en esa brecha en la que no era lo suficientemente pequeña para ser modelo tradicional ni lo suficientemente grande para ser curvy: nos llaman las in-betweenies. Fue justo un periodo transicional y tuve que romper muchas reglas". Lo más curioso es que ahora ha conseguido realizar campañas para firmas de moda "normales", porque empieza a haber una conciencia de que debe haber mayor amplitud de tallas. "Es una ayuda para la gente, porque ven que una modelo es una persona más, no una superheroína".
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Sin embargo, no deja de reconocer que hubo épocas en las que sí que trató de ser alguien que no era. "Por supuesto que he maltratado mi cuerpo por querer ser delgada y por entender que así iba a ser aceptada, pero fue una fase breve en la adolescencia. He aprendido que lo que me hace única es eso, poder decir: así soy yo, genuinamente así, este es mi cuerpo. Eso no significa que no haya llorado al ponerme un traje de baño o al ver una foto mía, o al ir de compras y ver que yo necesitaba una 42 cuando mis amigas tenían una 36. Pero aprendí a quererme tal y como era y cuando maduré dejó de ser una preocupación para mí: de hecho ahora es mi trabajo, ser quien soy".
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Gran parte de la "guerra" de las tallas se ha librado en el campo del léxico, algo en lo que Bree no está de acuerdo. "Tan sólo modificar el nombre no hará que cambie nada, la lucha no está ahí. Tenemos que hablar de muchas cosas que están mal antes de pedir que nos dejen de llamar 'tallas grandes' o curvies. Ojalá no hubiera que especificar que una modelo es curvy, simplemente que es modelo: cuando esto pase, habremos alcanzado la diversidad real". Para Bree, como para otras chicas en su encrucijada, el verdadero cambio llegará cuando haya variedad de tallas en la pasarela, porque "esta reivindicación no es una moda pasajera".