El mío nació con bajo peso pero recuperó muy bien, eso sí a los dos meses de repente empezó a quedarse con hambre, no se saciaba nunca, ni teniéndolo enganchado todo el día. Por las noches era una pesadilla, ni él ni yo dormimos. Durante dos semanas, toda la noche me la pasaba con él en la teta llorando, se ponía hasta morado y me daba puñetazos en el pecho. Me sentí una madre fracasada porque además estaba harta y cuando lo escuchaba llamar temblaba, llegó un momento en que ni siquiera me apetecía cogerlo, y sentía que si me pasaba al biberón le estaba fallando a mi cachorrillo. Así aguanté sin dormir y pensando que mi hijo tenía mal carácter y me había tocado un niño gruñón, casi pierdo la salud. Desesperada fui a consultar al centro de salud y la enfermera que me atendió me tachó de egoísta y poco sacrificada por pensar en dejar la lactancia, que es súper importante por el vínculo que crea. Y mira, me revolvió tanto que de ahí fui a la farmacia a por un biberón porque el niño estaba pasándolo mal y yo me quería tirar por la ventana, desde ese día ambos dormimos y te puedo asegurar que el vínculo está ahí a día de hoy y es precioso. Con esto no te digo que la lactancia sea algo malo, al contrario, a mí los dos primeros meses me fue genial y era precioso además de los beneficios que tiene. Pero sí que a veces pensamos que todo es como nos lo han pintado y puede que te ocurra eso, o que no se enganche bien, o tengas problemas de mastitis, o simplemente te vengas abajo porque eres humana. Si te ocurre no te culpes, no vas a ser peor madre y tu hijo te necesita al cien por cien, mientras tú estés bien él lo estará.