Si no es capaz de cuidar de sí misma o de permanecer a solas en su casa, y a su propia hija siendo tan bebé y habiendo estado tan mal la lleva a arrastrones de avión en avión porque ella necesita esto, ella necesita lo otro, ella, ella y ella, a quién va a cuidar?
Es de las que presume en redes de amor de pareja, amor de madre, padre, hija, pero a la hora de la verdad los hechos hablan de otra cosa muy distinta.
Y en esto, para mi, Merchi tiene mucha responsabilidad, porque parece que crió al monstruo de la hijita única que todo lo vale y todo merece.
Que sí, que es humana y todos cometemos errores pero ese es el resultado de criar niños dorados y en el pecado lleva la penitencia, porque ella sabrá lo que está sufriendo con esta hija y sus decisiones de mierda.
Porque cuando la niña se forraba de pasta y andaba encadenando un novio tras otro, no se veía tanto el problema pero ahora es que salta a la vista de cualquiera el toque narcisista que se gasta y lo peligroso y nefasto que resulta para sí misma y para los demás.
Aun así me compadezco de esa madre, porque Anabel ha sabido arrimarse al sol que más calienta pero a la hora de la verdad quién se come los marrones es Merchi, que con una hija de 40 años y “madre de familia”, ve hipotecada su vida de pareja, su vida, a puertas de la jubilación. Menuda rémora.
Parece que su tía la mandó a la mierda cuando se enteró que la había estado engañando y no contó la verdad ni al médico teniéndola no sé cuántos días desviviéndose por “lo que había sucedido a la niña, espontáneamente”. Bah.
Y ahí la tenemos haciendo el paria en redes sociales con cientos de seguidores haciéndole la pelota y alimentando al kracken de su ego, que es de lo que se alimenta además de las toneladas de acedías y croquetas.