Trabajar en el ámbito socioeducativo a veces es muy duro. Sufrir agresiones en algunos casos es el pan de cada día y sin ningún tipo de apoyo ni seguridad. Esa muchacha trabajaba por vocación, le gustaba trabajar con jóvenes vulnerables, muchas veces no se hace por dinero como he leído...
Pero siento que no ha fallecido solo a manos de delincuentes juveniles y ahora asesinos, sino también por un sistema nefasto y cada vez más repugnante carente de recursos y que no mira por el bienestar ni de los chicos ni de los trabajadores. Es vergonzoso y se podría haber evitado. Lástima de familia que han perdido una hija, una hermana, una mujer y una madre...