Yo no veo a ningún hijo feliz en el Morocco. F tiene cara de haba constante, molesta, cabreada. M tiene peor cara que en Bélgica (que ya es decir), se le ve deprimido y escondiéndose usualmente de salir en cámara (aparte de que ha engordado en el tiempo que lleva en el Maroc). K está como ida y “fuera de lugar”. Y la pequeña que poco se enteraba en Bélgica, allí igual, a ver qué pesca. El noble es el que parece estar “algo mejor”, como “aliviado”. Toña no hace más que autoconvencerse de su decisión, pero va soltando perlas: la policía corrupta, el tráfico espantoso, los chanchullos por todas partes, la cantidad de aprovechados que se le acercan (ej con lo del accidente y las ofertas de repente de mecánicos), la necesidad de regatear constantemente para no ser timada, la necesidad de guardar la cámara y hablar darija solamente para conseguir mejores precios al comprar, el calor y lo incómodo que es todo, tienen hasta rozaduras de caminar (allí tienen que andar con cero forma física que tiene toda la familia, no es ir de puerta a puerta en coche como antes hacían para todo)…
Mal futuro, nula integración. Tendrán que volverse y la culpa esta vez será de los hijos que no se adaptaron, no de ella y sus decisiones como madre sobre ellos…