Daniel Sancho condenado a cadena perpetua por el asesinato premeditado del Dr. Edwin Arrieta en Tailandia

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Preguntados por este extremo, nos aseguran que la explicación "es muy sencilla" y es que "se han enviado solicitudes de mensajes con amenazas" y todo eso tiene que estar documentado, en el sentido de que cualquier página personal que recibe ese tipo de comentarios guarde un historial de comentarios ofensivos o que puedan atentar contra el dueño de la misma.
O sea, a ver de dónde sacamos pasta.
 
Ya cada vez que escriba alguna cosa voy a añadir "y a los arrieta más"
Es imposible comentar nada, "a los arrieta más"
Es que según mi punto de vista, a un asesino descuartizador, nada. Nada de nada. Y a un padre chulo, menos.
A la víctima, lo que haya provisto la sentencia.
Que nada de lo que dicte la sentencia les devolverá a sus seres queridos.
En Tailandia, en España o donde sea.
 
Por qué lo preguntas, pri?
Por el cartel de 'Receta para un asesinato'. Los dibujitos de la ilustración son jeroglíficos que definen a la víctima y al asesino. A chucky le han puesto una raqueta, una sartén, una gorra, un cóctel, un bañador y un cuchillo. A Edwin, un fonendoscopio, un birrete de graduación, una Virgen, un vino con un sacacorchos, un bisturí, unas pinzas de cirugía y un perrito con un comedero.

Yo creo que si lo han puesto es porque ese perrito era importante para el doc. Otro damnificado que nunca volvió a ver a Edwin :sorry: Espero que algún amigo o algún familiar lo haya adoptado...

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Daniel Sancho y el misterio del hombre que habla con él: el Pastor mediador que mueve dinero, acusaciones y esperanzas.


El lago Michigan se congela en invierno. El hielo cubre la superficie y los botes quedan varados en la orilla como animales dormidos. En Skokie, al norte de Chicago, hay un hombre que dice hablar con Dios. También dice hablar con Daniel Sancho. Su nombre es Iván Velasco. Se presenta como psicoterapeuta, pastor presbiteriano y hombre de fe. Pero la fe no es una prueba, y en este asunto lo que falta son pruebas.

Iván Velasco nació en Perú hace 58 años y terminó en Estados Unidos, donde el frío del lago debe de haberle enseñado algo sobre la resistencia y la paciencia. Ahora, su nombre resuena en un caso que huele a podredumbre desde el principio. Un asesinato brutal en Tailandia. Un juicio mediático. Un circo sin domador. Y en medio de todo eso, este hombre.

En la sala del Tribunal Penal de Koh Samui, el juez no quiso saber nada de él. No le dejó entrar, no le permitió hablar. Lo que Velasco tenía que decir era demasiado turbio, incluso para un caso donde la mugre ya había llegado hasta el cuello. Acusaciones de ped*filia, trata de blancas, extorsión. Barbaridades: Edwin Arrieta convertido en un monstruo sin pruebas, sin documentos, sin más que la palabra de un hombre que no estuvo allí.

Pero las palabras, cuando se lanzan al aire, no desaparecen. Se quedan flotando como el eco de un disparo en el bosque. En Colombia y en Estados Unidos tomaron nota. Investigan si detrás de sus declaraciones hay algo más que aire caliente. En España, sin embargo, nadie quiso tocar el tema. Quizás porque no hay tema. Quizás porque la mentira, repetida suficiente veces, solo es eso: una mentira.

El Nuevo Confidente

Velasco encontró su camino hacia la familia Sancho como el agua encuentra la grieta en la roca. No se sabe bien cómo comenzó la relación, pero cuando el juicio ya era un espectáculo de sombras y rumores, él estaba allí. Cercano a Rodolfo Sancho, compartiendo reuniones en Tailandia, viajando por el sudeste asiático. De pronto, su presencia era constante. Un hombre nuevo en un caso viejo.

El 29 de agosto, cuando la sentencia cayó como un hachazo, los reporteros en Koh Samui notaron una escena que se repetía: Rodolfo Sancho, sus abogados y el pastor presbiteriano en corros de conversación. García Montes ya había salido huyendo del antiguo reino de Siam. Quedaban los que todavía tenían algo que ganar o que perder.

Velasco no solo hablaba. También mediaba. Su nombre apareció en la negociación de la deuda que Alice Tassanapaporn exigía a la familia Sancho. En septiembre de 2023, la cifra era de 160.000 euros. Nadie sabe bien por qué este supuesto hombre de Dios se interesó en esa transacción. Tampoco se sabe si su motivación era espiritual o financiera.

Lo que sí se sabe es que es una de las escasas personas que tienen acceso a Daniel Sancho en prisión. Videollamadas, contacto directo. Solo Velasco, su padre y Marcos García Montes pueden hablar con él a través de esa vía. En la prisión de Surat Thani, donde las paredes sudan en el calor y la rutina es una condena en sí misma, esas llamadas pueden ser la única ventana al exterior.

Las visitas en persona, sin embargo, son aún más restringidas. Alice, la abogada tailandesa, sigue siendo su contacto principal. También el periodista Ramón Abarca, un rostro que sigue apareciendo en el caso sin que nadie entienda del todo por qué.

¿Pastor o Mercenario?

En Skokie, junto al lago helado, algunos conocidos de Velasco dicen que está ofreciendo terapia a Daniel Sancho a distancia. Que lo ayuda, que lo escucha. Otros cuentan una versión distinta: que intenta convencerlo de que el dinero puede ser su pasaporte a la libertad. Que si paga lo que le piden, la cárcel podría abrir sus puertas.


Y luego está la posibilidad más oscura: que el pastor también esté cobrando. Laura Rodríguez, una youtuber que sigue el caso de cerca, sugirió que Velasco ha recibido dinero de Rodolfo Sancho y sus abogados. No hay pruebas. Solo el rumor, la sospecha, la sombra alargada de un hombre que aparece donde hay algo que ganar.

El caso Sancho lleva meses estancado en una especie de pantano legal. La apelación no llega. La defensa sigue pidiendo aplazamientos, como si el tiempo fuera a cambiar el destino de Daniel Sancho. Mientras tanto, sus padres han dejado de viajar a Tailandia. El hijo sigue en prisión. Y las visitas que recibe ya no son las de su familia, sino las de personajes que han aparecido en la historia sin invitación previa.

La Abogada y la Llave de la Celda

Alice Tassanapaporn ha sido un nombre constante en el proceso. La abogada que conoce el sistema tailandés mejor que nadie. La que ha estado al lado de Daniel Sancho desde el principio. Y ahora, de repente, ha dejado de visitarlo.

Dicen que es una estrategia. Que está presionando a Rodolfo Sancho y a sus abogados. Que ella es la única que puede hacer que la vida en la prisión de Surat Thani sea menos dura. Que tiene la llave para que su cliente no se hunda en el olvido.

Mientras tanto, Daniel Sancho sigue esperando. El calor, la rutina, la incertidumbre. La sensación de que cada día es igual al anterior. La condena pesa sobre sus hombros y el tiempo avanza como un animal lento y pesado.

El Final de la Partida

Iván Velasco sigue ahí. Un hombre que predica la fe y mueve dinero. Un pastor que dice escuchar a Dios y también a los abogados. Un personaje que entró en la historia de forma discreta y ahora está en el centro de la escena.

Quizás en Chicago, cuando el lago se congele de nuevo, tendrá tiempo para pensar en lo que ha hecho. En las palabras que lanzó al aire. En las promesas que hizo. En las mentiras –si es que lo fueron– que convirtió en verdades momentáneas.

El caso Sancho sigue su curso. Un crimen en Tailandia. Un juicio caótico. Un grupo de personas que orbitan alrededor de la tragedia, buscando su propia ventaja.

Y en medio de todo, el pastor presbiteriano. Hablando con Daniel Sancho a través de una pantalla. Esperando algo. Quizás dinero. Quizás redención. Quizás simplemente más tiempo en el centro de una historia que, como todas las historias, tarde o temprano llegará a su fin.

 

Daniel Sancho y el misterio del hombre que habla con él: el Pastor mediador que mueve dinero, acusaciones y esperanzas.


El lago Michigan se congela en invierno. El hielo cubre la superficie y los botes quedan varados en la orilla como animales dormidos. En Skokie, al norte de Chicago, hay un hombre que dice hablar con Dios. También dice hablar con Daniel Sancho. Su nombre es Iván Velasco. Se presenta como psicoterapeuta, pastor presbiteriano y hombre de fe. Pero la fe no es una prueba, y en este asunto lo que falta son pruebas.

Iván Velasco nació en Perú hace 58 años y terminó en Estados Unidos, donde el frío del lago debe de haberle enseñado algo sobre la resistencia y la paciencia. Ahora, su nombre resuena en un caso que huele a podredumbre desde el principio. Un asesinato brutal en Tailandia. Un juicio mediático. Un circo sin domador. Y en medio de todo eso, este hombre.

En la sala del Tribunal Penal de Koh Samui, el juez no quiso saber nada de él. No le dejó entrar, no le permitió hablar. Lo que Velasco tenía que decir era demasiado turbio, incluso para un caso donde la mugre ya había llegado hasta el cuello. Acusaciones de ped*filia, trata de blancas, extorsión. Barbaridades: Edwin Arrieta convertido en un monstruo sin pruebas, sin documentos, sin más que la palabra de un hombre que no estuvo allí.

Pero las palabras, cuando se lanzan al aire, no desaparecen. Se quedan flotando como el eco de un disparo en el bosque. En Colombia y en Estados Unidos tomaron nota. Investigan si detrás de sus declaraciones hay algo más que aire caliente. En España, sin embargo, nadie quiso tocar el tema. Quizás porque no hay tema. Quizás porque la mentira, repetida suficiente veces, solo es eso: una mentira.

El Nuevo Confidente

Velasco encontró su camino hacia la familia Sancho como el agua encuentra la grieta en la roca. No se sabe bien cómo comenzó la relación, pero cuando el juicio ya era un espectáculo de sombras y rumores, él estaba allí. Cercano a Rodolfo Sancho, compartiendo reuniones en Tailandia, viajando por el sudeste asiático. De pronto, su presencia era constante. Un hombre nuevo en un caso viejo.

El 29 de agosto, cuando la sentencia cayó como un hachazo, los reporteros en Koh Samui notaron una escena que se repetía: Rodolfo Sancho, sus abogados y el pastor presbiteriano en corros de conversación. García Montes ya había salido huyendo del antiguo reino de Siam. Quedaban los que todavía tenían algo que ganar o que perder.

Velasco no solo hablaba. También mediaba. Su nombre apareció en la negociación de la deuda que Alice Tassanapaporn exigía a la familia Sancho. En septiembre de 2023, la cifra era de 160.000 euros. Nadie sabe bien por qué este supuesto hombre de Dios se interesó en esa transacción. Tampoco se sabe si su motivación era espiritual o financiera.

Lo que sí se sabe es que es una de las escasas personas que tienen acceso a Daniel Sancho en prisión. Videollamadas, contacto directo. Solo Velasco, su padre y Marcos García Montes pueden hablar con él a través de esa vía. En la prisión de Surat Thani, donde las paredes sudan en el calor y la rutina es una condena en sí misma, esas llamadas pueden ser la única ventana al exterior.

Las visitas en persona, sin embargo, son aún más restringidas. Alice, la abogada tailandesa, sigue siendo su contacto principal. También el periodista Ramón Abarca, un rostro que sigue apareciendo en el caso sin que nadie entienda del todo por qué.

¿Pastor o Mercenario?

En Skokie, junto al lago helado, algunos conocidos de Velasco dicen que está ofreciendo terapia a Daniel Sancho a distancia. Que lo ayuda, que lo escucha. Otros cuentan una versión distinta: que intenta convencerlo de que el dinero puede ser su pasaporte a la libertad. Que si paga lo que le piden, la cárcel podría abrir sus puertas.


Y luego está la posibilidad más oscura: que el pastor también esté cobrando. Laura Rodríguez, una youtuber que sigue el caso de cerca, sugirió que Velasco ha recibido dinero de Rodolfo Sancho y sus abogados. No hay pruebas. Solo el rumor, la sospecha, la sombra alargada de un hombre que aparece donde hay algo que ganar.

El caso Sancho lleva meses estancado en una especie de pantano legal. La apelación no llega. La defensa sigue pidiendo aplazamientos, como si el tiempo fuera a cambiar el destino de Daniel Sancho. Mientras tanto, sus padres han dejado de viajar a Tailandia. El hijo sigue en prisión. Y las visitas que recibe ya no son las de su familia, sino las de personajes que han aparecido en la historia sin invitación previa.

La Abogada y la Llave de la Celda

Alice Tassanapaporn ha sido un nombre constante en el proceso. La abogada que conoce el sistema tailandés mejor que nadie. La que ha estado al lado de Daniel Sancho desde el principio. Y ahora, de repente, ha dejado de visitarlo.

Dicen que es una estrategia. Que está presionando a Rodolfo Sancho y a sus abogados. Que ella es la única que puede hacer que la vida en la prisión de Surat Thani sea menos dura. Que tiene la llave para que su cliente no se hunda en el olvido.

Mientras tanto, Daniel Sancho sigue esperando. El calor, la rutina, la incertidumbre. La sensación de que cada día es igual al anterior. La condena pesa sobre sus hombros y el tiempo avanza como un animal lento y pesado.

El Final de la Partida

Iván Velasco sigue ahí. Un hombre que predica la fe y mueve dinero. Un pastor que dice escuchar a Dios y también a los abogados. Un personaje que entró en la historia de forma discreta y ahora está en el centro de la escena.

Quizás en Chicago, cuando el lago se congele de nuevo, tendrá tiempo para pensar en lo que ha hecho. En las palabras que lanzó al aire. En las promesas que hizo. En las mentiras –si es que lo fueron– que convirtió en verdades momentáneas.

El caso Sancho sigue su curso. Un crimen en Tailandia. Un juicio caótico. Un grupo de personas que orbitan alrededor de la tragedia, buscando su propia ventaja.

Y en medio de todo, el pastor presbiteriano. Hablando con Daniel Sancho a través de una pantalla. Esperando algo. Quizás dinero. Quizás redención. Quizás simplemente más tiempo en el centro de una historia que, como todas las historias, tarde o temprano llegará a su fin.

Vamos, que el tal Velasco, tiene más pinta de aprovechategui que de pastor.
Creo que voy a esperar a la siguiente temporada porque está es de un rollo soporífero.
 
Por el cartel de 'Receta para un asesinato'. Los dibujitos de la ilustración son jeroglíficos que definen a la víctima y al asesino. A chucky le han puesto una raqueta, una sartén, una gorra, un cóctel, un bañador y un cuchillo. A Edwin, un fonendoscopio, un birrete de graduación, una Virgen, un vino con un sacacorchos, un bisturí, unas pinzas de cirugía y un perrito con un comedero.

Yo creo que si lo han puesto es porque ese perrito era importante para el doc. Otro damnificado que nunca volvió a ver a Edwin :sorry: Espero que algún amigo o algún familiar lo haya adoptado...

Ver el archivo adjunto 3934552
Supongo que lo tendrá la familia. ¿esta bien ese documental? lo has visto? lo recomiendas?
 

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