Es verdad, la anestesia, la supervivencia.
Yo no sé lo que es perder a un hijo, lo he vivido desde el punto de madre ajena, con la mía, mi madre, mi tía, o con mi abuela.
A veces pienso que estamos sentenciadas en mi familia a repetir esta cosa de perder a nuestros hijos, una y otra vez, hasta que aprendamos de qué va esto llamado vivir o experimentar la vida.
Y me cago de susto, claro, tengo tres hijos.
Mi abuela Tere perdió a su único varón con 29 años, de leucemia.
Corrían finales de los 70. Lo recuerdo vívidamente aunque apenas tenía 10 años.
Y no entiendes nada. Cómo un hombretón de 1.90 se puede morir en 13 meses?
Y se murió.
Además fué terrorífico desde el punto de vista logístico. Mi tito vivía en Madrid y los últimos 7 meses (7 meses!) los pasó ingresado en el 12 de Octubre.
Recuerdo a mi madre (a punto de dar a luz a mi hermana pequeña), a mis tíos, a mis abuelos, en la renfe todos los fines de semana.
Somos granadinos.
A veces la muerte no te da ni la paz de poder atender a los tuyos por distancia.
Después, a los pocos meses, le tocó a mi Tita, una de mis mas idolatradas titas (sigue viva a los 89), perder a su hijo, mi primo, por un accidente.
Y lo que es la vida. Le habían robado la moto, en Torremolinos, y mi tío removió Roma con Santiago para recuperarla. Recuperar la moto para que él se matara 12 días después, en ella.
Y salieron adelante, no sé cómo. Mi tía aún no ha vuelto a ver una foto de su hijo, y ya ha llovido, eh?
No quiso, y no pudo. Y bien que hizo en ser sí misma.
Soportó las críticas de mi propia familia, la primera mi madre. "Ay que ver la tía, que parece que no se le ha muerto nadie", "qué poca vergüenza", " se pone la tele y se entretiene, cómo es posible", "esa no sabe lo que es querer", "parece una perra"...
Y después le tocó a mi madre, y a mí, a nosotros, en el 2005. La sentencia familiar nos arrebató a mi hermano pequeño, con 33 años.
No me jodas. No es edad de morirse, parece, verdad?
Mi madre cumplió su tantas veces poderada idea del dolor, y lo lloró muchísimo. Se prohibieron las Navidades, nos fulminaba con la mirada si demostrábamos alguna gana de vivir.
Es más, en el anatómico forense (mi hermano muere de muerte súbita, mal llamada muerte del futbolista) se me aferró a los brazos furiosa, y por primera vez en su vida dijo una verdad no políticamente correcta: "por qué él, por qué, por qué no tú, si ya tenía tres hijas y él era mi único HIJO".
Y entonces me acordé de mi abuela, de mi tía, de mis propios hijos, y de cómo me habían dado la lección de mi vida.
Todas ellas.
Sobrevivir por los que quedan, y amarlos.
Así hizo mi abuela, y así hizo mi tía con sus novelas televisivas.
Y comprendí la lección.
O creces por ti misma, te conoces como nadie, o te arrastrará esta porquería del y yo más y mejor que tú.
Y lo peor, "pues yo no te entiendo".
De verdad cuando estás roto te sirve de algo eso del "yo no te entiendo"? Me quieres bien o me quieres rematar? Quien eres tú para entenderme o no?
Quiéreme, acurrúcame.
Suficiente.
Joder, ahórratelo, piénsalo si quieres, pero no me lo vengas a decir, no me des la puntilla, cabrón!
Ya me contaréis de qué sirve el que juzguen tu sentir. Lo que decía antes.
A tí te duele, hijo mío? Lo mío te duele? Puedes comprender algo?
Pues agradeciendo tu buenísima intención de rectificar mi pena, mi alma, mi hacer y mi vida, que te vayan dando...
Y vuelvo al tema de lo mío, del egoísmo yoyoyoísta de mi madre, y de cómo nos convirtió en mierda por ser ella superior a todos.
Yo sabía perfectamente cómo sentía ella porque así se empeñó en hacerlo saber, y os prometo que casi me rompía más ella que nadie, que mí misma.
No es difícil comprender que yo soy madre tambien.
Pero mi madre jamás se preocupó de mí, ni idea tenía de mi dolor. Ni del de nadie, incluído mi padre, quien por cierto nos obligó a comer y beber en el velatorio.
Ese hombre, que no era ni hombre ya.
Su hijo en el frigorífico a 20 metros.
Y nos tomamos una copa, porque él, mi padre, lo quiso. Agradecido al hijo que la providencia le dió, y amándonos a todos. Infinitamente.
Siempre será mejor haberte tenido, amado y perdido que no haberte conocido nunca, no?
Esa era la mentalidad de mi padre.
Pero jamás volvió a ser él mismo.
Pero así es la vida.
No me di importancia a mi misma, porque una madre es más, verdad? Pobrecita mi madre.
Lo peor de todo esto, que la gente, el público de lo que pasa a los demás, mide el dolor con sus particulares registros. Todos basados en su experiencia de las cosas, que con suerte será poca.
Y la visión pública de ese dolor es la que vale.
Eso es lo que cuenta.
Yo, como la prima que escribía más arriba, nunca hice alarde del dolor de la pérdida de mi "media mitáh", de mi hermanito pequeño, al que se supone tenía que proteger hasta de la p*ta muerte, mi confidente, mi hermano, mi amigo, mi amor...
Tenía tres hijos pequeños bastante acogotados ya.
Y un marido (el que murió del mismo tumor que el marido de Paz) avisándome y amenazándome con que no permitiría dramas en esa su casa, la nuestra. Que si me sentía destrozada por la muerte de mi hermano era cosa mía, que él también lo estaba pasando fatal, que era su cuñado maravilloso, y que no incrementaba la angustia de nadie.
No es flipante?
Tampoco hizo falta que me lo dijera. Ya tenía yo bien claro que antes de hacer sufrir a mis hijos me eutanasiaba la vida misma. A mordiscos si hacía falta.
Mis hijos no sufrieron innecesariamente por esto, creo que hice bien.
Y yo, 15 años después, aún no me encuentro, no me sé, no soporto esta idea de la ausencia del amor de mi hermano para conmigo.
Pero me jodo. Cuando lo recuerdo con objetividad me descojono, porque era muy gracioso, muy valiente, muy sensible, muy de todo!
Otros días no puedo con la cosa.
Por eso aprendo de la Padilla, y de cualquiera.
Si me aporta, y para que eso ocurra tengo que trabajar la ausencia de prejuícios, me ayuda,
Mi madre ha muerto en enero, de este año. Y paz le dí, y deseé.
La misma que dejó, que no es poca.
Qué no hubiera dado yo por una madre Paz Padilla, o una esposa (marido) Paz Padilla.
Todo.