Un discurso arrollador
Vance deja una cosa clara en Múnich: los EEUU de Trump vienen a por Europa (y su primer objetivo es Alemania)
El vicepresidente JD Vance esquivó el tema Ucrania en la Conferencia de Seguridad de Múnich y sacudió la campaña electoral alemana con una cruzada ideológica
JD Vance en la Conferencia de Seguridad de Múnich. (Reuters/Leah Mills)
Por
Mónica Redondo. Berlín Alicia Alamillos. Kiev
15/02/2025 - 05:00
Este viernes, a 1.300 kilómetros de Múnich,
un dron ruso impactaba contra el sarcófago de Chernóbil; la estructura de toneladas de hormigón y acero que contiene los materiales radiactivos
del peor desastre nuclear europeo. Los ucranianos apuntaron un punto más a su larga lista de argumentos que presentar este viernes en una de las
citas más importantes de la seguridad europea, a las vísperas de lo que parece un rápido proceso de inicio de negociaciones Estados Unidos-Rusia: el
chantaje nuclear.
Y, sin embargo, cuando el vicepresidente de Donald Trump,
JD Vance, tomó el escenario de la primera jornada de la
Conferencia de Seguridad de Múnich, tanto las delegaciones diplomáticas europeas como las ucranianas
se quedaron lívidas. En su discurso, el adlátere del presidente estadounidense, considerado seguramente su heredero en las semillas del trumpismo,
no mencionó a Ucrania en absoluto.
En su lugar,
se despachó a gusto sobre los países europeos, cuya mayor amenaza "no es Rusia, sino la
sofocación de la libertad de expresión por parte de los burócratas de Bruselas". En sus palabras se leyó un programa de
cambio de régimen en toda Europa, con Alemania y
el partido ultraderechista AfD como primera parada.
"Hay un nuevo sheriff en la ciudad", declaró sobre Trump.
Los alemanes podrían haber llamado a ese momento
Katastrophe. Una palabra que no necesita traducción, pero que resonó entre los estupefactos europeos presentes en el Hotel Bayerischer Hof de Múnich. Quizá pensaban que iban a tener que discutir
cómo colocar a Europa en la mesa de unas negociaciones sobre la paz en Ucrania, a la que no han sido invitados, o defenderse de
nuevas amenazas sobre el gasto militar. La delegación ucraniana, con Volodímir Zelenski en cabeza, llevaba en la mano un
borrador de un acuerdo de explotación de sus recursos de tierras raras, un último esfuerzo para hablar el idioma de Trump y
convencerlo de que puede salir ganando si se coloca del lado de los intereses de Kiev. En su lugar, el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, tuvo que salir a declarar que el discurso de Vance, en el que, con la retórica trumpista más acelerada, comparaba a las democracias europeas con autocracias,
era "inaceptable".
Mientras los europeos buscaban
encajar una nueva cooperación de seguridad con Estados Unidos, que
echó por tierra 80 años de atlantismo en su llamada de apenas 90 minutos con Vladímir Putin, Vance les aleccionaba sobre que deberían abrazar el crecimiento de políticas
antiestablishment,
detener la "inmigración masiva" y acabar con las políticas
woke.
Un discurso que promete
inflamar las crecientes divisiones entre EEUU y Europa, que encaja con la política interna estadounidense de la nueva Administración Trump, inmersa en toda una
contrarrevolución conservadora, pero que también podría haber firmado cualquier asesor de Vladímir Putin. "Lo que me preocupa es la amenaza que viene desde dentro,
el retroceso de Europa respecto de algunos de sus valores más fundamentales", declaró Vance. Apuntó específicamente a la anulación de la primera ronda de las elecciones de diciembre en Rumanía, ordenada por el máximo tribunal del país tras las pruebas de una campaña masiva de
injerencia rusa, y desestimó las preocupaciones sobre la desinformación como "feas palabras de la era soviética".
También criticó una serie de respuestas europeas, que calificó como
"opresivas", desde el arresto en Reino Unido de un hombre por rezar cerca de una clínica de abortos hasta la condena por parte de Suecia de un activista antiislámico por
quemar ejemplares del Corán en público.
Inmerso en su campaña, el vicepresidente estadounidense
no hizo ninguna mención específica al partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), que se mantiene como segunda fuerza en las encuestas a poco más de una semana de la celebración de elecciones en el país, pero era fácil leer entre líneas. "
No hay lugar para cortafuegos", aseguró. El cortafuegos o
Brandmauer es el compromiso que todavía mantienen los partidos alemanes de no pactar con la formación extremista que lidera
Alice Weidel.
La arenga de Vance contra el
cortafuegos tiene como objetivo al partido democristiano
(CDU) capitaneado por Friedrich Merz, que, aunque ha rechazado que vaya a formar una
coalición con la extrema derecha si no obtiene la mayoría en el Parlamento alemán para gobernar en solitario, sí que aceptó los votos de la formación de Weidel para intentar aprobar una medida que endurecía las políticas migratorias.
Aunque se centró en Alemania, por el calendario electoral, pero también quizá por las obsesiones concretas de parte de la Administración Trump con el país germano, el mensaje fue por un cambio de gobiernos hacia las
fuerzas "antiestablishment", populistas y ultraconservadoras en toda Europa. "Para nosotros, al otro lado del Atlántico, nos parece que hay viejos intereses protegidos que se esconden tras palabras de
la era soviética como desinformación y a los que simplemente no les gusta la idea de que
alguien pueda expresar un punto de vista alternativo o que vote diferente; o todavía peor, que pueda ganar unas elecciones".
El Gobierno alemán calificó las palabras del vicepresidente de EEUU como una "intervención unilateral en la campaña electoral".
Alice Weidel, que ya
recibió con gusto el apoyo de Elon Musk, celebró. Los analistas alemanes que han seguido de cerca la trayectoria de AfD opinan que declaraciones como las de Vance
pueden reforzar electoralmente a la formación en pleno debate sobre un
endurecimiento de las leyes migratorias, una de las grandes obsesiones políticas del presidente Trump. "La AfD intenta
mantener el tema en la agenda pública. Intenta seguir ocupando el tema y afirmar tener las mejores propuestas de conceptos de limitación de la migración. Utiliza el tema como un 'puente' hacia el centro conservador", apunta Joachim Trebbe, politólogo de la Freie Universität Berlin y experto en la instrumentalización de la inmigración en los medios.
A nivel europeo,
el punto de quiebre parece inevitable. Boris Pistorius fue el que respondió de forma más severa. Dijo, delante de los
líderes reunidos en Múnich, que
venía con un discurso preparado sobre la seguridad en Europa, pero que no podía ignorar lo que había oído en boca del JD Vance. "No puedo ignorar lo que he oído. Esta democracia ha sido cuestionada por el vicepresidente de EEUU (...).
No es aceptable", aseveró.
Kaja Kallas fue la encargada de decir lo que muchos otros estaban pensando.
"Parece que quieren iniciar una pelea con nosotros". Esa pelea, que algunos analistas ya
han descrito como una batalla cultural, se une la imposición de aranceles a la UE, anunciados este pasado jueves como respuesta al IVA.
Su propia agenda
La
Conferencia de Seguridad de Múnich ha sido tradicionalmente
un lugar de encuentro entre aliados para compartir experiencias y estrechar lazos atlantistas. Excepto cuando no lo fue, como las continuadas presiones
de la anterior administración Trump para que los países de la OTAN aumentaran su gasto en Defensa, o
aquella infame cita de 2007, todavía recordada por los diplomáticos europeos, en la que
Vladímir Putin adelantó lo que finalmente pasaría en 2022-2025. En esta ocasión, Vance ha asegurado que los aliados europeos planeaban informarle de cómo aumentarían sus compromisos para la defensa, pero volvió a su carril, asegurando que
la seguridad solo se lograría abordando los "desafíos sociales" a los que presuntamente se enfrenta Europa.
"¿Cuál es la visión positiva que anima este pacto de seguridad compartido, que todos creemos que es tan importante? (...) Creo profundamente que no hay seguridad
si tienes miedo de las voces, las opiniones y la conciencia que guían a tu propio pueblo", afirmó.
Vance sí que se reunió con Volodímir Zelenski, apenas 40 minutos que no parecieron dar ningún fruto. El borrador del acuerdo económico para la explotación de las tierras raras
a cambio de ayuda estadounidense quedó sin firmar y tampoco cerró ningún nuevo detalle sobre el inminente inicio de
las negociaciones con Vladímir Putin. Zelenski, que desde el pasado octubre ha modulado mucho su discurso para
hablar la lengua de Trump, insistió en que Ucrania sí busca la paz, que
está dispuesto a una negociación, pero que solo tras
unas "garantías de seguridad reales" y que está "listo" para reunirse con Putin
solo cuando haya un "plan claro" acordado tanto con Estados Unidos como la Unión Europea.