BARCOS: historia y actualidad (a vapor, turísticos, de pasajeros, de carga, de guerra, deportivos)

José María Zubía

José María Zubía Cigarán, conocido con el sobrenombre de Mari o Aita Mari (Zumaia, Guipúzcoa, 18 de marzo de 1809 - San Sebastián, 9 de enero de 1866). Fue un marino y pescador que se convirtió en un héroe popular en el País Vasco por los salvamentos marítimos que realizó. Tras su muerte se convirtió en un símbolo de los pescadores vascos y especialmente de aquellos puertos con los que estuvo más relacionado: San Sebastián y Zumaia.

Biografía

Busto de "Aita Mari" en San Sebastián
José María Zubía nació en la localidad costera guipuzcoana de Zumaiaen una modesta familia de pescadores. Desde pequeño se dedicó a faenar en la mar. En su juventud, hacia 1830 se enroló en un mercante que comerciaba con América, lo que le permitió ganar algo de dinero. Hacia 1850 con el dinero que había ahorrado compró una lancha de pescadores y se estableció como patrón de pesca de bajura en el puerto de San Sebastián. Por aquel entonces la pesca de bajura se realizaba en pequeñas embarcaciones a vela y remos conocidas como chalupas.

Fue en el desempeño de su trabajo como patrón donde comenzó a hacerse famoso en San Sebastián y la Costa Vasca por la ayuda que prestaba desinteresadamente a otros compañeros en situaciones difíciles durante las tormentas que sorprendían en la mar a los pescadores. Su lancha siempre estaba dispuesta para prestar pronto y eficaz auxilio al extraviado y al náufrago. Se hizo especialmente famoso por el rescate que comandó el 22 de julio de 1861 cuando una tremenda galerna se levantó súbitamente en la costa guipuzcoana. Desde la ciudad se vio como una lancha había naufragado y 4 de sus tripulantes se debatían entre la vida y la muerte. Sin embargo, las enormes olas hacían que nadie se atreviera a salir a socorrerlos. Entonces Zubía formó un bote con nueve voluntarios y se lanzó al rescate de los marineros de la lancha San José. El bote patroneado por Aita Mari logró rescatar a los 3 tripulantes del barco que lograron aguantar hasta que llegó el rescate. Por este acto Aita Mari y sus compañeros obtuvieron la Gran Cruz de la Beneficencia de la Marina.

El 9 de enero de 1866 se desató otra terrible y súbita tormenta y Zubía partió del puerto de San Sebastián en su barco para rescatar a unos pescadores de una chalupa de Getaria que trataba de entrar en la Bahía de la Concha. Cuando había logrado poner a salvo en su bote a todos los náufragos, un golpe de mar le arrastró y desapareció para siempre. La muerte de Zubía ocurrió ante numerosa gente que presenciaba el rescate desde la costa. Ese día fallecieron 38 pescadores por la tormenta.

Recuerdo

Las hazañas de Aita Mari y su trágica muerte dejaron una gran conmoción en San Sebastián y en la costa guipuzcoana. Los donostiarras erigieron un busto en el muelle del puerto pesquero donostiarra en honor del pescador para perpetuar su memoria. Este busto fue obra del escultor mallorquín Matheu.

En él se podía leer el siguiente texto escrito en dialecto guipuzcoano del euskera.

MARI AITA MARI! AMAIKA BIZI OSATU ZUK ITXASOARI! ITXASOAK BAÑA, BERE AMORRUETAN ZERORI ORDAÑA. MARI! GURE MARI!
Traducción:

¡MARI, PADRE MARI! ¡ROBÓ USTED INFINIDAD DE VIDAS A LA MAR! LA MAR, SIN EMBARGO, EN SU RABIA A USTED MISMO COMO PAGO ¡MARI! ¡NUESTRO MARI!
En 1900, el busto se sustituyó por un monumento de mayores dimensiones, que es el que hoy en día se puede ver en el puerto donostiarra.

Unos versos escritos también en dialecto guipuzcoano del euskera se pueden leer al pie de dicho monumento:


Monumento en homenaje a Aita Mari que se encuentra en el muelle de San Sebastián.
¡MARI!

URIKALDUAK SALBATU NAYAZ EMAN ZENDUBEN BIZIYA,
TA GAUR DAUKAZU, GOITALCHATUAZ OBIZ ITSASO AUNDIYA:
¡LO EGIN ZAZU BAGA ZOÑUAZ.... O GIZON MAITAGARRIYA!
ONRATURIKAN ZURE GLORIYAZ DONOSTI ETA KANTAURIYA.

Traducción

¡MARI!

DIO USTED SU VIDA QUERIENDO SALVAR A LOS NÁUFRAGOS,
Y HOY TIENE, ENSALZADO, COMO SU TUMBA EL GRAN MAR :
DUERMA CON EL SONIDO DE LAS OLAS PROFUNDAS...OH, HOMBRE ADORABLE :
HONRADAS CON SU GLORIA SAN SEBASTIÁN Y EL CANTÁBRICO

El antiguo busto fue donado a un sobrino de Aita Mari, que a su vez se lo donó al municipio de Zumaia. El ayuntamiento colocó el busto ese mismo año en un chaflán del edificio de las escuelas de Zumaia, donde hoy en día todavía puede verse.

El ayuntamiento de San Sebastián le dedicó adicionalmente en 1917 una calle cercana al puerto, la antigua Kaiaurreko Kalea o Calle frente al muelle, que fue rebautizada como Calle de Mari. Varios negocios ubicados en el entorno del puerto donostiarra llevan como nombre Aita Mari, en recuerdo del marino.

En su localidad natal, Zumaia, su nombre sigue estando también muy presente. Una calle del casco viejo fue llamada Calle de Mari. También una barriada moderna fue bautizada como Aita Mari en su honor. El campo de fútbol de Zumaia, situado junto a dicha barrio es conocido también como Aita Mari. El cine del pueblo se llama Aita Mari y el club de remo local, fundado en 1975, Aita Mari Arraun Elkartea (Club de Remo Aita Mari).

Lleva también el nombre "Aita Mari" un barco de rescate humanitario de la ONG Salvamento Marítimo Humanitario que pretende operar en el Mediterráneo.
 
En Enero es el aniversario, este año se han cumplido 153 de su fallecimiento. Murio en Getaria al intentar rescatar a otros marineros

Jose Maria Zubia
 
Creación infográfica de la batalla de Trafalgar (1805). Se trata de una aproximación al histórico combate naval, realizada con motivo del bicentenario del episodio bélico, que es parte de la memoria colectiva de los países contendientes.

 
GRANDES NAUFRAGIOS.-
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El Costa Concordia

Este crucero era uno de los más grandes del mundo: con 290 metros de largo, 61 de alto y 114.500 toneladas de peso, albergaba 1.500 camarotes y llevaba a más de 4.200 pasajeros en el momento de su naufragio.

El 13 de enero de 2012, el crucero naufragó en las costas italianas tras una arriesgada maniobra en la que el barco se acercó demasiado a la isla de Giglio, colisionando con las rocas y abriendo una enorme brecha de 70 metros de longitud en el casco de la nave.

En este accidente murieron 32 personas y muchas otras resultaron heridas. Tras la evacuación, el capitán del Costa Concordia, Francesco Schettino, fue detenido y juzgado, junto con otros oficiales del barco.

Un hecho llamativo es que esta tragedia coincidió con el centenario del hundimiento del Titanic.


 
Las Barqueras en Pasajes.

La bahía inesperada
Una visita a Pasajes, en Guipúzcoa, de la mano de Victor Hugo

5 NOV 2005
Coladas que imitan el arco iris, una barquera llamada Pepa y cangrejos que interpretan las mil danzas; sorpresas que encandilaron al escritor francés en este pueblo marinero guipuzcoano.


Lo que más empujó a Victor Hugo a llegar hasta aquí fue precisamente que le recomendaran no venir. "Si es un agujero, un desierto, un país de salvajes", le dijeron sus hospederos en la vecina San Sebastián. Pero el escritor, como buen romántico, se lanzó a la visita y halló "un pequeño edén resplandeciente que sería admirado si estuviera en Suiza y célebre si estuviera en Italia". El relato de su imprudencia lo recogió en su libro Pirineos. Allí, Pasajes (Pasaia) recibe 33 páginas; San Sebastián, siete.

"Sólo habrá pan enmohecido, aceite rancio y vino de pellejo de chivo", le advertían en la capital. Nada de eso. Victor Hugo narra un almuerzo de hasta siete platos; entre ellos, ostras recién arrancadas de la bahía. Hoy, la oferta gastronómica sigue fuerte: sólo en Pasai Donibane hay ocho restaurantes. "No hay techo en las casas, ni puerta en las habitaciones, ni colchón en las camas". Falso, también. Victor Hugo lo rebate con frases elementales: "Tengo una habitación, y esta habitación tiene una puerta". Consiguió habitación y también puerta en una casa que alberga hoy un museo sobre su figura. También consiguió colchón, y desde allí logró además dar con una de las mejores descripciones de paisajes desde ventanas que tanto le gustaba coleccionar. Escribió simplemente: "Desde mi cama veo el mar y la montaña". Este milagro doméstico todavía ocurre, y lo extraordinario no es que mar y montaña consigan juntarse tras un mismo cristal, sino que todo ello se contemple sin necesidad de asomarse, esto es, desde una posición más bien horizontal, la que emplea el hombre cuando dicen que sueña.


Además del paladar y la vista, Victor Hugo recreó por estos parajes el ensueño. Tres elementos le bastaron para elevar su imaginación: la calle, la arenisca y Pepa. La originalidad de la calle que junta la montaña con el mar sigue hoy palpable con su hilera de casas de doble cara: "Palacios hacia la montaña, chabolas hacia la bahía". Victor Hugo no se cansó de recorrerla durante las mañanas de la semana que pasó en este pueblo en agosto de 1843. Por las tardes se dedicaba al monte, o lo que es lo mismo, a la arenisca, esa piedra tan despreciada por los geólogos, pero que él veía como "la más caprichosa en el drama del paisaje". Hoy, la gente se devana por identificar en las figuras de las crestas a los "enanos con pico de pájaro" o al "ermitaño con cogulla" que dijo ver el escritor. El "águila inmensa" está localizada. Sobre la playa de Kalaburtza.

Pasando la bahía a remo

Más difícil es dar con Pepa, la bella barquera que enamoró al escritor, una de las 50 bateleras que se rifaban a los viajeros para pasar la bahía a remo y que hoy se hace en la motora de los hermanos Berrotaran. Orson Welles también cruzó la bahía varios otoños para comer y estar un rato tranquilo leyendo, él solo, en el restaurante Casa Cámara. Se puede llegar por mar, pero también a pie. Victor Hugo llegó andando por el monte desde San Sebastián con el azar como sherpa.Hoy basta con seguir las marcas de la ruta jacobea. Nada más entrar en la bahía, no habrá Pepa pero sí romanticismo: al autor de Los miserables le hubiera encantado ver que alguien ha marcado el malecón con esta pintada: "Zona de reflexión de Íñigo y Javi".

https://elpais.com/diario/2005/11/05/viajero/1131228499_850215.html

Perdon @franfei coincidimos al subir justo a la vez
 
Las Barqueras en Pasajes.

La bahía inesperada
Una visita a Pasajes, en Guipúzcoa, de la mano de Victor Hugo

5 NOV 2005
Coladas que imitan el arco iris, una barquera llamada Pepa y cangrejos que interpretan las mil danzas; sorpresas que encandilaron al escritor francés en este pueblo marinero guipuzcoano.


Lo que más empujó a Victor Hugo a llegar hasta aquí fue precisamente que le recomendaran no venir. "Si es un agujero, un desierto, un país de salvajes", le dijeron sus hospederos en la vecina San Sebastián. Pero el escritor, como buen romántico, se lanzó a la visita y halló "un pequeño edén resplandeciente que sería admirado si estuviera en Suiza y célebre si estuviera en Italia". El relato de su imprudencia lo recogió en su libro Pirineos. Allí, Pasajes (Pasaia) recibe 33 páginas; San Sebastián, siete.

"Sólo habrá pan enmohecido, aceite rancio y vino de pellejo de chivo", le advertían en la capital. Nada de eso. Victor Hugo narra un almuerzo de hasta siete platos; entre ellos, ostras recién arrancadas de la bahía. Hoy, la oferta gastronómica sigue fuerte: sólo en Pasai Donibane hay ocho restaurantes. "No hay techo en las casas, ni puerta en las habitaciones, ni colchón en las camas". Falso, también. Victor Hugo lo rebate con frases elementales: "Tengo una habitación, y esta habitación tiene una puerta". Consiguió habitación y también puerta en una casa que alberga hoy un museo sobre su figura. También consiguió colchón, y desde allí logró además dar con una de las mejores descripciones de paisajes desde ventanas que tanto le gustaba coleccionar. Escribió simplemente: "Desde mi cama veo el mar y la montaña". Este milagro doméstico todavía ocurre, y lo extraordinario no es que mar y montaña consigan juntarse tras un mismo cristal, sino que todo ello se contemple sin necesidad de asomarse, esto es, desde una posición más bien horizontal, la que emplea el hombre cuando dicen que sueña.


Además del paladar y la vista, Victor Hugo recreó por estos parajes el ensueño. Tres elementos le bastaron para elevar su imaginación: la calle, la arenisca y Pepa. La originalidad de la calle que junta la montaña con el mar sigue hoy palpable con su hilera de casas de doble cara: "Palacios hacia la montaña, chabolas hacia la bahía". Victor Hugo no se cansó de recorrerla durante las mañanas de la semana que pasó en este pueblo en agosto de 1843. Por las tardes se dedicaba al monte, o lo que es lo mismo, a la arenisca, esa piedra tan despreciada por los geólogos, pero que él veía como "la más caprichosa en el drama del paisaje". Hoy, la gente se devana por identificar en las figuras de las crestas a los "enanos con pico de pájaro" o al "ermitaño con cogulla" que dijo ver el escritor. El "águila inmensa" está localizada. Sobre la playa de Kalaburtza.

Pasando la bahía a remo

Más difícil es dar con Pepa, la bella barquera que enamoró al escritor, una de las 50 bateleras que se rifaban a los viajeros para pasar la bahía a remo y que hoy se hace en la motora de los hermanos Berrotaran. Orson Welles también cruzó la bahía varios otoños para comer y estar un rato tranquilo leyendo, él solo, en el restaurante Casa Cámara. Se puede llegar por mar, pero también a pie. Victor Hugo llegó andando por el monte desde San Sebastián con el azar como sherpa.Hoy basta con seguir las marcas de la ruta jacobea. Nada más entrar en la bahía, no habrá Pepa pero sí romanticismo: al autor de Los miserables le hubiera encantado ver que alguien ha marcado el malecón con esta pintada: "Zona de reflexión de Íñigo y Javi".

https://elpais.com/diario/2005/11/05/viajero/1131228499_850215.html

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Valioso aporte, disculpada quedas Amiga.Saludos cordiales.-
 
Descubren en Alabama el último barco de esclavos que llegó a Estados Unidos
La goleta "Clotilda" transportó a prisioneros africanos a Estados Unidos en 1860, más de 50 años después de que se declarara ilegal la importación de esclavos. Jueves, 23 Mayo
Por Joel K. Bourne, Jr.
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Un mural del Clotilda adorna un dique de hormigón en Africatown, una comunidad cerca de Mobile fundada por africanos transportados ilegalmente a Alabama a bordo del barco negrero. Algunos de sus descendientes aún viven en el barrio.
FOTO POR ELIAS WILLIAMS, NATIONAL GEOGRAPHIC
Nota: Este artículo se ha editado el 24 de mayo de 2019.

La goleta Clotilda —el último barco conocido que trajo africanos esclavizados a las orillas de Estados Unidos— se ha descubierto en una sección remota del río Mobile, en Alabama, tras una intensa búsqueda de un año llevada a cabo por arqueólogos marinos.

«Los descendientes de los supervivientes del Clotilda han soñado con este descubrimiento durante generaciones», afirma Lisa Demetropoulos Jones, directora ejecutiva de la Comisión Histórica de Alabama (AHC, por sus siglas en inglés) y jefa estatal de preservación histórica. «Nos complace anunciar que su sueño por fin se ha hecho realidad».

Los prisioneros que llegaron a bordo del Clotilda fueron los últimos de los aproximadamente 389.000 africanos esclavizados y transportados a los Estados Unidos continentales entre principios del siglo XVII y el año 1860. Miles de barcos estuvieron implicados en este comercio trasatlántico, pero se han descubierto pocos naufragios de esclavos.

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Ciento nueve prisioneros africanos sobrevivieron al brutal tránsito de seis semanas entre África occidental y Alabama en la hacinada bodega del Clotilda. La goleta, construida originalmente para el transporte de cargamento, no de personas, tenía un diseño y dimensiones únicas, lo que ayudó a los arqueólogos a identificar la nave.
FOTO POR JASON TREAT Y KELSEY NOWAKOWSKI, NG STAFF. ARTE: THOM TENERY
«El descubrimiento del Clotilda aporta información nueva sobre un capítulo perdido de la historia estadounidense», afirma Fredrik Hiebert, arqueólogo residente de la National Geographic Society, que apoyó la búsqueda. «Este hallazgo también es una parte fundamental de la historia de Africatown, que fue construida por los resilientes descendientes del último barco de esclavos de Estados Unidos».

Según Sylviane Diouf, célebre historiadora de la diáspora africana, los raros testimonios de primera mano de los esclavistas y sus víctimas son una ventana única al comercio de esclavos por el Atlántico.

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Los arqueólogos marinos recuperaron clavos, puntas y tornillos utilizados para asegurar las vigas y el entablado del barco. Dichas sujeciones, hechas de hierro forjado a mano, eran habituales en las goletas construidas en Mobile a mediados del siglo XIX.
FOTO POR MARK THIESSEN, NATIONAL GEOGRAPHIC
«Es la historia mejor documentada de un viaje de esclavos en el hemisferio occidental», afirma Diouf, cuyo libro de 2007, Dreams of Africa in Alabama, relata la historia del Clotilda. «Se hicieron dibujos de los prisioneros, se los interrogó e incluso se los grabó», dice refiriéndose a los que vivieron hasta el siglo XX. «La persona que organizó el viaje habló de ello. El capitán de la nave escribió sobre ello. Así que tenemos la historia desde varias perspectivas. Nunca he visto nada así en ninguna otra parte».

Empezó por una apuesta
La historia del Clotilda comenzó cuando Timothy Meaher, un rico terrateniente y constructor naval de Mobile, supuestamente apostó mil dólares con varios empresarios del norte a que podía contrabandear un cargamento de africanos hasta la bahía de Mobile ante las narices de las autoridades federales.

La importación de esclavos a Estados Unidos se había declarado ilegal en 1808 y los propietarios de plantaciones del sur habían visto cómo se disparaban los precios del comercio de esclavos doméstico. Muchos, entre ellos Meaher, defendían la reapertura del comercio.

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Los arqueólogos marinos recuperaron clavos, puntas y tornillos utilizados para asegurar las vigas y el entablado del barco. Dichas sujeciones, hechas de hierro forjado a mano, eran habituales en las goletas construidas en Mobile a mediados del siglo XIX.
FOTO POR MARK THIESSEN, NATIONAL GEOGRAPHIC
Meaher fletó una elegante y veloz goleta llamada Clotilda y contrató a su constructor, el capitán William Foster, para que lo llevara hasta el conocido puerto de esclavos de Ouidah, en el actual Benín, para comprar prisioneros. Foster partió de África occidental con 110 hombres, mujeres y niños hacinados en la bodega de la goleta. Supuestamente, una niña falleció durante la brutal travesía de seis semanas. El cargamento humano, comprado con oro por valor de 9.000 dólares, valía más de 20 veces esa cantidad en la Alabama de 1860.

Tras trasladar a los prisioneros a una embarcación fluvial propiedad del hermano de Meaher, Foster quemó el barco negrero hasta la línea de flotación para ocultar el delito. El Clotilda guardó sus secretos durante décadas, aunque algunos negacionistas sostenían que el ignominioso incidente jamás ocurrió.

Tras el fin de la guerra de Secesión y la abolición de la esclavitud, los africanos ansiaban regresar a su hogar en el África occidental. Sin los medios necesarios para hacerlo, consiguieron comprar pequeñas parcelas de tierra al norte de Mobile, donde formaron una comunidad propia y muy unida que acabaría denominándose Africatown. Allí se labraron sus propias vidas, pero nunca perdieron su identidad africana. Muchos de sus descendientes aún viven allí hoy en día y crecieron escuchando las historias del famoso barco que trajo a sus ancestros a Alabama.

«Si encuentran pruebas de ese barco, será enorme», predijo a principios de este año la descendiente Lorna Woods. «Todo lo que nos contó mamá quedará validado. Nos haría mucho bien».

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VER GALERÍA
Mary Elliott, comisaria del Museo Nacional Smithsonian de Historia y Cultura Afroamericana, está de acuerdo.

«Hay muchos ejemplos hoy en día —los disturbios raciales de Tulsa de 1921, esta historia, incluso el Holocausto— de acontecimientos que muchas personas niegan que ocurrieron. Ahora, gracias a la arqueología, la investigación de archivos, la ciencia combinada con la memoria colectiva de la comunidad, no pueden refutarse. Ahora están conectados con sus ancestros de forma tangible, saben que esta historia es real».

La caza de la historia perdida
Durante años, se ha intentado localizar los restos del Clotilda en diversas ocasiones, pero el delta de Mobile-Tensaw está plagado de lodazales, brazos muertos y pantanos, así como cientos de naufragios de más de tres siglos de actividad marítima. Entonces, en enero de 2018, el periodista local Ben Reines informó de que había descubierto los restos de un gran barco de madera durante una marea anormalmente baja. La AHC, que es propietaria de todos los barcos abandonados de las aguas estatales de Alabama, llamó a la empresa arqueológica Search, Inc., para que investigara el pecio.


Un busto de Cudjo Lewis, uno de los últimos supervivientes del Clotilda que falleció, se encuentra a la entrada de la iglesia baptista Union Missionary, que ayudó a fundar.
FOTO POR ELIAS WILLIAMS, NATIONAL GEOGRAPHIC

El cementerio Old Plateau —también conocido como cementerio de Africatown— se convirtió en el lugar de descanso final de muchos supervivientes del Clotidla que fundaron la comunidad, Lewis incluido.
FOTO POR ELIAS WILLIAMS, NATIONAL GEOGRAPHIC
El navío en cuestión resultó ser otro barco, pero la falsa alarma centró la atención nacional en el barco negrero perdido. El incidente también hizo que la AHC financiase más investigaciones en colaboración con la National Geographic Society y Search, Inc.

Los investigadores peinaron cientos de fuentes originales de la época y analizaron los registros de más de 2.000 barcos que operaban en el golfo de México a finales de la década de 1850. Descubrieron que el Clotilda fue una de las cinco goletas construidas en el Golfo que se aseguraron entonces. Los documentos del registro aportaban descripciones detalladas de la goleta, como su construcción y sus dimensiones.

«El Clotilda era un barco atípico, hecho a medida», afirma el arqueólogo marítimo James Delgado, de Sarch, Inc. «Solo había una goleta construida en el Golfo de 26 metros de largo con una viga de siete metros y una bodega de 2,1 metros, y esa era la Clotilda».

La documentación también indicaba que la goleta se había construido con entablado de pino amarillo sobre armazones de roble blanco y se le colocó una orza de casi cuatro metros que podía subirse o bajarse según fuera necesario para acceder a puertos poco profundos.


El arqueólogo marítimo James Delgado explora una sección del río Mobile durante la búsqueda del lugar de descanso final del Clotilda.
FOTO POR ASHA STUART, NATIONAL GEOGRAPHIC
Basándose en la investigación de ubicaciones posibles, Delgado y la arqueóloga del estado de Alabama Stacye Hathorn se centraron en una franja del río Mobile que nunca había sido dragada. Con buzos y una amplia gama de dispositivos —un magnetómetro para detectar objetos metálicos, un sónar de barrido lateral para localizar estructuras sobre el lecho fluvial y un perfilador de fondo marino para detectar objetos enterrados bajo el sucio lecho fluvial— descubrieron una auténtica tumba de barcos hundidos.


La científica forense Frankie West examina muestras de madera de la bodega del barco con la esperanza de recuperar ADN a partir de la sangre o los fluidos corporales de los prisioneros.
FOTO POR MARK THIESSEN, NATIONAL GEOGRAPHIC

El ingeniero de National Geographic Arthur Clarke analizó un clavo del naufragio y determinó que era casi un 99 por ciento hierro puro, algo que concuerda con las sujeciones empleadas en la construcción naval en Alabama en la década de 1850.
FOTO POR MARK THIESSEN, NATIONAL GEOGRAPHIC
Descartaron la mayoría fácilmente: tamaño incorrecto, casco de metal, otro tipo de madera. Pero un navío etiquetado como Target 5 destacó entre los demás. «Coincidía con todo lo que se había registrado del Clotilda», afirma Delgado, como su diseño y dimensiones, el tipo de madera y metal empleados en su construcción, y las pruebas de que había ardido.

Las muestras de madera recuperadas del Target 5 son de roble blanco y pino amarillo de la costa del Golfo. Los arqueólogos también hallaron los restos de una orza del tamaño adecuado.

Las sujeciones de metal del casco están hechas de arrabio forjado a mano, el mismo tipo que se utilizó en el Clotilda. Y existen pruebas de que el casco se revistió originalmente con cobre, una práctica habitual en los navíos mercantes oceánicos de entonces.

Delgado explica que ninguna placa ni objetos inscritos identificaron el barco de forma concluyente, «pero tras analizar varias pruebas, se llega a un punto fuera de toda duda razonable».


El parque estatal Meaher lleva el nombre de la prominente familia de Mobile que donó propiedades ribereñas a la reserva. En 1860, el capitán Timothy Meaher apostó una gran suma a que podía importar esclavos africanos en el Clotilda sin que lo pillaran. Ganó la apuesta.
FOTO POR ELIAS WILLIAMS, NATIONAL GEOGRAPHIC
nationalgeographic.com.

https://www.nationalgeographic.es/h...ltimo-barco-que-llevo-esclavos-estados-unidos
 
A PROPOSITO DE LAS CARABELAS DE COLON, CONTINUARA.-

El pueblo indígena con el que se encontró Colón aún tiene descendientes vivos
Secuenciando el ADN de un diente de 1.000 años de antigüedad, los investigadores conseguido encontrar coincidencias genéticas entre las poblaciones vivas y antiguas del Caribe. Miércoles, 21 Febrero
Por Sarah Gibbens - National Geographic
Proceedings of the National Academy of Sciences, los investigadores afirman que el ADN de las poblaciones indígenas precolombinas todavía se encuentra en personas vivas.

«Demuestra que la historia real es de asimilación, sin duda, pero no de extinción total», afirma Jorge Estevez, del Museo Nacional del Indio Americano, en un comunicado. Para Estevez, que trabajó como asesor en el estudio, el resultado es personal. Respalda una idea que para su abuela siempre había sido cierta pero para cuya confirmación nunca habían existido pruebas científicas: la cultura de los taínos todavía está presente.

En investigaciones previas, Estevez había sugerido que, al tachar de «extinto» al pueblo de la región, apenas se ha investigado para entender las costumbres y el folclore actuales del Caribe. No hemos podido contactar con Estevez para más comentarios al respecto en el momento de la publicación de este artículo.

Retrocediendo en el tiempo
«Hay comunidades en el Caribe que siempre han defendido su continuidad, aunque les han dicho que sus ancestros se extinguieron», afirma Hannes Schroeder, autor del estudio que ha llevado a cabo investigaciones en la región durante más de una década.

Para comprobar si quedaban miembros de las poblaciones de taínos, el equipo rastreó la presencia de material genético previo a la llegada de Colón en poblaciones vivas.

La extinción de un grupo étnico tiene lugar cuando «todos los miembros de este grupo en particular mueren y son incapaces de transmitir su material genético», explica.
 

Vamos a conocer un poco de la historia de los balleneros vascos,
Contada por una de las personas que tiene muchos datos sobre ellos( Michael Barkham)
 
Última edición:
¿Por qué no se han encontrado las carabelas de Cristóbal Colón?
Los restos de la Niña, la Pinta y la Santa María resultado escurridizos pese a décadas de búsqueda.Jueves, 9 Noviembre
Por Kristin Romey
Estos grabados prueban el contacto espiritual de colonos e indígenas en el Nuevo Mundo

Cualquier navío de madera que resistiera la xilofagia de los teredos también habría tenido que sobrevivir a siglos de tormentas tropicales y huracanes en aguas poco profundas, según señala Donald Keith, arqueólogo que ha buscado a La Gallega, un barco de la cuarta flota de Colón que desapareció en 1503. «Los barcos perdidos en aguas frías, oscuras y profundas tienen muchas más posibilidades de permanecer intactos y mantener su valor de "cápsula del tiempo"».

El paisaje ha cambiado radicalmente desde la época de Colón
Siglos de tormentas tropicales, cambios en el uso de tierras y deforestación han alterado significativamente las costas frente a las que navegó Colón en su día. Greg Cook, arqueólogo que ha buscado los restos de las naves de la cuarta flota en la bahía de Santa Ana, en Jamaica, describe cómo extrajo muestras de 6 metros de sedimentos para encontrar pruebas del paisaje histórico. «La bahía ha cambiado mucho», observó.

Incluso entonces, lo que quedara habría sido difícil de encontrar
Los arqueólogos utilizaron un sonar de barrido lateral como herramienta principal para encontrar naufragio en el lecho marino, pero si un barco se encuentra enterrado bajo metros de sedimentos un sonar puede «simplemente quedarse ciego», señala Cook. Otra herramienta importante, el magnetómetro, detecta restos metálicos bajo el agua, pero como en esta época se utilizaba poco metal en la construcción de barcos, pueden «ocultarse muy bien» durante una búsqueda, añade.

«Es una búsqueda auténtica de tres agujas en un pajar», señala James Delgado, vicepresidente de Search Inc. y exdirector de patrimonio marítimo de la NOAA.

Sigue aprendiendo: Por fin hemos encontrado indicios de como desapareció la Colonia Perdida de América

Solo sabemos el destino que corrió una de las tres naos
«El único navío perdido de la primera flota fue la Santa María», afirma Keith. «Nadie ha podido determinar de forma convincente qué ocurrió con la Pinta y la Niña tras su regreso a Europa», añade. Cook está de acuerdo: «Como no sabemos el paradero de la Niña y de la Pinta, la Santa Maríaes la mejor opción para la búsqueda».

En 2014, se dijo que se había encontrado la Santa María, algo que la UNESCO desmintió rotundamente.

La tripulación de Colón practicaba el reciclaje
Según el cuaderno de bitácora de Colón, la Santa María fondeó en un arrecife en Cabo Haitiano, en Haití, en la Nochebuena de 1492. Su casco fue desmanteladoy empleado para construir el fuerte de La Navidad, que también está por descubrir. «Piensa en ello como en una nave espacial varada en el borde del universo», afirma Delgado. «[Los marineros] necesitan usar los restos de la nave para sobrevivir. Debemos apreciar el nivel de reciclaje que tuvo lugar en esos lugares».

¿Deberíamos seguir buscando?
Por supuesto, según dicen los investigadores, pero no necesariamente porque la Niña, la Pinta y la Santa María están consideradas como los santos griales de la arqueologíanaval. «Buscar partes de un navío [de la primera flota] es algo así como intentar encontrar un fragmento de la cruz verdadera», afirma Delgado, que cree que los descubrimientos arqueológicos más importantes sobre el viaje de Colón aportarán información sobre las primeras interacciones entre las poblaciones nativas y los exploradores europeos. «Centrémonos más en el primer contacto».
 
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Cualquier navío de madera que resistiera la xilofagia de los teredos también habría tenido que sobrevivir a siglos de tormentas tropicales y huracanes en aguas poco profundas, según señala Donald Keith, arqueólogo que ha buscado a La Gallega, un barco de la cuarta flota de Colón que desapareció en 1503. «Los barcos perdidos en aguas frías, oscuras y profundas tienen muchas más posibilidades de permanecer intactos y mantener su valor de "cápsula del tiempo"».

El paisaje ha cambiado radicalmente desde la época de Colón
Siglos de tormentas tropicales, cambios en el uso de tierras y deforestación han alterado significativamente las costas frente a las que navegó Colón en su día. Greg Cook, arqueólogo que ha buscado los restos de las naves de la cuarta flota en la bahía de Santa Ana, en Jamaica, describe cómo extrajo muestras de 6 metros de sedimentos para encontrar pruebas del paisaje histórico. «La bahía ha cambiado mucho», observó.

Incluso entonces, lo que quedara habría sido difícil de encontrar
Los arqueólogos utilizaron un sonar de barrido lateral como herramienta principal para encontrar naufragio en el lecho marino, pero si un barco se encuentra enterrado bajo metros de sedimentos un sonar puede «simplemente quedarse ciego», señala Cook. Otra herramienta importante, el magnetómetro, detecta restos metálicos bajo el agua, pero como en esta época se utilizaba poco metal en la construcción de barcos, pueden «ocultarse muy bien» durante una búsqueda, añade.

«Es una búsqueda auténtica de tres agujas en un pajar», señala James Delgado, vicepresidente de Search Inc. y exdirector de patrimonio marítimo de la NOAA.

Sigue aprendiendo: Por fin hemos encontrado indicios de como desapareció la Colonia Perdida de América

Solo sabemos el destino que corrió una de las tres naos
«El único navío perdido de la primera flota fue la Santa María», afirma Keith. «Nadie ha podido determinar de forma convincente qué ocurrió con la Pinta y la Niña tras su regreso a Europa», añade. Cook está de acuerdo: «Como no sabemos el paradero de la Niña y de la Pinta, la Santa Maríaes la mejor opción para la búsqueda».

En 2014, se dijo que se había encontrado la Santa María, algo que la UNESCO desmintió rotundamente.

La tripulación de Colón practicaba el reciclaje
Según el cuaderno de bitácora de Colón, la Santa María fondeó en un arrecife en Cabo Haitiano, en Haití, en la Nochebuena de 1492. Su casco fue desmanteladoy empleado para construir el fuerte de La Navidad, que también está por descubrir. «Piensa en ello como en una nave espacial varada en el borde del universo», afirma Delgado. «[Los marineros] necesitan usar los restos de la nave para sobrevivir. Debemos apreciar el nivel de reciclaje que tuvo lugar en esos lugares».

¿Deberíamos seguir buscando?
Por supuesto, según dicen los investigadores, pero no necesariamente porque la Niña, la Pinta y la Santa María están consideradas como los santos griales de la arqueologíanaval. «Buscar partes de un navío [de la primera flota] es algo así como intentar encontrar un fragmento de la cruz verdadera», afirma Delgado, que cree que los descubrimientos arqueológicos más importantes sobre el viaje de Colón aportarán información sobre las primeras interacciones entre las poblaciones nativas y los exploradores europeos. «Centrémonos más en el primer contacto».
Que interesante aportacion , estoy deseando conocer mas y mas
Mi curiosidad no tiene limite
Gracias por tan interesante aporte al hilo
 


Precioso documental.historias de Marinos, piratas y pescadores

Publicado el 13 may. 2014
Marinos y Pescadores "Costa Oriental de Bizkaia" (Bermeo-Mundaka-Urdaibai-Elantxobe-Ea-Lekeitio-Ondárroa) "Entre los rincones secretos de la isla de Itzaro y las aguas en remanso del puerto de Ondárroa, se extiende la costa oriental de Bizkaia. Paisajes de montes y rocas, pulidas caprichosamente por el viento; tierra y mar, que se confunden en la mente de sus pobladores. Marinos de historia legendaria, o gentes que vuelven la espalda a la ciudad y acuden a sus playas en busca del sosiego y el descanso de la vista, felízmente perdida entre los perfiles vertiginosos de los acantilados y el vigor del Cantábrico"
 
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