A mí no me gustaron nada las Campanadas. Aplaudo la idea de RTVE de refrescar la retransmisión, de darle un aire más moderno; televisivamente, era necesario. Ramón García diseño una retransmisión hace 30 años, con planos, encuadres, tiros de cámara y tal, que durante muchísimos años se ha mantenido y ha funcionado, pero los nuevos tiempos, con los avances técnicos, pedían innovación. Ahora bien, es en la forma de innovar es donde a mi juicio han patinado.
Las Campanadas son un evento televisivo que no tiene comparación con ningún otro que se celebre en el año, donde sí nos reunimos toda la familia, donde hay un fin muy concreto, en una franja de emisión rarísima y donde hay unos códigos que han de respetarse y mantener, especialmente en la televisión pública de todos los españoles. Y eso ha de ser respetado por cualquiera que se ponga al frente. Broncano estaba más perdido que el barco del arroz, no supo medir los tiempos, ni el timing de las Campanadas con la bajada del carrillón y los cuartos, no supo fijar pie y dejar la visión limpia del reloj de la Puerta de Sol (al punto que se lo tuvieron que recordar), necesitaba del equipo constantemente para saber en qué punto de la retransmisión estaban, cuanto faltaba... eso a un profesional, en un momento tan señalado, NO le puede pasar. Y le pasó porque no está preparado; sí, todos los días se pone delante de la cámara, pero en un falso directo, en un espacio cerrado y en una franja televisiva, la del access prime time, que admite el gamberro. Su público, sea la franja que sea, busca ese descanso del día, busca divertimento. Las Campanadas son otra cosa, con más o menos liturgia, pero otra cosa. Y eso no significa estar como una estatua, ni serio o borde, se puede estar amable, cercano, bromear y ser cercano, como él sabe (como cuando llamaron a Chicote y Pedroche), pero respetando tiempos porque delante tienes al chaval de 20 años y a la abuela de 85, y las Campanadas son para todos.
A Lala no tenía el gusto de conocerla, y aunque estuvo mejor que Broncano, tampoco estuvo bien, independientemente de la estampita o no. Yo soy creyente y practicante, y a mí, personalmente, no me enfadó el momento ni le di más importancia pero entiendo a quién sí le haya molestado. Yo creo que en un momento tan señalado, desde la televisión pública, no hay necesidad ninguna de ofender a nadie, ya sea por su físico, por sus creencias, por su origen o por su condición. Las Campanadas son para todos porque las costeamos todos y ahí, lo único que ha lugar es al respeto, a los buenos propósitos e intenciones, la sonrisa amable y a la cordialidad. Todo lo demás, está de más. A mí me parece maravilloso que se quisiera homenajear, si es que ese fue el caso, a Ramón García y si me apuras, al Grand Prix. Y es tan fácil como que Lala se hubiera puesto la capa española que lucía Ramón y que en los rótulos con los números saliera la vaquilla llevándose cada número tras cada campana, por ejemplo. O mismamente, en el equipo había una persona disfrazada de conejito del equipo azul con el disfraz que se utilizaba en las primeras ediciones del concurso, lo sacas y haces alusión a ello. Qué se yo. Pero no utilizas la imagen del Sagrado Corazón de Jesús con una vaquilla, porque no procede. Y sí, la imagen del Sagrado Corazón está con la cara de Leo Messi, Fernando Alonso, Belén Esteban y hasta de Gaizka Toquero, pero NO hay necesidad de sacarla en ese momento.
En España hemos normalizado la ofensa y la confrontación, se rompen las tradiciones y se alude continuamente a que es moderno y gracioso. Pues sí, la vida puede ser moderna, pero digo yo que por 20 minutos al año en los que nos juntamos toda la familia, en toda España y ponemos la tele pública, tampoco va a pasar nada por hacer algo bonito, ilusionante y respetuoso para todos.