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El bebé de Meghan y el príncipe Harry, un dilema financiero para la Reina
El primer hijo de los duques de Sussex será ciudadanos de los Estados Unidos y estará sujeto al fisco de este país.
Por D. P.
15 de abril de 2019 · 13:40
Los duques de Sussex Getty
La prensa contiene la respiración ante el inminente
nacimiento del primer hijo de los duques de Sussex, pero también el fisco estadounidense está pendiente de la tripa de Meghan desde que el pasado octubre el palacio de Kensington confirmó la noticia de que estaba embarazada. Dado que la duquesa tiene la nacionalidad estadounidense, también la tendrá su hijo y, como tal, estará
sujeto a las tasas e impuestos americanos, una situación que supondrá unos cuantos quebraderos de cabeza para la familia real británica.
“El bebé nacerá de una ciudadana estadounidense por lo que, sea niño o niña, será automáticamente ciudadano de los Estados Unidos simplemente porque su madre lo es”, explicaba hace unos días a la
cadena CNN el experto en la fiscalidad de expatriados estadounidenses David Treitel. “La Familia Real no ha tenido ningún otro miembro americano, por lo que hasta ahora nadie ha tenido que hacer frente a esta situación”.
Meghan, de quien en su día el palacio de Kensington ya confirmó que iniciará los trámites para solicitar la nacionalidad británica, podría evitar el pago de impuestos en su país de origen renunciando a la estadounidense una vez que la consiga, pero su bebé seguirá sujeto de todos modos al fisco americano hasta que cumpla 18 años, momento en el que podría renunciar por su parte a su nacionalidad estadounidense. Hasta entonces, explica David Treitel,
los duques de Sussex tendrá que declarar todos los pagos extrasalariales que reciba su hijo o hija por encima de la cantidad de 2.100 dólares -unos 1.800 euros-.
“Es de supone que, dado que la Reina y Diana vienen de familias ricas, estas crearon algún tipo de inversión para las generaciones futuras”, cita la CNN a Treitel. Además, es probable que el bebé “reciba un fondo que permite a la Familia Real pasar dinero siguiendo la línea de sucesión”.
Los inspectores de la hacienda norteamericana podrán en consecuencia escudriñar las cuentas de los duques de Sussex, un nivel de control y transparencia al que la familia real británica no está acostumbrada en Reino Unido.
En noviembre del año pasado, ya trascendió que el palacio de Buckingham había tenido que reclutar a un
equipo de expertos en derecho fiscal estadounidense para que asesorara a la familia real con los impuestos de la duquesa de Sussex. Según se explicó entonces en la prensa británica, la regla al respecto en Estados Unidos es que se gravan “los ingresos a los que se tiene acceso sin importar que sean o no de la propiedad de uno”, por lo que, mientras siga siendo estadounidense, la duquesa de Susex tendrá que declarar las cerca de 300.000 libras anuales que el príncipe Harry -recordemos que los duques decidieron casarse en régimen de gananciales en lugar de en separación de bienes- ingresa del fondo que recibió de la princesa Diana y de su abuela, la reina madre. También, su anillo de bodas, realizado en oro de Gales, o los diamantes de Diana que el príncipe Harry engarzó en su anillo de pedida, asegura la misma información de la CNN.
“La Reina y sus consejeros tendrán que sentarse y pensar: si le dejo a Meghan una tiara, o si le doy al bebé un hermoso sonajero de plata que perteneció a la reina Victoria, ¿cuánto vale eso? ¿Qué precio tiene? ¿Cuánto habrá que declarar a los Estados Unidos?”. Es un tema complicado”, concluye David Treitel.