






"Televisión de la buena", un show orquestado para humillar a Zelenski
El presidente, flanqueado de su vicepresidente J.D. Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio, humillaron al líder ucraniano delante de todo el planeta. El show más crudo del "Beethoven de la era Twitter"
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, abandona la Casa Blanca después de su encuentro con Donald Trump. (EFE/EPA/Shawn Thew)
Por
Ángel Villarino
28/02/2025 - 21:06 Actualizado: 28/02/2025 - 21:07
“Esto va a ser televisión de la buena. Ya lo creo”. Con estas palabras despidió
Donald Trump este viernes la rueda de prensa con
Volodímir Zelenski y esa fue probablemente la frase más honesta de todo el encuentro. El presidente, flanqueado de su vicepresidente
J.D. Vance y el secretario de Estado,
Marco Rubio, humillaron al líder ucraniano delante de todo el planeta,
le gritaron a la cara y le exigieron que diese las gracias por estar allí. Es fácil imaginar la cara de
Vladímir Putin mientras disfrutaba del espectáculo. Un linchamiento coordinado contra un hombre que lleva tres años en guerra y en el que intervino incluso uno de los propagandistas más lacerantes de la corte trumpista, Brian Glenn -pareja de Marjorie Taylor Greene-, quien trató de hacer perder los nervios a Zelenski con una patada dialéctica en la espinilla en el turno de preguntas. Recriminando de malos modos que a la Casa Blanca
no se viene sin traje.
El show, que se está publicitando como una muestra de
la falta de respeto de Zelenski, cumplió seguramente varios propósitos. El más evidente es destruir al presidente ucraniano, descartándolo
como interlocutor válido y tentando a la élite militar de su país a abrir un desestabilizador proceso de reemplazo. El castigo contra Zelenski, su salida con las orejas gachas o los pies por delante, ha sido desde hace años uno de los requisitos de Putin para sentarse a
negociar la paz. El segundo propósito evidente es mostrar quién manda aquí, poner de rodillas a la única persona que se había atrevido a elevar el tono en estos primeros meses de mandato. El tercero es la sed de venganza (y esto se lo dijeron a Zelenski explícitamente) por haber participado en
un mitin de Biden en Pennsylvania y haber jugado más de lo prudente el juego demócrata. El cuarto propósito del
tándem Trump-Vance es mostrar a su electorado cómo se van a hacer las cosas en los Estados Unidos de América a partir de ahora, cuáles son las prioridades. Y cómo suena el lenguaje de la fuerza bruta frente a toda esa chusma que cree que puede ir a la Casa Blanca a decir lo que piensa.
Lo hacen porque están seguros de que
van a aplaudírselo.
De hecho, viendo la escena resonaban en mi cabeza las palabras de
Martin Gurri, un exanalista de la CIA que se autopublicó un libro (The Revolt of the Public) muy popular durante el primer mandato de Trump. Gurri dice que Trump es el
"el Beethoven de la era Twitter", el político que mejor ha entendido la música de la comunicación de la era digital, una era en la que
el caos y los escándalos no solo no destruyen carreras políticas, sino que resultan indispensables para construirlas. La idea se ha repetido muchas veces desde que la publicó y ya no resulta demasiado novedosa, pero el autor la ha acompañado con los años de un corpus teórico que suena convincente. Gurri sostiene que las élites actuales, las del orden tecnocrático, son peores que las de otras épocas. Pero no tanto por su incompetencia, sino porque operan con
una mentalidad obsoleta.
En el siglo XX, dice el ex agente de la CIA, presidentes como
Roosevelt, Kennedy o Reagan entendieron el poder de los medios de masas y aprendieron a utilizarlos para su beneficio. Ahora hay una herramienta mucho más disruptiva y poderosa, pero las élites aún no han logrado hacerse con ella, no han conseguido dominar el ecosistema digital y por eso hemos entrado en una etapa de
enorme zozobra. Gurri, que dedicó media vida a leer periódicos extranjeros para hacer informes de inteligencia, asegura que en la era pre-internet los medios de comunicación tenían
el control absoluto de la información. Bastaba con leer un par de periódicos influyentes para entender el humor de un país. Ahora, sin embargo,
la revolución digital ha logrado fragmentarlo todo,, permitiendo que cualquier individuo desafíe las narrativas oficiales, ya sea para
exponer los errores de las instituciones o para inventárselos.