Dominique, el monstruo de Mazan que organizó la violación de su esposa (anestesiada) por 50 hombres (durante 10 años)
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Dominique, el monstruo de Mazan que organizó la violación de su esposa (anestesiada) por 50 hombres (durante 10 años)
En el parking del colegio André Malraux aparcaban sus coches. Lo hacían cuando los niños ya no estaban en clase. Los estacionaban discretamente y se dirigían a la casa del...

"Ocurrió en un pueblo de 6.000 personas al sur de Francia que 'Crónica' recorre. La casa de los horrores, donde Gisèle era violada, estaba junto a un colegio. Allí aparcaban los acusados. "Te los cruzabas por la calle, sin sospechar", dice la panadera
En el parking del colegio André Malraux aparcaban sus coches. Lo hacían cuando los niños ya no estaban en clase. Los estacionaban discretamente y se dirigían a la casa del matrimonio, a pocos metros. Allí les esperaba Dominique Pélicot, con su mujer, Gisèle, ya drogada en la cama, inconsciente. Ellos, hombres desconocidos y a los que el marido había encontrado y contactado en un foro de internet, la violaban. A veces era uno; a veces varios. Un tal Charly lo hizo seis veces. Todos eran en la zona. Después, con el mismo sigilo con el que habían llegado, recogían su coche del aparcamiento del centro infantil y se marchaban.
El matrimonio Pélicot, el reclutador y la mujer inconsciente, estuvieron juntos 50 años, tuvieron tres hijos, siete nietos. Él era comercial inmobiliario y electricista. Durante 10 años de ese medio siglo que compartieron se repitió la escena antes descrita en su casa de campo en Mazan, un pueblo de 6.000 habitantes del sur de Francia, situado a media hora de Aviñón. Un lugar convertido hoy en el centro mediático por las violaciones de Mazan, como se le llama en Francia a uno de los mayores casos de violencia sexual del país y cuyo juicio comenzó el lunes.
Entre julio de 2011 y octubre de 2020 este hombre drogó a su mujer para que otros hombres, además de él mismo, la violaran. Esta casa de los horrores está a pocos metros del colegio, situado a la entrada del pueblo, junto al estadio. Un vecino, estacionado en el parking, indica cuál es: una casa baja situada al lado de una agencia inmobiliaria. Las persianas están cerradas y tiene un pequeño jardín. La vecina indica que esa no es, que es otra justo al lado del colegio.
«Estamos todos muy sorprendidos, ella era clienta, claro que la conocíamos. Venía a comprar el pan, era muy amable, pero es verdad que a veces tenía un aspecto triste, como si siempre estuviera cansada», explica la dependienta de la panadería donde Gisèle Pélicot hacía sus compras. Su marido, describe la panadera, «era mucho más frío, más serio, pero nunca uno se puede imaginar qué hacía eso
Es muy grave... Está claro que ese hombre debía tener serios problemas psicológicos, pero creo que también todos los hombres que aceptaban ir a violarla. ¿Cómo puede excitarte una mujer que está inconsciente?», se pregunta otro dependiente. Todos eran de Mazan y alrededores: padres de familia, jóvenes y mayores, con trabajos y vidas supuestamente normales. «Gente con la que te cruzas por la calle, con la que sales o hablas, sin sospechar nunca nada», relata la panadera.
'EL DIRECTOR DE ORQUESTA'
El jefe de la investigación, Jérémie Bosse-Platière, director de la Policía Judicial de Aviñón, declaró esta semana en la apertura del juicio que el caso presenta un «escenario típico de violación».
Masiva, porque se ha localizado a 50 [que se sientan en el banquillo junto a Dominique], aunque se calcula que fueron más de 70. Algunos la violaron varias veces. Lo especificó porque la defensa alega que los hombres no sabían que no era consentido, pensaban que ella había aceptado ser drogada.
Su marido era el que los reclutaba. Lo hacía por internet. A lo largo de los años fue perfeccionando su modus operandi: los localizaba en una página web (el foro Coco.fr) y luego ya hablaban en privado. Él les explicaba lo que hacía: le daba somníferos a su mujer y la violaba. Además, la ponía a disposición de los desconocidos para que hicieran lo mismo. En los interrogatorios ha reconocido todo.
Lo que hizo durante 10 años, un quinto de esa vida en común, se ha sabido porque lo grabó todo e hizo fotos. A veces las intercambiaba con los otros. Los investigadores han tirado del hilo gracias a las más de 2.000 fotografías y vídeos que el director de orquesta (como lo definen el resto de acusados) tuvo el detalle de recopilar y dejar como rastro
Había casi un manual de uso: además de aparcar discretamente, los hombres que habían aceptado violar a su mujer tenían que ir aseados, sin perfume ni olor a tabaco, sin nada que pudiese dejar pistas. Al entrar en casa, tenían que lavarse las manos con agua caliente, para que ella no apreciase la diferencia de temperatura. Él mismo ha declarado en los interrogatorios, que pocos se negaron a aceptar sus condiciones. Lo hicieron un par, que tampoco se molestaron en denunciarlo a la policía.
«Ninguno, ni uno solo de todos esos hombres, ninguno, tuvo la decencia de decir "aquí está pasando algo raro..." y denunciarlo. Ninguno. No me dan ninguna lástima», dijo Gisèle Pélicot este jueves, en su comparecencia ante el tribunal.
Todos ellos, los discípulos de su marido, alegan que no sabían que ella estaba drogada, pensaban que era un juego de la pareja. A lo mejor nada de esto se hubiera sabido si a Dominique P. no se le hubiera ocurrido un día ponerse a grabar a mujeres en un centro comercial en un pueblo cercano a Mazan. Un agente de seguridad le detuvo. La policía le confiscó el teléfono y empezó a tirar del hilo. Encontraron un pen drive con una carpeta titulada explícitamente «ABUS» (Abusos).
Los actos estaban meticulosamente etiquetados con títulos como el siguiente: Abus/nuit 09/06/2020 avec Charly 6 fois (Abusos noche del 09/06/2020 con Charly, sexta vez). Ese individuo, así como otros de los 51 que los agentes pudieron identificar (de una lista de 83), se enfrentan a penas de prisión de 20 años por violación. Declararán los próximos días en el proceso, que durará hasta diciembre.
Es el caso, por ejemplo, del periodista y del bombero. Este último intentó que su pareja recuperara su ordenador en el parque de bomberos antes de que lo requisara la policía. Esta fue más rápida y encontró varias fotos de niños y unas conversaciones en las que éste negociaba con otro individuo violar a su hija de 15 años. En algunos de los vídeos, según los investigadores sí preguntaban al marido por qué ella no se despierta. «Hace años que lo hago así», responde él. Varios de los acusados sí han reconocido tener una sexualidad «fuera de lo normal» pero la mayoría elude su responsabilidad.
Los investigadores franceses siguen tirando de la cuerda, que parece no tener fin: ahora son la hija del acusado y su nuera las que creen que podrían haber sido víctimas también de violación. Incluso sus nietos. La policía encontró vídeos de ellas y de los niños, pero el principal acusado, desde la cárcel, lo ha negado. La hija, Caroline, ha definido a su padre como «uno de los mayores depredadores sexuales».
«Da bastante miedo, porque eran muchos y todos de la zona. Hombres que te cruzas por la calle y que parecen normales, pero que luego pactan con un señor acostarse con su mujer de 60 años, inconsciente», declara la encargada de un bar, que, como la mayoría, asegura no conocer al matrimonio. Ella se mudó cuando fue detenido su marido y se enteró de lo que le hacía. «Es una atrocidad, una barbarie que ha manchado el nombre del pueblo, un sitio apacible», dice la mujer.
Gisèle vivía tranquila con su marido en Mazan. Se habían mudado allí tras la jubilación de ella, que había trabajado como gerente en una empresa de la región de París. Era ella la que llevaba el peso de la familia. Sus hijos les visitaban a menudo.
.CHRISTOPHE SIMONAFP
Ella dice que «era muy feliz», salvo porque tenía ausencias y lagunas mentales, que la inquietaban. Tenía también problemas ginecológicos. Ella estaba obsesionada con que tenía un principio de Alzheimer. Cuenta que un día su marido le hizo la cena y ella, cuando se despertó de la cama, no recordaba si había comido o no. Era todo muy extraño. Otro día supuestamente le escribió un mensaje a una amiga. Cuando esta se lo dijo, no lo recordaba. «No recordaba si había comido, qué había hecho».
CRÓNICA
EL CASO QUE CONSTERNA A FRANCIA

Ilustración de la sala durante las comparecencias del juicio el pasado lunes.BENOIT PEYRUCQAFP

Raquel VillaécijaMazan
Mazan
PREMIUM
Actualizado Lunes, 9 septiembre 2024 - 19:56
En el parking del colegio André Malraux aparcaban sus coches. Lo hacían cuando los niños ya no estaban en clase. Los estacionaban discretamente y se dirigían a la casa del matrimonio, a pocos metros. Allí les esperaba Dominique Pélicot, con su mujer, Gisèle, ya drogada en la cama, inconsciente. Ellos, hombres desconocidos y a los que el marido había encontrado y contactado en un foro de internet, la violaban. A veces era uno; a veces varios. Un tal Charly lo hizo seis veces. Todos eran en la zona. Después, con el mismo sigilo con el que habían llegado, recogían su coche del aparcamiento del centro infantil y se marchaban.
El matrimonio Pélicot, el reclutador y la mujer inconsciente, estuvieron juntos 50 años, tuvieron tres hijos, siete nietos. Él era comercial inmobiliario y electricista. Durante 10 años de ese medio siglo que compartieron se repitió la escena antes descrita en su casa de campo en Mazan, un pueblo de 6.000 habitantes del sur de Francia, situado a media hora de Aviñón. Un lugar convertido hoy en el centro mediático por las violaciones de Mazan, como se le llama en Francia a uno de los mayores casos de violencia sexual del país y cuyo juicio comenzó el lunes.
Entre julio de 2011 y octubre de 2020 este hombre drogó a su mujer para que otros hombres, además de él mismo, la violaran. Esta casa de los horrores está a pocos metros del colegio, situado a la entrada del pueblo, junto al estadio. Un vecino, estacionado en el parking, indica cuál es: una casa baja situada al lado de una agencia inmobiliaria. Las persianas están cerradas y tiene un pequeño jardín. La vecina indica que esa no es, que es otra justo al lado del colegio.
«Estamos todos muy sorprendidos, ella era clienta, claro que la conocíamos. Venía a comprar el pan, era muy amable, pero es verdad que a veces tenía un aspecto triste, como si siempre estuviera cansada», explica la dependienta de la panadería donde Gisèle Pélicot hacía sus compras. Su marido, describe la panadera, «era mucho más frío, más serio, pero nunca uno se puede imaginar qué hacía eso».
PARA SABER MÁS

El Supremo anula su condena.

Crónica.
«Es muy grave... Está claro que ese hombre debía tener serios problemas psicológicos, pero creo que también todos los hombres que aceptaban ir a violarla. ¿Cómo puede excitarte una mujer que está inconsciente?», se pregunta otro dependiente. Todos eran de Mazan y alrededores: padres de familia, jóvenes y mayores, con trabajos y vidas supuestamente normales. «Gente con la que te cruzas por la calle, con la que sales o hablas, sin sospechar nunca nada», relata la panadera.
Masiva, porque se ha localizado a 50 [que se sientan en el banquillo junto a Dominique], aunque se calcula que fueron más de 70. Algunos la violaron varias veces. Lo especificó porque la defensa alega que los hombres no sabían que no era consentido, pensaban que ella había aceptado ser drogada.
Su marido era el que los reclutaba. Lo hacía por internet. A lo largo de los años fue perfeccionando su modus operandi: los localizaba en una página web (el foro Coco.fr) y luego ya hablaban en privado. Él les explicaba lo que hacía: le daba somníferos a su mujer y la violaba. Además, la ponía a disposición de los desconocidos para que hicieran lo mismo. En los interrogatorios ha reconocido todo.
Lo que hizo durante 10 años, un quinto de esa vida en común, se ha sabido porque lo grabó todo e hizo fotos. A veces las intercambiaba con los otros. Los investigadores han tirado del hilo gracias a las más de 2.000 fotografías y vídeos que el director de orquesta (como lo definen el resto de acusados) tuvo el detalle de recopilar y dejar como rastro.

Dominique Pélicot (derecha) retratado durante el juicio en el que se le acusa de drogar a su esposa Gisèle durante casi 10 añosBENOIT PEYRUCQAFP
Había casi un manual de uso: además de aparcar discretamente, los hombres que habían aceptado violar a su mujer tenían que ir aseados, sin perfume ni olor a tabaco, sin nada que pudiese dejar pistas. Al entrar en casa, tenían que lavarse las manos con agua caliente, para que ella no apreciase la diferencia de temperatura. Él mismo ha declarado en los interrogatorios, que pocos se negaron a aceptar sus condiciones. Lo hicieron un par, que tampoco se molestaron en denunciarlo a la policía.
«Ninguno, ni uno solo de todos esos hombres, ninguno, tuvo la decencia de decir "aquí está pasando algo raro..." y denunciarlo. Ninguno. No me dan ninguna lástima», dijo Gisèle Pélicot este jueves, en su comparecencia ante el tribunal.
Todos ellos, los discípulos de su marido, alegan que no sabían que ella estaba drogada, pensaban que era un juego de la pareja. A lo mejor nada de esto se hubiera sabido si a Dominique P. no se le hubiera ocurrido un día ponerse a grabar a mujeres en un centro comercial en un pueblo cercano a Mazan. Un agente de seguridad le detuvo. La policía le confiscó el teléfono y empezó a tirar del hilo. Encontraron un pen drive con una carpeta titulada explícitamente «ABUS» (Abusos).
Los actos estaban meticulosamente etiquetados con títulos como el siguiente: Abus/nuit 09/06/2020 avec Charly 6 fois (Abusos noche del 09/06/2020 con Charly, sexta vez). Ese individuo, así como otros de los 51 que los agentes pudieron identificar (de una lista de 83), se enfrentan a penas de prisión de 20 años por violación. Declararán los próximos días en el proceso, que durará hasta diciembre.
Enfado por la difusión de fotos de los acusados de violar a Gisèle Pélicot por no respetar "la presunción de inocencia"
Es el caso, por ejemplo, del periodista y del bombero. Este último intentó que su pareja recuperara su ordenador en el parque de bomberos antes de que lo requisara la policía. Esta fue más rápida y encontró varias fotos de niños y unas conversaciones en las que éste negociaba con otro individuo violar a su hija de 15 años. En algunos de los vídeos, según los investigadores sí preguntaban al marido por qué ella no se despierta. «Hace años que lo hago así», responde él. Varios de los acusados sí han reconocido tener una sexualidad «fuera de lo normal» pero la mayoría elude su responsabilidad.
Los investigadores franceses siguen tirando de la cuerda, que parece no tener fin: ahora son la hija del acusado y su nuera las que creen que podrían haber sido víctimas también de violación. Incluso sus nietos. La policía encontró vídeos de ellas y de los niños, pero el principal acusado, desde la cárcel, lo ha negado. La hija, Caroline, ha definido a su padre como «uno de los mayores depredadores sexuales».
«Da bastante miedo, porque eran muchos y todos de la zona. Hombres que te cruzas por la calle y que parecen normales, pero que luego pactan con un señor acostarse con su mujer de 60 años, inconsciente», declara la encargada de un bar, que, como la mayoría, asegura no conocer al matrimonio. Ella se mudó cuando fue detenido su marido y se enteró de lo que le hacía. «Es una atrocidad, una barbarie que ha manchado el nombre del pueblo, un sitio apacible», dice la mujer.
Hasta aquí el retrato del monstruo. De momento, presunto. Luego hay otro relato, el de amor y horror de Gisèle Pélicot, que ha querido que el juicio sea público y ha acudido a testificar a cara descubierta. Lo hace «no para dar publicidad, sino para denunciar la sumisión química a la que muchas mujeres han sido sometidas». Para reclamar «que la justicia haga su parte».
Gisèle vivía tranquila con su marido en Mazan. Se habían mudado allí tras la jubilación de ella, que había trabajado como gerente en una empresa de la región de París. Era ella la que llevaba el peso de la familia. Sus hijos les visitaban a menudo.

Gisèle, la víctima de la violación masiva entrando en el juzgado.CHRISTOPHE SIMONAFP
Ella dice que «era muy feliz», salvo porque tenía ausencias y lagunas mentales, que la inquietaban. Tenía también problemas ginecológicos. Ella estaba obsesionada con que tenía un principio de Alzheimer. Cuenta que un día su marido le hizo la cena y ella, cuando se despertó de la cama, no recordaba si había comido o no. Era todo muy extraño. Otro día supuestamente le escribió un mensaje a una amiga. Cuando esta se lo dijo, no lo recordaba. «No recordaba si había comido, qué había hecho».
Fue varias veces al médico y se sometió a distintas pruebas. No le encontraron nada. Cada vez que cogía el tren para ir a la región parisina tenía «una sensación de angustia». «Tenía que hacer una parada antes y siempre me preocupaba, porque no sabía si iba a acabar en Lyon», declaró el jueves.
Sus hijos le han contado que un día, durante una cena, «tenía el brazo medio muerto, no era capaz de sujetar la copa de vino. Se fueron muy preocupados». Otro día, recuerda ella, le dijo a su marido de broma, tras uno de sus despistes: «¿No me habrás echado algo en la copa?». Los abogados de la defensa, el jueves, le preguntaron si su consumo de alcohol era alto entonces. Gisèle, además de olvidos, tenía fatiga crónica, se levantaba devastada y a menudo tenía infecciones vaginales, dolores en el vientre.
Su marido animaba a sus discípulos a no utilizar protección. En la revisión posterior a la detención del individuo, el médico que revisó a Gisèle vio que tenía varias enfermedades de transmisión sexual. Ella ha descrito esta revisión como «algo absolutamente humillante». «Al no tomar protección, mi vida estaba en riesgo».
Durante 10 años vivió este infierno sin saberlo. Un 2 de noviembre la llamaron de la comisaría. «Queremos mostrarle algunas fotos». Lo siguiente es el relato de cómo ella recuerda el día en el que «todo se vino abajo, los últimos 50 años» de su vida.
«Llegamos a la comisaría. Esperamos un rato. Me preguntaron cómo definiría a mi marido (...) Pasó una hora, no entendía nada. Me preguntaron si tenía una sexualidad normal. Si practicábamos intercambio. Les dije que nunca, que soy mujer de un solo hombre».
«"Le voy a mostrar cosas que no le van a gustar", me dijo el policía. Y me empezó a mostrar algunas fotografías».
—«Señora, ¿se reconoce usted en esta foto?»
«Yo le contesté que no reconocía a la mujer ni a la persona que estaba al lado».
—«Señora, mire bien la foto. Es usted».
«No reconocí a la persona que estaba a mi lado. Me enseñó dos más. Yo estaba en mi cama, inerte, dormida y había un hombre que estaba a punto de violarme. Estaba en un estado de shock. Para mí, en ese momento, todo se derrumbó, todo lo que habíamos construido durante 50 años. Teníamos tres hijos y siete nietos. No entendía nada, me quisieron enseñar un vídeo, pero yo dijo que no podía», explica Gisèle.
Hace cuatro años de ello. No ha vuelto a tener ausencias. Gisèle Pèlicot ha narrado cómo está siendo este proceso de intento de reconstrucción. Ha descrito los vídeos y las fotos como «escenas de horror, de violaciones insoportables en las que hay dos, tres hombres, sobre mí. Yo estoy anestesiada, no entro en los detalles porque no es mi rol, pero no son escenas de s*x*, son escenas de violación», relata Gisèle.
Asegura ser «un campo en ruinas». Ella ha comparecido a cara descubierta, ha mirado directamente a la cara al tribunal. A los acusados se les ha visto en la sala tapándose la cara con la mano e intentado cubrirse. Ella ha afirmado antes del juicio que «es hora de que la vergüenza cambie de bando».
A su marido se refiere como monsieur Pélicot. Un hombre al que conoció cuando tenía 18 años, «seductor». Fue su primer amor, y estuvieron 50 años. «He sido mujer de un solo hombre (...) Todo lo hemos descubierto juntos», declaró en el juicio. Va a cambiarse el apellido y recuperar el de soltera cuando acabe el proceso.
Este caso es importante, no sólo por los hechos, sino porque muchas asociaciones feministas quieren cambiar la ley sobre los delitos sexuales y que se incluya como violación el s*x* sin consentimiento. En Francia, una violación es «un acto de penetración sexual cometido con violencia, amenaza o sorpresa». Hace unos meses se descubrió que un senador había drogado a una diputada para aprovecharse de ella en su casa, introduciéndole éxtasis en la copa de champán.
jueves, ante el juez, declaró que le resultaba insoportable que alguien pueda pensar que ella consentía esas prácticas: «¿Es que usted cree, señor juez, que hay alguna mujer en el mundo que pueda aceptar una situación como la que yo he vivido?», interrogó. «¿Qué mujer merece algo así? (...) Yo era su muñeca, una bolsa de basura».
En Mazan son esquivos con el caso. Ni en la peluquería, ni en el estanco, ni en el bar, ni tampoco en el veterinario, a pesar de que Gisèle tenía gato y perro. Estos animales la ayudaron a digerir lo que le habían hecho los humanos. El primero fue el que la acompañó cuando se fue de Mazan, poco después de descubrir lo que le había hecho su marido.
«Dejé mi casa y me encontré con dos maletas y un gato en la estación de tren: es todo lo que me quedaba de 50 años de vida. Sin identidad, sin saber dónde estaba y a dónde iba». Después, en los meses que siguieron, un bulldog francés la ayudó a salir del hoyo. «Poco a poco empecé a salir, a sacar a mi perro. Lo remarco porque sin él no estaría hoy aquí: él me dio la fuerza cuando empecé a salir a la calle, iba a pasear o a la panadería, él me acompañaba», dijo.
Gisèle nació en 1952 Alemania, su padre era militar y su madre murió cuando ella era una niña de un cáncer. «Yo tenía nueve años y mi madre tenía cáncer. Cuando pensaba que tenía Alzheimer y hacía el paralelismo con la enfermedad, pensaba: "tú has perdido a tu madre, pero al menos has podido ver crecer a tus hijos". Quizá esto no le interese a nadie, pero yo perdí a mi madre, aunque siempre estuve rodeada de amor. Dominique no, su padre era autoritario y un tirano. Creo que eso ha influido».
Catthy lleva desde el pasado lunes, cuando comenzó el juicio en el tribunal de Justicia de Aviñón, retratando en la sala a los acusados y a la víctima durante las comparecencias. Sigue todas las audiencias y hace bocetos, porque le gusta «captar la emoción que hay dentro de estas salas, donde todo pasa, en los que testifican, los acusados y las víctimas». El jueves salió con lágrimas en los ojos tras escuchar el testimonio de Gisèle Pélicot, «digna y valiente, resiliente». Volverá la semana que viene, cuando le toque comparecer a Dominique Pélicot y al resto de acusados.
En el parking del colegio André Malraux aparcaban sus coches. Lo hacían cuando los niños ya no estaban en clase. Los estacionaban discretamente y se dirigían a la casa del matrimonio, a pocos metros. Allí les esperaba Dominique Pélicot, con su mujer, Gisèle, ya drogada en la cama, inconsciente. Ellos, hombres desconocidos y a los que el marido había encontrado y contactado en un foro de internet, la violaban. A veces era uno; a veces varios. Un tal Charly lo hizo seis veces. Todos eran en la zona. Después, con el mismo sigilo con el que habían llegado, recogían su coche del aparcamiento del centro infantil y se marchaban.
El matrimonio Pélicot, el reclutador y la mujer inconsciente, estuvieron juntos 50 años, tuvieron tres hijos, siete nietos. Él era comercial inmobiliario y electricista. Durante 10 años de ese medio siglo que compartieron se repitió la escena antes descrita en su casa de campo en Mazan, un pueblo de 6.000 habitantes del sur de Francia, situado a media hora de Aviñón. Un lugar convertido hoy en el centro mediático por las violaciones de Mazan, como se le llama en Francia a uno de los mayores casos de violencia sexual del país y cuyo juicio comenzó el lunes.
Entre julio de 2011 y octubre de 2020 este hombre drogó a su mujer para que otros hombres, además de él mismo, la violaran. Esta casa de los horrores está a pocos metros del colegio, situado a la entrada del pueblo, junto al estadio. Un vecino, estacionado en el parking, indica cuál es: una casa baja situada al lado de una agencia inmobiliaria. Las persianas están cerradas y tiene un pequeño jardín. La vecina indica que esa no es, que es otra justo al lado del colegio.
«Estamos todos muy sorprendidos, ella era clienta, claro que la conocíamos. Venía a comprar el pan, era muy amable, pero es verdad que a veces tenía un aspecto triste, como si siempre estuviera cansada», explica la dependienta de la panadería donde Gisèle Pélicot hacía sus compras. Su marido, describe la panadera, «era mucho más frío, más serio, pero nunca uno se puede imaginar qué hacía eso
Es muy grave... Está claro que ese hombre debía tener serios problemas psicológicos, pero creo que también todos los hombres que aceptaban ir a violarla. ¿Cómo puede excitarte una mujer que está inconsciente?», se pregunta otro dependiente. Todos eran de Mazan y alrededores: padres de familia, jóvenes y mayores, con trabajos y vidas supuestamente normales. «Gente con la que te cruzas por la calle, con la que sales o hablas, sin sospechar nunca nada», relata la panadera.
'EL DIRECTOR DE ORQUESTA'
El jefe de la investigación, Jérémie Bosse-Platière, director de la Policía Judicial de Aviñón, declaró esta semana en la apertura del juicio que el caso presenta un «escenario típico de violación».
Masiva, porque se ha localizado a 50 [que se sientan en el banquillo junto a Dominique], aunque se calcula que fueron más de 70. Algunos la violaron varias veces. Lo especificó porque la defensa alega que los hombres no sabían que no era consentido, pensaban que ella había aceptado ser drogada.
Su marido era el que los reclutaba. Lo hacía por internet. A lo largo de los años fue perfeccionando su modus operandi: los localizaba en una página web (el foro Coco.fr) y luego ya hablaban en privado. Él les explicaba lo que hacía: le daba somníferos a su mujer y la violaba. Además, la ponía a disposición de los desconocidos para que hicieran lo mismo. En los interrogatorios ha reconocido todo.
Lo que hizo durante 10 años, un quinto de esa vida en común, se ha sabido porque lo grabó todo e hizo fotos. A veces las intercambiaba con los otros. Los investigadores han tirado del hilo gracias a las más de 2.000 fotografías y vídeos que el director de orquesta (como lo definen el resto de acusados) tuvo el detalle de recopilar y dejar como rastro
Había casi un manual de uso: además de aparcar discretamente, los hombres que habían aceptado violar a su mujer tenían que ir aseados, sin perfume ni olor a tabaco, sin nada que pudiese dejar pistas. Al entrar en casa, tenían que lavarse las manos con agua caliente, para que ella no apreciase la diferencia de temperatura. Él mismo ha declarado en los interrogatorios, que pocos se negaron a aceptar sus condiciones. Lo hicieron un par, que tampoco se molestaron en denunciarlo a la policía.
«Ninguno, ni uno solo de todos esos hombres, ninguno, tuvo la decencia de decir "aquí está pasando algo raro..." y denunciarlo. Ninguno. No me dan ninguna lástima», dijo Gisèle Pélicot este jueves, en su comparecencia ante el tribunal.
Todos ellos, los discípulos de su marido, alegan que no sabían que ella estaba drogada, pensaban que era un juego de la pareja. A lo mejor nada de esto se hubiera sabido si a Dominique P. no se le hubiera ocurrido un día ponerse a grabar a mujeres en un centro comercial en un pueblo cercano a Mazan. Un agente de seguridad le detuvo. La policía le confiscó el teléfono y empezó a tirar del hilo. Encontraron un pen drive con una carpeta titulada explícitamente «ABUS» (Abusos).
Los actos estaban meticulosamente etiquetados con títulos como el siguiente: Abus/nuit 09/06/2020 avec Charly 6 fois (Abusos noche del 09/06/2020 con Charly, sexta vez). Ese individuo, así como otros de los 51 que los agentes pudieron identificar (de una lista de 83), se enfrentan a penas de prisión de 20 años por violación. Declararán los próximos días en el proceso, que durará hasta diciembre.
LOS VIOLADORES DE VAUCLUSE
El más joven tenía 26 años (ella 60), el mayor, 73. Todos vivían en la región de Vaucluse, a la que pertenece Mazan. El periódico Le Monde ha tenido acceso a algunos de los perfiles. Tenían profesiones diversas: bombero, militar, obrero de la construcción, enfermero, camioneros, periodista. Hay asalariados de empresas y hasta un consejero municipal. Señores que presumían de vida ejemplar, muchos con vidas acomodadas. A cinco de ellos los investigadores les han encontrado imágenes pedófilas en sus ordenadores.Es el caso, por ejemplo, del periodista y del bombero. Este último intentó que su pareja recuperara su ordenador en el parque de bomberos antes de que lo requisara la policía. Esta fue más rápida y encontró varias fotos de niños y unas conversaciones en las que éste negociaba con otro individuo violar a su hija de 15 años. En algunos de los vídeos, según los investigadores sí preguntaban al marido por qué ella no se despierta. «Hace años que lo hago así», responde él. Varios de los acusados sí han reconocido tener una sexualidad «fuera de lo normal» pero la mayoría elude su responsabilidad.
Los investigadores franceses siguen tirando de la cuerda, que parece no tener fin: ahora son la hija del acusado y su nuera las que creen que podrían haber sido víctimas también de violación. Incluso sus nietos. La policía encontró vídeos de ellas y de los niños, pero el principal acusado, desde la cárcel, lo ha negado. La hija, Caroline, ha definido a su padre como «uno de los mayores depredadores sexuales».
«Da bastante miedo, porque eran muchos y todos de la zona. Hombres que te cruzas por la calle y que parecen normales, pero que luego pactan con un señor acostarse con su mujer de 60 años, inconsciente», declara la encargada de un bar, que, como la mayoría, asegura no conocer al matrimonio. Ella se mudó cuando fue detenido su marido y se enteró de lo que le hacía. «Es una atrocidad, una barbarie que ha manchado el nombre del pueblo, un sitio apacible», dice la mujer.
GISÈLE, LA VALIENTE VÍCTIMA, A CARA DESCUBIERTA
Hasta aquí el retrato del monstruo. De momento, presunto. Luego hay otro relato, el de amor y horror de Gisèle Pélicot, que ha querido que el juicio sea público y ha acudido a testificar a cara descubierta. Lo hace «no para dar publicidad, sino para denunciar la sumisión química a la que muchas mujeres han sido sometidas». Para reclamar «que la justicia haga su parte».Gisèle vivía tranquila con su marido en Mazan. Se habían mudado allí tras la jubilación de ella, que había trabajado como gerente en una empresa de la región de París. Era ella la que llevaba el peso de la familia. Sus hijos les visitaban a menudo.
.CHRISTOPHE SIMONAFP
Ella dice que «era muy feliz», salvo porque tenía ausencias y lagunas mentales, que la inquietaban. Tenía también problemas ginecológicos. Ella estaba obsesionada con que tenía un principio de Alzheimer. Cuenta que un día su marido le hizo la cena y ella, cuando se despertó de la cama, no recordaba si había comido o no. Era todo muy extraño. Otro día supuestamente le escribió un mensaje a una amiga. Cuando esta se lo dijo, no lo recordaba. «No recordaba si había comido, qué había hecho».
CRÓNICA
EL CASO QUE CONSTERNA A FRANCIA
Dominique, el monstruo de Mazan que organizó la violación de su esposa (anestesiada) por 50 hombres (durante 10 años)
Ocurrió en un pueblo de 6.000 personas al sur de Francia que 'Crónica' recorre. La casa de los horrores, donde Gisèle era violada, estaba junto a un colegio. Allí aparcaban los acusados. "Te los cruzabas por la calle, sin sospechar", dice la panadera
Ilustración de la sala durante las comparecencias del juicio el pasado lunes.BENOIT PEYRUCQAFP
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Raquel VillaécijaMazan
Mazan
PREMIUM
Actualizado Lunes, 9 septiembre 2024 - 19:56
En el parking del colegio André Malraux aparcaban sus coches. Lo hacían cuando los niños ya no estaban en clase. Los estacionaban discretamente y se dirigían a la casa del matrimonio, a pocos metros. Allí les esperaba Dominique Pélicot, con su mujer, Gisèle, ya drogada en la cama, inconsciente. Ellos, hombres desconocidos y a los que el marido había encontrado y contactado en un foro de internet, la violaban. A veces era uno; a veces varios. Un tal Charly lo hizo seis veces. Todos eran en la zona. Después, con el mismo sigilo con el que habían llegado, recogían su coche del aparcamiento del centro infantil y se marchaban.
El matrimonio Pélicot, el reclutador y la mujer inconsciente, estuvieron juntos 50 años, tuvieron tres hijos, siete nietos. Él era comercial inmobiliario y electricista. Durante 10 años de ese medio siglo que compartieron se repitió la escena antes descrita en su casa de campo en Mazan, un pueblo de 6.000 habitantes del sur de Francia, situado a media hora de Aviñón. Un lugar convertido hoy en el centro mediático por las violaciones de Mazan, como se le llama en Francia a uno de los mayores casos de violencia sexual del país y cuyo juicio comenzó el lunes.
Entre julio de 2011 y octubre de 2020 este hombre drogó a su mujer para que otros hombres, además de él mismo, la violaran. Esta casa de los horrores está a pocos metros del colegio, situado a la entrada del pueblo, junto al estadio. Un vecino, estacionado en el parking, indica cuál es: una casa baja situada al lado de una agencia inmobiliaria. Las persianas están cerradas y tiene un pequeño jardín. La vecina indica que esa no es, que es otra justo al lado del colegio.
«Estamos todos muy sorprendidos, ella era clienta, claro que la conocíamos. Venía a comprar el pan, era muy amable, pero es verdad que a veces tenía un aspecto triste, como si siempre estuviera cansada», explica la dependienta de la panadería donde Gisèle Pélicot hacía sus compras. Su marido, describe la panadera, «era mucho más frío, más serio, pero nunca uno se puede imaginar qué hacía eso».
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«Es muy grave... Está claro que ese hombre debía tener serios problemas psicológicos, pero creo que también todos los hombres que aceptaban ir a violarla. ¿Cómo puede excitarte una mujer que está inconsciente?», se pregunta otro dependiente. Todos eran de Mazan y alrededores: padres de familia, jóvenes y mayores, con trabajos y vidas supuestamente normales. «Gente con la que te cruzas por la calle, con la que sales o hablas, sin sospechar nunca nada», relata la panadera.
'EL DIRECTOR DE ORQUESTA'
El jefe de la investigación, Jérémie Bosse-Platière, director de la Policía Judicial de Aviñón, declaró esta semana en la apertura del juicio que el caso presenta un «escenario típico de violación».Masiva, porque se ha localizado a 50 [que se sientan en el banquillo junto a Dominique], aunque se calcula que fueron más de 70. Algunos la violaron varias veces. Lo especificó porque la defensa alega que los hombres no sabían que no era consentido, pensaban que ella había aceptado ser drogada.
Su marido era el que los reclutaba. Lo hacía por internet. A lo largo de los años fue perfeccionando su modus operandi: los localizaba en una página web (el foro Coco.fr) y luego ya hablaban en privado. Él les explicaba lo que hacía: le daba somníferos a su mujer y la violaba. Además, la ponía a disposición de los desconocidos para que hicieran lo mismo. En los interrogatorios ha reconocido todo.
Lo que hizo durante 10 años, un quinto de esa vida en común, se ha sabido porque lo grabó todo e hizo fotos. A veces las intercambiaba con los otros. Los investigadores han tirado del hilo gracias a las más de 2.000 fotografías y vídeos que el director de orquesta (como lo definen el resto de acusados) tuvo el detalle de recopilar y dejar como rastro.

Dominique Pélicot (derecha) retratado durante el juicio en el que se le acusa de drogar a su esposa Gisèle durante casi 10 añosBENOIT PEYRUCQAFP
Había casi un manual de uso: además de aparcar discretamente, los hombres que habían aceptado violar a su mujer tenían que ir aseados, sin perfume ni olor a tabaco, sin nada que pudiese dejar pistas. Al entrar en casa, tenían que lavarse las manos con agua caliente, para que ella no apreciase la diferencia de temperatura. Él mismo ha declarado en los interrogatorios, que pocos se negaron a aceptar sus condiciones. Lo hicieron un par, que tampoco se molestaron en denunciarlo a la policía.
«Ninguno, ni uno solo de todos esos hombres, ninguno, tuvo la decencia de decir "aquí está pasando algo raro..." y denunciarlo. Ninguno. No me dan ninguna lástima», dijo Gisèle Pélicot este jueves, en su comparecencia ante el tribunal.
Todos ellos, los discípulos de su marido, alegan que no sabían que ella estaba drogada, pensaban que era un juego de la pareja. A lo mejor nada de esto se hubiera sabido si a Dominique P. no se le hubiera ocurrido un día ponerse a grabar a mujeres en un centro comercial en un pueblo cercano a Mazan. Un agente de seguridad le detuvo. La policía le confiscó el teléfono y empezó a tirar del hilo. Encontraron un pen drive con una carpeta titulada explícitamente «ABUS» (Abusos).
Los actos estaban meticulosamente etiquetados con títulos como el siguiente: Abus/nuit 09/06/2020 avec Charly 6 fois (Abusos noche del 09/06/2020 con Charly, sexta vez). Ese individuo, así como otros de los 51 que los agentes pudieron identificar (de una lista de 83), se enfrentan a penas de prisión de 20 años por violación. Declararán los próximos días en el proceso, que durará hasta diciembre.
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LOS VIOLADORES DE VAUCLUSE
El más joven tenía 26 años (ella 60), el mayor, 73. Todos vivían en la región de Vaucluse, a la que pertenece Mazan. El periódico Le Monde ha tenido acceso a algunos de los perfiles. Tenían profesiones diversas: bombero, militar, obrero de la construcción, enfermero, camioneros, periodista. Hay asalariados de empresas y hasta un consejero municipal. Señores que presumían de vida ejemplar, muchos con vidas acomodadas. A cinco de ellos los investigadores les han encontrado imágenes pedófilas en sus ordenadores.Es el caso, por ejemplo, del periodista y del bombero. Este último intentó que su pareja recuperara su ordenador en el parque de bomberos antes de que lo requisara la policía. Esta fue más rápida y encontró varias fotos de niños y unas conversaciones en las que éste negociaba con otro individuo violar a su hija de 15 años. En algunos de los vídeos, según los investigadores sí preguntaban al marido por qué ella no se despierta. «Hace años que lo hago así», responde él. Varios de los acusados sí han reconocido tener una sexualidad «fuera de lo normal» pero la mayoría elude su responsabilidad.
Los investigadores franceses siguen tirando de la cuerda, que parece no tener fin: ahora son la hija del acusado y su nuera las que creen que podrían haber sido víctimas también de violación. Incluso sus nietos. La policía encontró vídeos de ellas y de los niños, pero el principal acusado, desde la cárcel, lo ha negado. La hija, Caroline, ha definido a su padre como «uno de los mayores depredadores sexuales».
«Da bastante miedo, porque eran muchos y todos de la zona. Hombres que te cruzas por la calle y que parecen normales, pero que luego pactan con un señor acostarse con su mujer de 60 años, inconsciente», declara la encargada de un bar, que, como la mayoría, asegura no conocer al matrimonio. Ella se mudó cuando fue detenido su marido y se enteró de lo que le hacía. «Es una atrocidad, una barbarie que ha manchado el nombre del pueblo, un sitio apacible», dice la mujer.
GISÈLE, LA VALIENTE VÍCTIMA, A CARA DESCUBIERTA
Hasta aquí el retrato del monstruo. De momento, presunto. Luego hay otro relato, el de amor y horror de Gisèle Pélicot, que ha querido que el juicio sea público y ha acudido a testificar a cara descubierta. Lo hace «no para dar publicidad, sino para denunciar la sumisión química a la que muchas mujeres han sido sometidas». Para reclamar «que la justicia haga su parte».Gisèle vivía tranquila con su marido en Mazan. Se habían mudado allí tras la jubilación de ella, que había trabajado como gerente en una empresa de la región de París. Era ella la que llevaba el peso de la familia. Sus hijos les visitaban a menudo.

Gisèle, la víctima de la violación masiva entrando en el juzgado.CHRISTOPHE SIMONAFP
Ella dice que «era muy feliz», salvo porque tenía ausencias y lagunas mentales, que la inquietaban. Tenía también problemas ginecológicos. Ella estaba obsesionada con que tenía un principio de Alzheimer. Cuenta que un día su marido le hizo la cena y ella, cuando se despertó de la cama, no recordaba si había comido o no. Era todo muy extraño. Otro día supuestamente le escribió un mensaje a una amiga. Cuando esta se lo dijo, no lo recordaba. «No recordaba si había comido, qué había hecho».
LOS MÉDICOS QUE NO LE ENCONTRARON NADA Y SU "BRAZO MEDIO MUERTO"
Fue varias veces al médico y se sometió a distintas pruebas. No le encontraron nada. Cada vez que cogía el tren para ir a la región parisina tenía «una sensación de angustia». «Tenía que hacer una parada antes y siempre me preocupaba, porque no sabía si iba a acabar en Lyon», declaró el jueves.Sus hijos le han contado que un día, durante una cena, «tenía el brazo medio muerto, no era capaz de sujetar la copa de vino. Se fueron muy preocupados». Otro día, recuerda ella, le dijo a su marido de broma, tras uno de sus despistes: «¿No me habrás echado algo en la copa?». Los abogados de la defensa, el jueves, le preguntaron si su consumo de alcohol era alto entonces. Gisèle, además de olvidos, tenía fatiga crónica, se levantaba devastada y a menudo tenía infecciones vaginales, dolores en el vientre.
Su marido animaba a sus discípulos a no utilizar protección. En la revisión posterior a la detención del individuo, el médico que revisó a Gisèle vio que tenía varias enfermedades de transmisión sexual. Ella ha descrito esta revisión como «algo absolutamente humillante». «Al no tomar protección, mi vida estaba en riesgo».
LA REVELACIÓN
Durante 10 años vivió este infierno sin saberlo. Un 2 de noviembre la llamaron de la comisaría. «Queremos mostrarle algunas fotos». Lo siguiente es el relato de cómo ella recuerda el día en el que «todo se vino abajo, los últimos 50 años» de su vida.«Llegamos a la comisaría. Esperamos un rato. Me preguntaron cómo definiría a mi marido (...) Pasó una hora, no entendía nada. Me preguntaron si tenía una sexualidad normal. Si practicábamos intercambio. Les dije que nunca, que soy mujer de un solo hombre».
«"Le voy a mostrar cosas que no le van a gustar", me dijo el policía. Y me empezó a mostrar algunas fotografías».
—«Señora, ¿se reconoce usted en esta foto?»
«Yo le contesté que no reconocía a la mujer ni a la persona que estaba al lado».
—«Señora, mire bien la foto. Es usted».
«No reconocí a la persona que estaba a mi lado. Me enseñó dos más. Yo estaba en mi cama, inerte, dormida y había un hombre que estaba a punto de violarme. Estaba en un estado de shock. Para mí, en ese momento, todo se derrumbó, todo lo que habíamos construido durante 50 años. Teníamos tres hijos y siete nietos. No entendía nada, me quisieron enseñar un vídeo, pero yo dijo que no podía», explica Gisèle.
Hace cuatro años de ello. No ha vuelto a tener ausencias. Gisèle Pèlicot ha narrado cómo está siendo este proceso de intento de reconstrucción. Ha descrito los vídeos y las fotos como «escenas de horror, de violaciones insoportables en las que hay dos, tres hombres, sobre mí. Yo estoy anestesiada, no entro en los detalles porque no es mi rol, pero no son escenas de s*x*, son escenas de violación», relata Gisèle.
LOS ACUSADOS SE TAPAN LA CARA CON LA MANO EN LA SALA...
Asegura ser «un campo en ruinas». Ella ha comparecido a cara descubierta, ha mirado directamente a la cara al tribunal. A los acusados se les ha visto en la sala tapándose la cara con la mano e intentado cubrirse. Ella ha afirmado antes del juicio que «es hora de que la vergüenza cambie de bando».A su marido se refiere como monsieur Pélicot. Un hombre al que conoció cuando tenía 18 años, «seductor». Fue su primer amor, y estuvieron 50 años. «He sido mujer de un solo hombre (...) Todo lo hemos descubierto juntos», declaró en el juicio. Va a cambiarse el apellido y recuperar el de soltera cuando acabe el proceso.
Este caso es importante, no sólo por los hechos, sino porque muchas asociaciones feministas quieren cambiar la ley sobre los delitos sexuales y que se incluya como violación el s*x* sin consentimiento. En Francia, una violación es «un acto de penetración sexual cometido con violencia, amenaza o sorpresa». Hace unos meses se descubrió que un senador había drogado a una diputada para aprovecharse de ella en su casa, introduciéndole éxtasis en la copa de champán.
jueves, ante el juez, declaró que le resultaba insoportable que alguien pueda pensar que ella consentía esas prácticas: «¿Es que usted cree, señor juez, que hay alguna mujer en el mundo que pueda aceptar una situación como la que yo he vivido?», interrogó. «¿Qué mujer merece algo así? (...) Yo era su muñeca, una bolsa de basura».
En Mazan son esquivos con el caso. Ni en la peluquería, ni en el estanco, ni en el bar, ni tampoco en el veterinario, a pesar de que Gisèle tenía gato y perro. Estos animales la ayudaron a digerir lo que le habían hecho los humanos. El primero fue el que la acompañó cuando se fue de Mazan, poco después de descubrir lo que le había hecho su marido.
LA DESPEDIDA
«Dejé mi casa y me encontré con dos maletas y un gato en la estación de tren: es todo lo que me quedaba de 50 años de vida. Sin identidad, sin saber dónde estaba y a dónde iba». Después, en los meses que siguieron, un bulldog francés la ayudó a salir del hoyo. «Poco a poco empecé a salir, a sacar a mi perro. Lo remarco porque sin él no estaría hoy aquí: él me dio la fuerza cuando empecé a salir a la calle, iba a pasear o a la panadería, él me acompañaba», dijo.Gisèle nació en 1952 Alemania, su padre era militar y su madre murió cuando ella era una niña de un cáncer. «Yo tenía nueve años y mi madre tenía cáncer. Cuando pensaba que tenía Alzheimer y hacía el paralelismo con la enfermedad, pensaba: "tú has perdido a tu madre, pero al menos has podido ver crecer a tus hijos". Quizá esto no le interese a nadie, pero yo perdí a mi madre, aunque siempre estuve rodeada de amor. Dominique no, su padre era autoritario y un tirano. Creo que eso ha influido».
Catthy lleva desde el pasado lunes, cuando comenzó el juicio en el tribunal de Justicia de Aviñón, retratando en la sala a los acusados y a la víctima durante las comparecencias. Sigue todas las audiencias y hace bocetos, porque le gusta «captar la emoción que hay dentro de estas salas, donde todo pasa, en los que testifican, los acusados y las víctimas». El jueves salió con lágrimas en los ojos tras escuchar el testimonio de Gisèle Pélicot, «digna y valiente, resiliente». Volverá la semana que viene, cuando le toque comparecer a Dominique Pélicot y al resto de acusados.