A sus 80 años,
Alfonso López Benito disfrutaba de su jubilación como
canónigo emérito en Valencia, tras acceder en 2015 al Cabildo, un órgano eclesiástico formado por sacerdotes cuyo fin es asistir al arzobispo y «dar a Dios, en la Catedral, un culto más solemne». El lunes por la tarde no acudió, como era habitual, a la procesión por la festividad de San Vicente Mártir, patrón de la ciudad. Los investigadores creen que, entonces, ya estaba muerto.
Un amigo, preocupado al no conseguir contactar con él, entró a su domicilio el martes por la mañana junto al portero de la finca. Allí encontraron el cadáver en la cama, con signos de estrangulamiento. La autopsia confirma la
muerte por asfixia. Se sospecha que con una almohada. Ni la puerta del portal ni la de la vivienda estaban forzadas. La casa tampoco estaba revuelta y la calefacción seguía encendida. Lo único que no encontraron en su sitio fue el teléfono móvil de la víctima.
Poco más de veinticuatro horas después, la Policía consiguió detener al, de momento, principal sospechoso del crimen. Un hombre de alrededor de 40 años, de origen extranjero, que
frecuentaba el piso y con el que supuestamente la víctima habría mantenido encuentros de índole sexual en alguna ocasión. No obstante, todavía se desconoce qué delitos concretos se le atribuyen, como confirmó ayer jueves la delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Pilar Bernabé.
El arrestado había pagado consumiciones en un bar con la tarjeta del párroco y
tenía en su poder el móvil desaparecido, con el que habría enviado mensajes a conocidos incluso cuando ya se había descubierto el cuerpo sin vida del cura. En uno de ellos, suplantando la identidad del fallecido, informaba de su intención de pasar unos días fuera de casa. El rastro del terminal ha sido clave para el Grupo de Homicidios de la Policía Judicial de Valencia, que sigue con las pesquisas bajo secreto de sumario tras indagar entre el círculo de jóvenes que acudían e incluso pernoctaban en la casa. Los agentes tratan de averiguar si el sacerdote les ofrecía dinero a cambio de s*x* o, por el contrario, fue víctima de uno de los necesitados a los que ofrecía su caridad.
Don Alfonso no vivía con el resto de los canónigos por una cuestión de espacio, pero el piso del centro histórico en el que residía –en la calle Avellanas y propiedad de la diócesis– se sitúa muy cerca del Palacio Arzobispal, en el mismo inmueble en el que tiene su sede la delegación diocesana de Misiones.
Los vecinos se habían quejado en muchas ocasiones de los problemas que ocasionaban las visitas de personas con antecedentes o con síndrome de abstinencia al piso de López Benito para que éste les prestase dinero. En alguna ocasión, años atrás, el sacerdote llegó a recibir amenazas de una de ellas.
El Arzobispado, conocedor de la situación, había intentado mediar para apaciguar la convivencia en la finca y había pedido sin éxito al eclesiástico que cesara este tipo de comportamientos, argumentando que la iglesia tiene recursos para ayudar a gente vulnerable. Sin embargo, el párroco hizo caso omiso.
En un comunicado, el Arzobispado de Valencia señaló ayer que no dispone de «comunicación oficial» sobre la detención del miércoles y manifiestó que es «el mayor interesado en el esclarecimiento de las circunstancias de la muerte del canónigo emérito», por lo que sigue a disposición de las autoridades policiales y judiciales. Al mismo tiempo, transmitió las condolencias a la familia, «que determinará cómo se procederá en los próximos días respecto a la celebración de las exequias».
Alfonso López, natural de la capital del Turia, donde recibió la ordenación sacerdotal en 1969, era doctor en Derecho Canónico y escribió varios libros. Entre 1999 y 2015, fue canónigo de la colegiata-parroquia de San Bartolomé Apóstol y San Miguel Arcángel. También fue párroco en varias localidades valencianas y profesor en el Instituto de Estudios Jurídicos de Valencia y en la facultad de Derecho Canónico. Además, trabajó en el Tribunal Eclesiástico de la archidiócesis.