Las castas de San Pedro, Juan. O de Mon Dylan. O de quien corresponda.
Un tuit que escribió Faly Figuier: Juan Carlos no era uno de los míos y lo he llorado como si lo fuese.
Juan, te mandaría al carajo si no fuese porque no es a ti a quien quiero mandar.
Yo, que no he sío juancarlista; bueno, ni juancarlista, ni ná. Qué de pamplinas tenemo en Carnaval. Y que mi gusto ordenao es: la calle, las pamplina de la calle (que no botellona)... Y de lo que sale del Falla, primero el cuarteto y después, la chirigota. Y las comparsas güenas también, claro. Y las malas. Las del montón del medio no, ésas ni con los canuto marrone. Y los coros en el carrusel , que son tos güenos. Hasta los que duran hora y media en el teatro.
La droga es un problema. Pero un problema depende.
Qué bastinazo de chirigota; y ha tenío que ser la última.
Quién me explica por qué carajo no he podío parar de llorar. Desde hace una semana.
Que yo no he hablao en mi vía con Juan Carlos. Lo he visto de lejos, y de cerca, y más ná. Ni intención de acercarme nunca.
Que yo me he enamorao de Los Carnívales de Ares este año pero to el mundo sabe que don Antonio nos guarda una tragedia por algún lao y en esto que la ves venir que ya voy pensando yo pa mí:
Antonio, picha, la pala enterrar déjamela guardaíta en casa, arfavó.
Y Juan Carlos no tenía pala, ni en casa, ni en ningún lao. Y siempre le he estao agradecía por ello.
Y la estaca en el corazón que se me ha clavado es suya. Del último que me esperaba hacerme romper a llorar.
Claro que hay mucho más transfondo con él y con su obra, y que pa mí se quea, de ahí que estemo como estamo muchos de los que estamo como estamo.
A mí se me ha roto el alma, así os lo digo. Me he llegao a pensar que yo no estoy bien del coco o algo.
Una semana va a ser hoy y no me puedo creer el vacío que hay. Pienso en su nombre con apellido y tengo que obligarme a poner el verbo que vi en aquel titular porque no consigo asimilarlo. El tiempo tal y cual... Jí, ya. Lo sé. Lo he sufrido. Lo sigo haciendo. A nivel personal. Pero hay pérdidas que van más allá del tiempo. Y ésta es una. Y lo estoy diciendo yo, que no soy nadie...
Ya puedes estar dando bien por culo en el cielo porque aquí nos has dejao a la mitá llorando y la otra mitá sin lágrimas ya. Como dicen mis amigos madrileños, ya puede rentar el tema, porque viá estar acordándome de las castas der Mon Dylan lo que me quede por aquí.
He terminao en este rincón del interné desahogándome porque sé que asquí no me va a leer nadie y pa nadie escribo en verdá.
Me pilla to en horas bajita, las cosas como son, y las razone no son muy diferente, así que encima te piensa: más allá del Juan Carlos de los versos, de la guitarra, de la Torre de Preferensia, del que llegó a la gente por ser quien era, como era y lo que fue. Más allá de eso, un chavá, de 50 años, uno má, con esposa, hijos, uno de dos meses... Amoavé, ehn, MonDylan, ar caraho tú y to los que son como tú.
He escrito hasiendo mal uso del lenguaje con to la intención. Y porque no hay audio, que le meto la entonasión der Chele Vara.
Cuidad de esa familia, la buena, la de su mujer, sus hijos, y la de sus buenos seguidores, su chusma, la selecta y la que no, algunos lo son y no lo saben, (otros no saben ni por dónde les da el aire y los he visto asomaos a la ventana de la hipocresía, que ya iremo con el puntito en la boca, no preocuparse -lo digo por gente que conozco directamente, no por nadie ajín conocío de arriba-, ara to er mundo se había tomao un nestea fresquito con él, jí); y cuidadme mucho a Javi, al Kanika, a los demás..., ellos son su familia también.
Y a er cómo se cuida lo que tenemos, lo que nos ha dejado; qué tela de complicao esto.
Cosa más bonita, más elegante y con tanto cariño el comunicado de su esposa.
Y cierro. Cito al propio Juan Carlos (
ante el fallecimiento de otro poeta joven hace un par de años):
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Ninguno de sus amigos lo esperábamos. No le tocaba.
Pero cuando alguien es, ante todo, espíritu, se disuelve hasta el criterio para considerar cuando le toca. Por desgracia, una parte de su entorno allegado tampoco lo ha entendido. En especial, quienes dieron la noticia.
El poeta no ha muerto. Solo ha sido la carne, la sangre, el aliento. Que no es poco. Pero no es todo. Esto no puede decirse de todos. Por tanto, es mucho.
(...)
No es saber que hay un ojo, un oído, un corazón de menos, sino saber que es el suyo. Por más que afirmo la hegemonía del espíritu sobre la carne, aún conservo lucidez para entender que
sin carne el papel del espíritu se reduce al que ha dejado impreso —no sólo en las páginas de los libros, sino en los espíritus adyacentes—.
Mi dolor es metafísico de saber que no imprimirá ninguno más. Pero es un dolor acompañado por un bastón que me ayuda a caminar por este desierto de chapas, adoquines y cencerros humanos. La muerte es otra de mis objeciones contra la igualdad, quizá mi argumento insuperable: no es la vida, sino la muerte la que definitivamente explica por qué no todos somos iguales, y menos mal. La puñetera muerte viene a confirmar que entre nosotros los hubo iguales y mejores, solo con huesos y con huesos y espíritu.
(...)
Pretender es el verbo que anuncia el fracaso. Cuando las cosas se consiguen no es necesario si quiera pretenderlas. De hecho,
llevo una semana pretendiendo olvidarme de Nacho, pero acudiendo de súbito a la estantería y releyendo los poemas del libro que me dedicó, y hallando en ellos un sentido más infinito que póstumo, aunque esto que acabo de decir tampoco lo entiendan los que no tienen espíritu. Me da igual. Hoy no estoy escribiendo para ellos.
“Algo se muere en el alma cuando un amigo se va” es uno de los versos más sublimes que he leído —oído— en mi vida.
Soy de los que defiende que la poesía cantada es doble, y que el verso no necesita música, pero si la lleva mejor. La música es otra poesía, no gráfica sino cósmica, que se lleva de maravilla con la palabra. Nacieron para estar juntas eternamente, como dos enamorados pingüinos. Pero
si en el alma se muere algo cuando se va un amigo, si el amigo es —además— poeta, no se muere algo, sino bastante. Y ese hueco ya no se llena con nada ni con nadie. El hueco, el recuerdo, es ya el consuelo único que ejerce de compañía y fortaleza, para seguir, aunque aún entre los tumbos te preguntes para qué o adónde.
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Hasta y por siempre, Juan.