35 millones de personas votaron por la destrucción de las instituciones. Algunas lo hicieron convencidas, muchas otras de la mano del poder en coacción de voto. Pero, al final, fue la gran mayoría.
En septiembre nos despediremos de la Suprema Corte, del INE, del INAI y de todo organismo autónomo que acote el poder. ¿Por qué? Porque la mayoría está contenta, porque creen que este es el camino correcto para el país.
Es muy difícil explicarles a esos 35 millones que, si el país cuenta con cierta estabilidad económica, social y política, es precisamente por ese entramado institucional que acota al poder. Pero la mayoría solo responde al impulso de quien les ha regalado dinero público con el que, según Denise Maerker, les ha cambiado la vida.
De nada servirá ya criticar al gobierno, señalar sus errores y evidenciar sus atropellos. Será, quizás, hasta peligroso hacerlo.
Vean nada más cómo los medios ahora están tratando de normalizar que la gente votó en masa por un proyecto que logró un desastre de país pero les regaló dinero a nombre del presidente. Algo que durante años se peleó para evitar que la ayuda del gobierno tuviera efecto electoral, hoy se normaliza, se acepta y hasta se reconoce como una gran estrategia.
Esto ya se acabó, no tiene ningún caso defender una idea de país que, según su mayoría, no está en ningún riesgo.
Vuelta a la página y esperar lo mejor... o no.