Capítulo VII – Del "tu imaginación calenturienta" al "¿te ha dado tiempo a deshacerte de eso?". Las grabaciones manipuladas que sólo contaban medias verdades.
La conversación grabada entre Rosario Porto y Alfonso Basterra en los calabozos de la Guardia Civil fue desde sus inicios una pieza más que polémica y controvertida debido a la manipulación y tergiversación que sufrió en manos de algunos medios de comunicación. A pesar de que las grabaciones fueron anuladas por la Audiencia de A Coruña por vulnerar el derecho a la intimidad de los acusados, fragmentos seleccionados y reinterpretados circularon ampliamente por los medios de todo el país, lo que generó una percepción pública sesgada que influyó en la opinión sobre su presunta culpabilidad.
Tal y como recuerda el profesor Peña, fue en octubre de 2013 cuando un conocido programa de televisión (ejem, Susana Griso…) transmitió una reconstrucción de esta conversación, utilizando actores que interpretaban las supuestas palabras de Rosario y Alfonso. Sin embargo, en este montaje, el diálogo fue modificado significativamente, y es que los guionistas añadieron frases que nunca aparecieron en la transcripción oficial de la Guardia Civil.
Alfonso: Tranquila, toda va a salir bien, y volveremos a casa, tranquila.
Rosario.: ¿Quién puede estar haciéndonos esto?
A.: No lo sé, nena. Pero por eso mismo hay que tener mucha calma. Yo te quiero y tú me quieres.
R.: Eso es lo más importante pero el problema es… que tienen que tener… no sé.
A.: Calma. ¡Calma! Descansar y ser fuerte.
R.: No te dio tiempo a eso, ¿verdad?
A.: ¿Eh?
R.: No te dio tiempo.
A.: No. Deja la mente en blanco. No pienses en nada ni en nadie. Y esa es la mejor forma de estar relajada.
La frase “Tú y tus jueguecitos… ¿Te ha dado tiempo a deshacerte de eso?” atribuida a Rosario fue una de las invenciones más impactantes y que más repercusión generó, pues sugería una implicación directa de Alfonso en el crimen y la eliminación de pruebas o en actividades comprometedoras.
Sin embargo, lo cierto es que esta frase jamás fue pronunciada, y Rosario, en cambio, dijo algo mucho menos comprometedor: “No tuviste tiempo para hacer eso, ¿verdad?”, refiriéndose, tal y como explicó más tarde la propia Rosario, a que había pedido a su ex marido que borrara de la bandeja de entrada todos los correos electrónicos entre ella y su amante, algo que no tiene relación directa con el caso. Pese a esto, la inclusión de esta versión inventada en dicho programa televisivo fue interpretada como un reconocimiento de culpabilidad por parte de la audiencia, una idea que se extendió rápidamente en otros medios, incluyendo telediarios y publicaciones nacionales, que replicaron la frase sin cuestionarla.
La manipulación del diálogo generó una imagen pública (aún más) nefasta para Alfonso que contribuyó a la construcción de una narrativa incriminatoria contra él y lógicamente también contra Rosario.
En lugar de presentar una conversación entre dos personas angustiadas que intentan entender lo que les está sucediendo, la recreación transmitida al público reforzó la teoría de que ambos habían actuado en complicidad para asesinar a su hija.
Rosario: Vale. Una cosa, Alfonso.
Alfonso: ¿Qué, mi vida?
R.: ¿Tú no saliste en toda la tarde de casa?
A.: No, qué va, tranquila.
R.: Estás seguro, ¿verdad?, Alfonso.
A.: Te doy mi palabra de honor, nena. Tienes mi palabra de honor, Charo, que no salí de casa.
Esta versión, creada para el espectáculo mediático, omitió elementos cruciales que reflejan la falta de coordinación entre Rosario y Alfonso y su desconcierto ante la situación. Rosario, por ejemplo, pregunta repetidamente a Alfonso si había salido de casa la tarde de los hechos, obteniendo de él una confirmación rotunda: “Te doy mi palabra de honor, Charo, que no salí de casa”. Si ambos se hubieran reunido, como sugieren algunos informes, para llevar a cabo el asesinato de Asunta, esta pregunta carecería de sentido.
Por otro lado, la insistencia de Rosario en conocer la ubicación de Alfonso contradice la idea de que ambos actuaron juntos, dejando entrever la posibilidad de que no existiera un plan coordinado entre los dos.
“Si Rosario hace esta pregunta e insiste, es porque no sabe si Alfonso ha salido. Si se hubieran juntado en pleno centro de Santiago de Compostela para meter a la hija en el coche, este breve diálogo no tendría sentido”, argumenta Peña.
Otra distorsión significativa tiene que ver con la supuesta “falta de emoción” en la voz de Alfonso, una afirmación que (cómo no) ciertos medios utilizaron para argumentar que el padre de Asunta mostraba una frialdad sospechosa. Sin embargo, en la conversación real, Alfonso parece asumir un papel de apoyo y protección hacia Rosario, insistiendo en que mantuvieran la calma y la confianza mutua ante la adversidad.
Le recomienda que no diga nada comprometedor, y que se enfoque en mantenerse serena y fuerte, sugiriendo que sigan el consejo de su abogado y limiten sus declaraciones para no perjudicarse. Esta recomendación, que aparece en las transcripciones como un consejo práctico, fue tergiversada en los medios como una especie de “pacto de silencio” entre ambos, algo que tal y como explica el profesor Peña, jamás existió.
“Pese a las interpretaciones de la prensa, Alfonso no propone a Rosario un pacto de silencio, sino un pacto de confianza: no perdamos la confianza mutua, no empecemos a acusarnos el uno al otro, digamos al juez la verdad, sólo la verdad, sin liarnos con otros asuntos privados que no vienen a cuento, porque ese es el mejor camino para salir pronto de esta situación. En realidad, Alfonso le está repitiendo el consejo que le ha dado su abogado, el mismo que dan todos los abogados a todos los detenidos”, comenta este.
Esto continuó alimentando la narrativa de que existía un acuerdo entre ellos para ocultar la verdad. En realidad, tal y como apunta el profesor, Alfonso no pide a Rosario que calle sobre hechos comprometedores, sino que mantenga la calma y evite hablar sobre temas que podrían ser malinterpretados en su contra.
Rosario.: Ya, pero tu imaginación calenturienta nos va a generar, nos va a generar muchos problemas.
Alfonso.: ¿Cómo?
R.: Tu imaginación calenturienta, que nos va a generar muchos problemas.
A.: Bueno. Pues, por eso…
R.: Muchos.
La famosa expresión de la “imaginación calenturienta” de Alfonso, que Rosario utiliza en un momento de la conversación para referirse a los mensajes y reproches que Alfonso le hizo durante su proceso de divorcio, también fue otro de los grandes filones explotados hasta la saciedad por los distintos medios, ya que se daba a entender que esa más que explotada faceta de Alfonso como una suerte de pervertido sexual era cierta, así como que incluso su mujer podría estar al tanto de la misma.
“Como sabemos, en castellano la expresión «imaginación calenturienta» se puede referir fácilmente a alguien que piensa mucho en s*x*, pero también se usa en otros contextos: un científico con mucha inventiva o una persona muy soñadora. Si leemos toda la conversación, vemos que no está hablando de s*x*, ella le dice que su imaginación calenturienta les va a causar problemas porque él, durante el divorcio, había vertido mensajes con graves acusaciones contra ella”, argumenta Peña, quien añade que Rosario “pretendía que había ido al calabozo por esas frases, cuando ella sabía muy bien que había sido detenida por mentir a la policía sobre la hora en que había dejado a su hija”.
En estos mensajes, Alfonso la acusaba en tono sarcástico de querer “ahogarlo con un cojín”, una expresión que, tras la autopsia de Asunta, tomó un significado completamente diferente al haber sido interpretada como una referencia directa a la causa de muerte de Asunta.
La expresión, utilizada originalmente en un contexto de resentimientos de pareja, fue de igual forma distorsionada para insinuar que podría tener una connotación sexual o morbosa, un giro que, al difundirse masivamente en los medios, influyó negativamente en la percepción pública de Alfonso y Rosario, generando una atmósfera de sospecha en torno a ellos.
Además de estas manipulaciones evidentes, los medios también omitieron aspectos de la conversación que “favorecían” a los acusados. Estos, siguiendo la línea que predominó durante toda la cobertura del caso, eligieron convenientemente enfocarse en los detalles manipulados de la conversación, presentando una imagen de ambos padres como fríos y calculadores, sin empatía por su hija fallecida.
Para más inri, la grabación de las conversaciones en los calabozos, que fue posteriormente declarada nula, fue realizada de manera apresurada y sin la fundamentación legal adecuada, un hecho que la Audiencia de A Coruña consideró como una violación del derecho a la intimidad de los acusados.
“Resulta que el juez instructor deseaba sonsacar al sospechoso alguna información comprometedora sobre Rosario o él mismo, pero éste, por consejo de su abogado, se negó a prestar declaración; un consejo sensato, teniendo en cuenta que en unas horas pasaría de testigo a imputado y que nadie tiene obligación de declarar cuando se investiga a un familiar. Así que al juez se le ocurrió un ingenioso truco: hizo detener a Alfonso Basterra y lo puso en un calabozo junto al de su mujer, con una autorización para la “sonorización de calabozos”, o sea, para grabar todo lo que se dijeran”, comenta Peña.
“No se cumplieron los requisitos marcados en la jurisprudencia constitucional”, “ni la ley de enjuiciamiento criminal ni la ley general penitenciaria dan amparo legal a la grabación de conversaciones de detenidos en calabozos policiales cuando solo existen meras hipótesis objetivas”, dictó la Audiencia, si bien, tal y como critica el profesor, el juez instructor “tenía cierta prisa por oír cantar a Alfonso Basterra, ya que lo ordenó con un auto en que faltaba la fundamentación, por tanto, nulo de pleno derecho. Una semana después lo ‘arregló’ con un segundo escrito”.
A pesar de esta nulidad, fragmentos de la conversación circularon ampliamente por televisión, radio y prensa y la manipulación mediática convirtió este diálogo en un juicio paralelo, generando una imagen de culpabilidad que influyó, consciente o inconscientemente, en la percepción de la audiencia y en el jurado que participaría en el juicio.
El clima mediático creado en torno a estas grabaciones contribuyó a construir una narrativa de culpabilidad que se extendió y reforzó a lo largo del proceso judicial, en el que la sociedad española ya había sido expuesta a una imagen distorsionada basada en titulares y titulares sensacionalistas y acusatorios.
Así, tal y como argumenta el profesor Peña, las pruebas que podrían haber sugerido la inocencia Alfonso o, al menos, la falta de pruebas concluyentes de su implicación, fueron relegadas a un segundo plano frente a una narrativa que enfatizaba la casi certeza de su culpabilidad.
En este caso, además del ya comentado poder de los medios para influir en la opinión pública y en el desarrollo de un juicio, hay que sumar la manipulación de las conversaciones y la omisión de elementos clave favorecieron la construcción de una narrativa acusatoria desde el minuto uno.
Y es que un elemento más dentro de todo este proceso fue precisamente la divulgación de fragmentos manipulados y de invenciones puramente dramáticas, algo que contribuyó más aún a la imposibilidad de que Alfonso (y también podríamos reconocer que Rosario) fuesen juzgados en un ambiente imparcial.
Último capítulo - Las 16 razones que nos hacen cuestionarnos que Alfonso sea culpable
Durante la última semana hemos tratado de desgranar punto por punto, apoyados en el inestimable trabajo del profesor Peña, todas las incógnitas, incongruencias, lagunas y demás detalles inconclusos acerca del trágico crimen de Asunta.
Todo esto, además, ha venido aderezado con la premisa que presentamos hace ya una semana y con la que justo iniciamos este informe: cuestionar la culpabilidad de Alfonso.
A lo largo de dicho informe hemos tratado de presentar a los lectores algunas de las claves en este sentido. Recuperando datos, corroborando, analizando y buscando una perspectiva diferente y hasta la fecha inédita acerca de lo que fue uno de los mayores (por no decir el mayor) y más controvertidos casos criminales de la historia de la capital compostelana.
Es justo por eso que hoy, domingo, y a modo de cierre para este informe, iremos directamente a los hechos, a las claves, al grano en lugar de a la Paj* y trataremos y resumiremos uno por uno todo cuanto sabemos, todo cuanto hemos recabado al respecto con la ayuda del profesor Peña y, principalmente, todos los indicios que nos llevaron a hacernos la pregunta que planteamos hace ya una semana: ¿Y si Alfonso Basterra no es tan culpable como dice la sentencia?
16 RAZONES
1 – “
Alfonso Basterra fue juzgado tras un aluvión de noticias morbosas e inexactas durante dos años. Era imposible conseguir un jurado imparcial, que es garantía y requisito indispensable de un juicio justo”, sentencia el profesor Peña. A este respecto, nadie puede negar la cantidad de artículos y programas en los medios de comunicación más difundidos del país, donde Alfonso apareció como asesino y una suerte de monstruo depravado pederasta durante dos años antes de que el juicio se celebrara. Ningún jurado de nueve personas elegidas al azar entre la población poco culta de nuestro país puede ser imparcial tras dos años de titulares condenatorios.
2 –
Los horarios no cuadran. Asunta salió andando de casa de Alfonso Basterra a las 17:15, por lo tanto no le dieron el orfidal durante la comida. “No tiene ningún sentido drogar a alguien con tranquilizantes para matarlo unas horas más tarde y luego dejar que se aleje, sin controlarlo. Dejaron a su hija irse a casa sola, disponía de teléfono fijo y celular, podría haber hablado con cualquiera. Sería un caso único en la historia, no estamos hablando de un detallito sino de algo verdaderamente absurdo y que requeriría pruebas muy convincentes”, destaca el profesor Peña.
El sedante que tomó no le habría permitido caminar si lo hubiera tomado cuarenta minutos antes de salir de casa de Alfonso, según la declaración de las expertas en toxicología. Una hora después la niña caminó hasta el coche y si hubiera tomado una doble sobredosis de orfidal en casa del padre, no habría podido caminar más de una hora después de haber salido de casa del padre.
“No sólo eso, para afirmar algo en un juicio hay que probarlo. El jurado consideró que la niña había tomado el tranquilizante en casa del padre, sin embargo, no hay ninguna prueba del momento exacto en que se ingirió, aunque si caminó entre las 18:14 y las 18:20 debió de haberlo tomado mucho después de las 17:15”, destaca Peña.
3 –
El jurado condenó a Alfonso Basterra por ir con Rosario y la hija a la finca, pero no hay ni una sola evidencia que demuestre que este estuvo allí.
“La cámara grabó a Rosario y una persona bajita con camiseta blanca, que fue reconocida como Asunta, pero a nadie más. El jurado consideró que el padre, si no se le veía, podía ir escondido en la parte trasera, pero el tribunal superior y el supremo lo rechazaron, como “razonamiento poco racional”, destaca el profesor, quien insiste en que “no hay pruebas de que Alfonso acompañase a Rosario y hay pruebas de que el jurado actuaba irracionalmente, no se basaba en pruebas sino en prejuicios”.
Alfonso Basterra captado por la cámara de seguridad de un banco buscando a Asunta la noche en que se conoció su desaparición, pasadas las 21,00 horas.
4 –
No hay grabaciones de las 37 cámaras analizadas que demuestren que Alfonso Basterra salió de su casa aquella tarde. El testimonio de una testigo que afirmó ver a Asunta y su padre juntos la tarde del crimen presenta múltiples incongruencias. La testigo dijo haberlos visto después de comprar unas zapatillas, cuya hora de pago (18:23) no coincide con el momento en que una cámara registró el coche de la madre alejándose de la ciudad a las 18:20 p.m., con Asunta en su interior. Además, otra cámara la captó a las 18:25 p.m. en la misma zona, contradiciendo su relato. La policía, que no verificó la hora de compra del ticket, tampoco comunicó estos detalles a la defensa, en contravención de las leyes procesales. A pesar de estas incoherencias, este testimonio fue tratado como creíble en el juicio, omitiéndose la posibilidad de que Asunta bajase al coche con su madre directamente desde su casa, sin la intervención del padre. Las dudas sobre este testimonio sugieren que el supuesto encuentro entre padre e hija en la calle puede haber sido interpretado erróneamente, alterando las conclusiones del caso.
5 – “Alfonso hizo una llamada desde su casa, en el centro de Santiago, a la casa de campo y a los teléfonos celulares de madre e hija.
Esta llamada prueba indiscutiblemente que estaba en su casa cuando la madre estaba lejos, y cuando se cree que se preparaba para tirar el cadáver”, destaca el profesor Peña.
¿Alfonso la acompañó, para asesinarla, y luego la dejó sola para tirar el cadáver y recorrió cuatro kilómetros sin ser visto y sin que se sepa que vehículo utilizó?, ¿tiene sentido que este salga de casa para ayudar a meter a la niña en el coche, pero luego se quede y no la ayude en lo demás?
6 –
El tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) y el Tribunal Supremo consideraron que no había pruebas de que el padre hubiera ida a la finca y anularon esa afirmación del jurado. Pero no se repitió el juicio, lo condenaron a la misma pena, 18 años, por haber participado en la preparación del crimen y haber ayudado a la madre.
7 – Rosario era totalmente incompetente por su enfermedad, por tanto, tal y como argumenta el profesor Peña,
“es absurdo que Alfonso planee algo con Rosario, y más absurdo que se encargue ella de todo lo difícil, y también absurdo, si ella se encarga de lo más difícil, que no pudiera ella darle el orfidal”, a lo que añade que “Rosario era muy dispersa, muy despistada, había delegado todas las gestiones en Alfonso, y estaba con una fuerte depresión en los meses antes de la muerte de Asunta. Planear un asesinato no la animaría mucho”. En definitiva, Alfonso jamás podría fiarse de las reacciones o del aguante de Rosario ante los policías.
8 –
Alfonso apareció en la prensa como un depravado con fotos comprometedoras de su hija en el ordenador, aunque las fotos no eran tan comprometedoras y estaban, borradas, en el móvil que había sido propiedad de Rosario. Sin embargo, este apareció como un monstruo con propensión por las mujeres orientales, algo que no se demostró ni tiene relevancia para el caso.
Además, destaca Peña, “el ordenador fue registrado por la Guarda Civil, miraron los archivos borrados y no había ninguna foto de ninguna menor. Después de meses de filtraciones, en el juicio el agente declaró que había por**grafía de todo tipo, no hizo ninguna mención a ninguna tendencia orientalista ni a ninguna menor”.
“Este rumor no fue inventado por los periodistas, se filtró cuando el caso estaba bajo secreto incluso para los abogados defensores, y ayudó a denigrar la imagen del acusado, es decir, anuló o perjudicó gravemente el derecho a un juicio justo”, destaca este.
Además, el relato mediático sobre Alfonso Basterra se vio empañado por informaciones sin verificar y sensacionalismo, especialmente en torno a sus contactos en redes y supuestos hábitos personales. Varios medios sugirieron que Alfonso mantenía una lista de contactos en Facebook con jóvenes asiáticas en poses eróticas, pese a que estas imágenes no figuraban en su perfil y sus contactos eran adultas, no menores. Además, la revista Interviú insinuó su asistencia a un burdel que promocionaba servicios de mujeres con aspecto aniñado, basándose únicamente en el testimonio de una trabajadora del establecimiento, una fuente sin corroborar y poco fiable. La publicación, conocida por pagar a personas en situaciones vulnerables para obtener declaraciones, no contactó con Alfonso ni verificó los detalles de su historia.
Otro rumor difundido sin pruebas fue la supuesta presencia de imágenes de la hija en el ordenador de Alfonso, un bulo ampliamente difundido en la prensa. Estas fotos fueron tomadas por la madre de Asunta y, tras ser borradas, estaban en el teléfono antiguo de la niña, no en los dispositivos de Alfonso. La falta de verificación en estas historias alimentó una narrativa distorsionada y dañina, que influyó en la percepción pública sin bases sólidas.
9 –
Otro bulo fueron las palabras tan conocidas de «Tú y tus jueguecitos», pero Rosario dijo al padre «Tú y tus jueguecitos… ¿te ha dado tiempo a deshacerte de eso?», y él responde: «Calla, que a lo mejor nos están escuchando».
Esto último simplemente fue inventado, pero se repitió en casi todos los medios de comunicación españoles, y pese a los desmentidos y los avisos, nunca lo han reconocido. Lo que está probado que en verdad dijo Rosario fue «Tú imaginación calenturienta nos va a generar muchos problemas».
10 –
La imagen de Rosario como una mujer sometida a Alfonso, evidentemente no era cierta. “Rosario tenía muchas propiedades heredadas y Alfonso era un trabajador precario con ganancias mínimas para sobrevivir. Estaban divorciados por una infidelidad de ella. Él no tenía muchos ingresos y cuidaba de ellas, pero no era una relación de confianza y amor. Había una dependencia material mutua, él era el cuidador y ella le ayudaba económicamente”, destaca el profesor.
“No hay ninguna prueba de que Alfonso dirigiera a su mujer ni la dominara. Los amigos de la pareja, desde luego, cuentan todo lo contrario. Ella lo llamaba «mi secretario», tiene un amante, tras el divorcio siempre mostró una actitud despreciativa hacia Alfonso, se ríe de él en las cartas…”, añade este.
11 –
No hay ninguna prueba de que Alfonso estuviera en casa de Rosario cuando Rosario denunció un ataque nocturno ni de que esa noche le hubieran dado orfidal.
12 –
No existía ningún motivo comprobado que explicara por qué Alfonso Basterra quisiera asesinar a su hija. Las teorías sobre un «terrible secreto» carecen de sustento: si realmente hubiera una razón tan grave, no se explica por qué habrían intentado asesinarla en julio y luego dejado que se fuera de vacaciones, sin vigilancia, hasta septiembre. Tampoco resulta lógico que Alfonso, si fuera un “hombre astuto”, comprara Orfidal en una farmacia cercana, dejándose exponer innecesariamente.
Otra teoría sugiere que Rosario mató a sus padres, pero ambos fallecieron por causas naturales y sin indicios de intervención alguna. Rosario tampoco ganaba nada al apresurar su muerte, ya que ambos la apoyaban. Por otro lado, la hipótesis de abuso sexual tampoco tiene base, ya que en los registros exhaustivos de los dispositivos de Alfonso no se encontró material ped*filo. Todas estas teorías, sin pruebas reales, son especulaciones que no sostienen la acusación.
13 –
“Todo se entiende mucho mejor si se supone que la madre actuó sola”, destaca el profesor Peña, así como que no hay ningún problema para imaginar un móvil si sólo pensamos en la madre: “era una persona desequilibrada, con depresión crónica, testimonios que hacen pensar en fases de exaltación o hipertimia, y había declarado a un psiquiatra que su hija la agotaba y que no podía más. Fue la madre la que se llevó a la hija, la que dijo que la había dejado en casa, la que dice que la hija fue atacada por un hombre vestido de negro, la que dice la hija que le daba los polvos blancos…”, argumenta.
14 –
Según apunta el profesor Peña, el crimen de Asunta parece más un acto impulsivo que un plan detallado. Rosario, la madre, desactiva la alarma de su finca a las 18:30 y afirma haber dejado a su hija en casa a las 19:00, lo cual no se ajusta a una estrategia cuidadosa. Además, abandona el cuerpo en un camino forestal visible, junto a viviendas, sin intentar ocultarlo en un lugar menos accesible, como si hubiera decidido el sitio al azar, atraída quizá por la señal en gallego “camino forestal”.
Las cuerdas encontradas junto al cadáver tampoco llevan huellas, y existe otra cuerda separada, sugiriendo confusión o nerviosismo en el acto. Además, tres días antes Rosario había mencionado a una profesora que Asunta no asistiría a clase debido a un medicamento que la hizo sentir mal, algo incoherente si había un plan premeditado para usar sedantes en su contra.
15 –
“La instrucción fue deficiente y parcial, se presentó como indicio cualquier nadería. Se usaron razonamientos circulares: como creo que es culpable, esto es sospechoso; como todo esto es sospechoso, creo que es culpable. Como es culpable, lo ha planeado. Es culpable porque lo ha planeado. Como es culpable, le dio orfidal a la hija durante la comida. Es culpable porque le dio orfidal a la hija durante la comida. Como es culpable, debe de ser pederasta. Es culpable porque es pederasta…”, explica Peña.
Por otro lado, la sospecha de que Alfonso escondiera su ordenador fue cuestionada, ya que podría haber sido pasado por alto por los agentes. Finalmente, el equipo fue encontrado intacto, sin haber sido manipulado ni con contenido inapropiado. Además, Alfonso cometió errores en su declaración, afirmando que Rosario y Asunta salieron juntas de su casa, aunque las cámaras y el testimonio de Rosario lo desmienten, lo cual sugiere falta de planificación detallada.
16 –
Tal y como resalta el profesor, una persona ha de ser condenada con pruebas y razonamientos rigurosos, pero, a veces, cuando no hay pruebas, se admite la condena por indicios.
Para una condena basada en indicios, la ley española exige que estos sean variados, claros y comprobados, algo que no se cumplió en el caso de Alfonso Basterra. Los dos indicios en su contra son débiles.
Primero, Alfonso compraba Orfidal para Rosario, algo normal dado que realizaba todas sus gestiones. El Orfidal estaba recetado para Rosario y él no tenía por qué sospechar de un uso indebido dado a esas compras.
Segundo, la somnolencia de Asunta un día en clase se interpretó como efecto de Orfidal, aunque ella solo mencionó que su madre le daba “polvos blancos”, sin señalar al padre. Además, es incoherente pensar que Alfonso la llevaría a clase estando drogada si quisiera ocultar su estado. La falta de pruebas concluyentes y la ausencia de indicios adicionales refuerzan la idea de que las sospechas no estaban bien fundamentadas.
https://www.diariodesantiago.es/esp...hacen-cuestionarnos-que-alfonso-sea-culpable/