GISELE PÉLICOTCaroline Darien, hija de Gisele y Dominique Pélicot escribió el libro: “Y dejé de llamarte papá” que narra los meses a partir de la catástrofe que estalló la vida de su madre, la suya y la de sus hermanos Tomás y Andrés. | María Teresa Priego
Por MARÍA TERESA PRIEGO-BROCA
Escrito en OPINIÓN el 9/9/2024 · 21:00 hs
Última actualización:9/9/2024 · 17:45 hs
“Que la vergüenza cambie de bando”, dijo
Gisele retomando una de las frases más poderosas de los feminismos ante el acoso, el hostigamiento, el abuso sexual, la
violación.
Víctima –como sabemos– de
92 violaciones mientras estaba
bajo el efecto de una mezcla de drogas suministradas por su
exesposo que la llevaban a una total ausencia de sí misma. “Un estado cercano al coma”.
Gisele solicitó un juicio abierto y público. Enfrentó a
Dominique Pélicot y a
52 de sus violadores (los hasta ahora identificados). Se enfrentó a las cámaras y a la mirada de millones de personas: digna y mirando de frente. Su historia le ha dado la vuelta al mundo: “Para mí el daño ya está hecho, pero por las otras, para que jamás ninguna mujer tenga que padecer una sumisión química”. Un juicio emblemático para las causas de las mujeres: la víctima no guarda silencio, la víctima no se esconde. Un vuelco histórico.
Como tan bien escribió Audre Lorde: “Mi silencio no me protegió, tu silencio no te protegerá”, Es indispensable aprenderlo. De cada diez hombres a los que
Dominique invitó a participar a través de sus redes, solo tres le dijeron que no. En los análisis de la personalidad de los
violadores actualmente juzgados en Aviñón: “Una característica común surge: el sentimiento de omnipotencia sobre los cuerpos femeninos”. En abril de 2022,
Caroline Darien, la
hija de
Gisele y
Dominique publicó su libro: “Y
dejé de llamarte papá” (“
Et j’ai cessé de t’appeler papa”) que narra los meses a partir de la catástrofe que estalló la vida de su madre, la suya y la de sus hermanos Tomás y Andrés.
“Cada uno tiene que hacer su duelo. Mi madre renunciará a su marido. Nosotros a nuestro padre… Mi padre arruinó lo que me era más querido, el ‘nosotros’ el equilibrio de mis raíces”. Una llamada el 2 de noviembre de 2020 de la policía de Carpentras:
Dominique está
detenido. En principio, un hecho vil y absurdo: tomó fotografías debajo de las faldas de tres mujeres en un supermercado. Interrogado por la policía declaró “Que desde un mes antes de la toma de fotos bajo la falda de las mujeres padecía de ‘una pulsión incontrolable’”. La víctima más cruelmente sometida por su “pulsión incontrolable” fue
Gisele. Se conocieron en 1970. Llevaban 50 años juntos. La hija escribe: “Tengo vergüenza de haber amado a ese padre que creí conocer… El agujero de lo imposible se instala en nuestras existencias. Esta agresión dura desde por lo menos septiembre de 2013. El número de agresores es alucinante 73 hasta ahora”.
“Al momento en el que escribo se han identificado 50. De todas las categorías sociales y edades: estudiantes, jubilados, hasta un periodista… Los investigadores temían por la salud de mi mamá, tanta droga cuando ella va a cumplir 68 años… Con frecuencia los
violadores no tienen el aire del psicópata peligroso, tienen con frecuencia el aura del buen patriarca que una invita con gusto a cenar…” “Mi mamá sobre su cama con un hombre desconocido, de paso, ella inerte”. Antoine Camus, uno de los abogados de
Gisele declaró: “No estamos hablando de una confusión sobre el consentimiento. Estamos hablando de una mujer completamente incapacitada, tratada como un objeto de explotación”.
Cuando se jubilaron Los Pélicot se fueron a vivir a Mazan, una comuna de poco más de cinco mil habitantes en Vaucluse. ¿Cuántos participantes y cuántos cómplices silenciosos fueron necesarios para que los hechos se prolongaran impunemente? Sus hijos vivían lejos, cuando veían a sus padres a los tres les había preocupado percibir a su mamá –en ocasiones– como entre brumas. En 2017 fueron al neurólogo, le dijeron que podía padecer un ictus amnésico. Los exámenes la mostraron sana.
Gisele comenzó a angustiarse por la multiplicación de sus ausencias. Dejó de manejar. Adelgazó mucho. “Fuera de la caminata con su amiga Sylvie, mi madre no tenía más vida social”.
Dominique le tenía prohibido tomar el correo del buzón, tenía que ser él quien lo recuperaba y revisaba. El grado de
dominio de
Dominique sobre
Gisele llegaba hasta los más nimios detalles de la vida cotidiana.
Salvo por las visitas de sus hijos,
Gisele vivía aislada. El
control de Dominique crecía sin límite alguno. Otro neurólogo le diagnosticó “ansiedad”. El padre explicaba que seguramente se trataba de “ausencias producto del estrés”, una especie de extraña manera de “descansar”. “Pienso que mamá se había convertido en su juguete sexual, su cosa y nosotros no supimos protegerla… más detenidos, algunos con hijos pequeños, no quiero imaginar lo que van a vivir cuando crezcan”.
Caroline escribe de la familia de su padre: el padre de
Dominique, al quedar viudo, hizo pareja con una mujer 30 años menor que él y con discapacidad intelectual a la que junto a su esposa habían criado desde pequeña. ¿Podríamos hablar de consentimiento?
Cuando
Caroline fue constatando cómo el horror de las descubiertas crecía ante sus ojos, preguntó a un investigador de la policía si su padre había manifestado remordimientos: “No, su padre simplemente nos agradeció por haberle quitado un peso de encima”. Después la citaron en la comisaría de nuevo: “tiene dos fotos que mostrarme, quiere saber si me reconozco”. Describe lo que ve y dice que no está segura de reconocerse. “Esa mujer… No me reconozco”. “¿Me drogó? ¿Abusó de mí más allá de esas fotos? “Sí soy yo la de las fotos… Ahora tengo que denunciar a mi padre, imposible dejarlo pasar”.
“Durante los últimos 10 años dos de mis cuñadas fueron fotografiadas desnudas, durante nuestras reuniones familiares, en sus domicilios o en casa de mis padres. Mi papá había instalado sistemas de toma de fotografías en ráfaga en el baño y en la recámara. Hizo fotomontajes de Melanie acompañados de frases indecentes, comenzó durante su embarazo en 2011. En cuanto a Bárbara, descubre fotos íntimas suyas del último verano que pasó en casa de mis padres. En algunas, podemos ver a mi padre mas***barse. Mi padre subió estos collages en línea, los de Melanie y Bárbara se suman a mi denuncia”.
Caroline vivía como una tortura la posibilidad de haber sido víctima de
violaciones incestuosas bajo el efecto de las mismas
drogas: “hablo con mi madre y siento resentimiento de que no quiera considerar mis dudas, de que no pueda escuchar mi rabia y mi dolor, mamá me dice que oficialmente no hay pruebas de sumisión química en mí, ningún rastro de
tocamientos o
violación, y sin embargo, sé que ella está destruida y que hace lo imposible por permanecer de pie… está en modo sobrevivencia, mientras yo lucho con todas mis fuerzas contra mis propios demonios… Entiendo su negación, pero me lastima”.
En 2020, al momento de la detención de su marido y antes de mostrarle las evidencias de las
violaciones de las que había sido víctima, la policía interrogó a
Gisele: “¿Cuáles son los adjetivos que caracterizan la personalidad de su marido?” “Es una persona amable, atenta, siempre servicial y muy apreciado en nuestro entorno”. Estaban juntos desde los 18 años. “¿Diría usted que continúan siendo igual de cómplices después de todos estos años?” “Sí, hemos conocido bajas en la relación, pero siempre logramos superarlas”. Le preguntan si hacen siestas, cómo se siente después de las r
elaciones sexuales, si practican el intercambio de parejas.
Gisele está atónita. Está atrapada en una comisaría en la que, de golpe, cuestionan su vida sexual. Ella, una mujer con una vida sencilla, un esposo “tan amable”, tres hijos y nietos que vienen a visitarlos. ¿Qué podría existir de más “sano” y “normal”?
Caroline en su diario del 2020 recuerda que Pascale –la amiga más cercana a
Gisele durante veinte años– un día le dijo: “No sabes con quién vives, tu marido no es quien tú crees”.
Gisele jamás volvió a verla. El análisis de las más de 20 mil fotos encontradas en el archivo “Abuso” de
Dominique continuaba: “La foto de mi madre atada a su cama. La primera
violación probada data de 2011 en región parisina”. En 2021
Dominique envía una carta desde la cárcel: “Me hicieron llegar ropa que venía de la casa en la que encontré un cabello del amor de mi vida que me calentó el corazón por un instante”. Dado sus niveles de perversión y dado que la culpa no era de él, sino de sus “impulsos incontrolables”, es probable que lo haya escrito sin pestañear.
Después le envió una última carta a su hijo: “Hijo, desde mi detención he reflexionado largamente antes de escribir a un miembro de la familia… respetaré su silencio que entiendo, cumpliré mi pena de prisión y seguiré mi ruta solo, por respeto. Lamento el mal que les hice a todos, les pido perdón y les ofrezco a todas y todas mis disculpas. Intenté hacerlo lo mejor posible hasta este terrible últimos años sombríos de mi personalidad… los extraño mucho… sepan que su mamá es y será el amor de mi vida y que como a todos ustedes, no los olvidaré jamás. Llegó a una edad con pequeñas preocupaciones de salud, que no son nada al lado del dolor que les infrinjó. Voy a luchar con valor para continuar solo, los amo y los abrazo. Perdón”. Caroline lee la carta y siente unas violentas ganas de vomitar. ¡Pobre hombre que seguirá solo su camino!
“Entre más tiempo pasa, más se convence mi mamá de que mi padre debe curarse, a veces me reprocha mi virulencia, hasta mi ingratitud hacia él. ‘Te olvidas de que no siempre fue el diablo que describes. Hizo mucho por ti, también por tus hermanos. Yo fui feliz con él. Lo amé tanto, prefiero recordar los buenos momentos, el resto no me permite avanzar, quiero continuar viviendo’… según yo mi madre vive una forma de negación aún si hace un año que no tiene contacto con él… no logra aceptar la realidad”. ¿Y quién podría de la noche a la mañana? ¿quién podría cortar de tajo –ante el espanto– la lealtad y el amor que ella sí sentía por ese esposo idealizado.
La jueza cita a
Caroline: “Un fotomontaje comparativo de usted y de su madre, es necesario aclarar que fue compartido por internet. Me presenta unas fotos en color: en una de ellas me estoy vistiendo en la recámara de la casa de Mazan. Puedo fechar esa foto, es de 2020, había venido a teletrabajar a casa de mis padres durante diez días. Algunas fotos están aparejadas con las de mamá para compararnos, nos fotografió a las dos en diferentes posturas, después descubro los comentarios inmundos que acompañan las fotos”. El sitio en internet se llama Coco.fr y allí sigue: “converse en vivo a través del primer sitio de chat gratuito en Francia con miles de personas conectadas. Se utiliza un pseudónimo. Hay conversaciones privadas y en “salón”.
Allí
Dominique subía las fotos en un “salón” llamado, “A son insu”, lo que podríamos traducir como: “a sus espaldas”, “sin su consentimiento”. Ese era el gran atractivo: un hombre casado ofrecía de manera gratuita a su esposa drogada. Una muñeca de trapo. Y más de 80 hombres –de todas las edades y oficios– consideraron que eso era “sexy”. “Uno de los agresores solicitó una confrontación con mi madre, pretende que ella consintió al momento de los hechos. Ella le hizo señales para que entrara en su cuarto”. La madre aceptó la confrontación. Los
violadores detenidos declaran: “A él le gustaba ver cómo la tocaban otros hombres”, “nos daba indicaciones de qué hacer”, describen los términos crudos con los que
Dominique se refería a quien llama “el amor de su vida”. El perverso era un hombre ordenado, lo que facilitó las detenciones realizadas hasta el momento del juicio: los videos estaban organizados por fechas con los nombres y apellidos del “invitado”.
Había condiciones: “no deben usar loción, ni fumar antes de entrar, era indispensable traer las uñas limpias y desvestirse en la cocina para no correr el riesgo de que olvidaran algo. “Si ella mueve un brazo, si se mueve, deben irse de inmediato”. Pélicot utilizaba la palabra “
violación”. Es decir: todos estaban bien al tanto de las circunstancias al momento mismo de la convocatoria. ¿Traer las uñas limpias? La doctora en neurociencias Aurore Malet-Karas declaró en una entrevista: “Vemos que todos son hombres perfectamente integrados, que
violaban y retomaban el curso de su vida como si no hubiera pasado nada. Es algo muy fuerte para el público y es lo que constatamos quienes estamos cerca del juicio”.
“Me quitaron un peso de encima”, dijo
Dominique al ser encarcelado. Como si estuviera partido en dos: por un lado, él y por el otro “su pulsión”. No sabemos que haya hecho ningún intento de pedir ayuda, de intentar detenerse. Pero pareciera, por lo que escribió, que lo vive como si esa “incontrolable fuerza” interior lo eximiera de sentir culpa. Él era el propietario absoluto de una mercancía que ofrecía en el mercado. Lo más terrible: el mercado abundaba en hombres que se sumergían en las redes como quien sale de caza. Y a
Gisele, poco a poco la estaba matando. La aisló cada vez más, le arrebató su libertad de pensar y su voluntad. Las drogas la despojaban de su consciencia y de su memoria: como bien dijo su hija y he allí el espanto: “el amable patriarca al que con gusto una invita a cenar”.
María Teresa Priego
@Marteresapriego
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