Te abrazo con toda mi alma. Solo las que lo pasamos podemos llegar a entendernos…
Siento que hace una semana mi vida se detuvo en seco, la inocencia y la alegría se esfumaron con esa maldita frase que salía de la boca de la ginecóloga.
El sentimiento de culpa, aún sabiendo que has hecho lo correcto desde el amor más profundo, sigue ahí cada día.
Mi hijo es mi medicina, y no me queda otra que levantarme cada mañana por él.
Las que lo veis con un poco más de perspectiva por el paso del tiempo, ¿habéis sacado alguna enseñanza de esto? ¿Le veis algo “positivo”? Me atormenta cada día y es desgarrador, solo puedo agarrarme a haberle ahorrado una vida de sufrimiento, pero de momento eso me parece insuficiente.
Un abrazo a todas las mamás en duelo, desde el dolor más profundo y con todo mi corazón
Esa frase y el momento que te tomas la pastilla (a mi tampoco me dijeron para que servía exactamente, solo era para “ayudar a mi cuerpo” y al día siguiente ingresar para inducción) esos momentos te quedarán grabados para toda la vida, es verdad. Yo, después de 8 meses, no sé si te puedo decir que veo algo “positivo” porque no, no veo lado positivo a lo que nos sucedió. Lo que si veo es que mi duelo ahora es mucho más diferente, en todo este tiempo (con ayuda psicológica) pasé por infinitas fases:
- Negación / eso no estaba pasando, era todo un error.
- Impotencia / no podía hacer nada, solo quería gritarle al mundo, a Dios o a quien fuese que escuchase que eso no podía pasarle a mi bebé, a mi familia.
- Pena / la desolación absoluta cuando todo sucedió, cuando ya no podía hacer nada y estábamos metidos de lleno en el infierno. Me sentía en un agujero negro enorme, que no paraba de girar y me engullía poco a poco.
- Miedo / con lo anterior venía enlazado el miedo porque yo me sentía tan devastada, tan triste y hundida que no sabía ni cómo llegar a mi casa y cuidar de mi otro bebé que me estaba esperando, sin imaginarse nada, sin saber que su mamá ya no es la misma… y tenía mucho miedo de no volver a ser su mamá, la que conocía. Miedo a no salir (aquí fue cuando “cogí las riendas” y le dije a mi marido que por favor nos buscase ayuda psicológica).
- Rabia / lo siguiente que sentí a la tristeza fue mucha rabia. Rabia porque nos pasara a nosotros, a mi bebé. Aquí me preguntaba todo el rato ¿por qué? ¿Por qué a nosotros? Me preguntaba una y otra y otra vez pero nunca encontraba respuesta. En mi cabeza tenía bloqueado el día que sucedió todo, no quería recordarlo. Tenia una caja de recuerdos y pasó mucho tiempo hasta abrirla. No quería recordar sus patadas, ni las cosas que le habíamos comprado ni nada de nada. Estaba enfadada con el mundo, conmigo especialmente. Sentía que de alguna forma había tenido la culpa de lo que sucedió porque yo era su mamá y tenía que protegerlo de todo y no lo hice. Obviamente me hicieron entender que nada de esto es verdad y que solo eran pensamientos autodestructivos fruto de mi dolor.
- Culpa / porque el tiempo no cura las heridas, estas heridas no se curan, estas heridas pueden cicatrizar pero quedan marca, siempre, y aún cicatrizadas duelen. Porque el tejido cicatrizado es más sensible, en todas las cicatrices se puede ver. Y poco a poco vas saliendo de la espiral, vas volviendo a tu día a día porque el mundo sigue su curso aun que el tuyo se haya parado. Inevitablemente los días pasan y tú te sigues levantando de cama y sigues con tu vida. Y aquí me apareció la culpa, por seguir con mi vida, por volver a sonreír a mi hijo, por volver a trabajar, por volver a ver una película… me decía: ¿como puedes seguir? Acabas de enterrar un hijo! Deberías estar llorando, no sonriendo. Y me sentía culpable… culpable por ser feliz con las pequeñas cosas (una tontería lo veo ahora, pero así me sentía). Pero la realidad es mi hijo está vivo y merece una madre a su lado y yo quería ser esa mamá.
- Y después de muchos estados similares, poco a poco, llegó la aceptación. Donde estoy ahora. Acepté lo que sucedió, acepté que no había nada que pudiésemos hacer, ni yo ni nadie, acepté que estuvo conmigo esas semanas y disfruto acordándome de nuestro corto tiempo, acepté su entierro, acepté sus cosas, acepté su enfermedad, acepte mi decisión como la correcta para él y para todos, y lo acepté a él como mi hijo que vive en las estrellas.
Creo que es de los peores caminos que una persona puede transitar. Es inhumano y antinatural. Nadie te puede pedir que tomes esa pastilla, que tomes esa decisión, que no pasa nada, que era mejor así… Y lo peor es que la sociedad no está preparada para llevar estos temas y hacen comentarios que hieren más que nada, ninguno de esos comentarios ayuda porque quien los hace no sabe que dice. Yo tuve que escuchar muchos comentarios fuera de tiesto y a día de hoy devuelvo las contestación diciendo que gracias pero eso no es lo que queremos escuchar, que preferimos que no digan nada más después del “lo siento mucho”.
A tu otra pregunta de si hemos aprendido algo. Sí, nosotros hemos aprendido muchísimo. Aprendí que la felicidad no hay que darla por supuesta y que en cualquier momento te viene un golpe tan duro que te hará caer y muy difícil levantar y por esto mismo valoro muchísimo más los momentos felices de mi vida, ver crecer sano y feliz a mi hijo, el apoyo de mi marido, los amigos que siguieron ahí… Se puede decir que soy “más feliz” porque valoro más mi felicidad y la estabilidad en mi familia. Y también creo que ese fue el motivo por el que vino nuestro bebé ese corto tiempo a este mundo, a enseñarme un aprendizaje. Así lo veo, soy otra persona desde lo que nos pasó.
Siento enrollarme tanto pero con mi historia quiere decirte que, aun que ahora no la veas, hay pequeñas luces en el camino y es sano y reparador agarrarte a ellas, apoyarte. También es sano tener tus momentos a solas, es sano gritar, enfadarte, llorar… tienes todo el derecho del mundo, has pedido un trozo de alma y de corazón, pero siempre, siempre después de esos momentos busca a alguien que te sostenga y te de aire. Es muy importante el tándem, el apoyo, uno cae y que esté otro (ya sea marido, amigo, familia…) que sea capaz de sostenerte hasta recuperar fuerzas para seguir un poco más. Y un poco más. Y de repente ya estarás con mucho camino hecho y mirarás atrás y no tendrás ese dolor desgarrador. Aparecerá otro tipo de dolor (por que si, el dolor siempre va a estar, pero duele de diferente manera) y convivirás con el, de manera sana.
También decirte que si necesitas o crees que te irá bien, busca ayuda psicológica. Es importante que sea especial en duelo perinatal/gestacional y que tengas buen feeling, si uno no te convence, cambia. Nosotros primero fuimos juntos, luego cada uno pasó a fases diferentes del duelo (y está bien, cada uno lleva su ritmo y hay que aceptarlo) y empezamos a ir por separado. Actualmente solo sigo yo.
Ah y por último, algo que aprecié en leerte, si: PIERDES LA INOCENCIA. Para siempre, creo que eso no se recupera, o yo no la recuperé. Es triste pero es así. Pero ahora puedo decir que la alegría vuelve, en pequeñas dosis. Nosotros estamos planteándonos iniciar una nueva búsqueda y no puedo describir el miedo que me da solo de pensar en volver a pasar por un embarazo, pero también me da esperanzas volver a sentir la alegría que sentí antes de todo. En eso estamos.
te mando un abrazo muy, muy fuerte. Y lo que necesites, aquí me tienes