A veces me enternece cuán cándidos, inocentes e incautos pueden ser algunos, a la hora de confiar. Incluso cuando la evidencia les grita que no, que no confíen.
Que en una situación crítica y límite (como se supone que es la situación en la que está esta mujer), una persona puede soltarse y relajarse, incluso como mecanismo de defensa, para distender la tensión del momento; pero en todo caso lo haría de manera natural (si fuera real la aflicción).
Ahora, nadie pasa de una cara y actitud (forzadamente) compungida, afligida, circunspecta, dramática y rigurosamente seria (como la que siempre tiene esta mujer a la hora de dar sus entrevistas a la prensa), a explayarse en una espontánea y relajada risotada, que amerita recostada en la silla y tapada de cara, solo por un chiste imprevisto de su nena. En todo, una sonrisa (seguramente forzada, pero para ayudar a liberar a tensión), más de consuelo que de otra cosa, y ya. Porque en días así, estarás para cualquier cosa menos para risotadas del alma. Empezando porque el cuerpo mismo no te daría para eso, ni aunque lo intentaras. Me sorprende que no sea evidente lo fingida y sobreactuada que es esta mujer. Esta y la Macarena, han de ser dos arpías y manipuladoras de cuidado (seguramente por eso se llevan tan bien entre ellas: son parecidas).
Otra cosa, si fuera por no querer ni poder separarse más de un metro de su nena, ni un segundo (por terror a que se la secuestren, como hicieron con Loan), como para incluso declarar a la prensa delante de su nena (por cierto, escuché a la Maqui decir que no quería que sus hermanitos vieran televisión, para que desconectaran del trauma vivido), la Cami no habría dado declaraciones, recientemente, en la verja de su casa, por ejemplo.
Y lo hizo estando sola (suponemos que con su nena dentro de la casa, a mucho más de diez metros de distancia de ella, incluso sin tenerla en su radio de visión). Y dio declaraciones estando muy relajada y distendida (aguando los ojos, eso sí, ante el requerimiento del periodista: que lo mirara a los ojos y le respondiera si estaba diciendo la verdad). Y ahí la mujer no parecía ansiosa por estar alejada de su nena y por correr el riesgo de que un comando asaltara su casa y se llevara a la niña (Dios la guarde).
Un solo detalle, de muchos: ¿olvidamos que este par, Cami-Maqui, muy casual e inocentemente fue el que se cansó de hacerle fotos a Loan, más que sospechosas, inusuales y sin venir a cuento, en el pinche almuerzo?