Pues yo lo veo como un hijo decepcionado como tal: a veces no sólo se cae el mito, se cae el padre a secas y piensas que, pese a todo, pese a los desencuentros en vida, te sigue queriendo y una de las formas de demostrarlo al final de sus días es legarte para ti y tu descendencia parte de él, que es su patrimonio, heredado o creado con su trabajo.
Pero le ha demostrado lo contrario, que a lo largo de su vida con la Preysler hizo todo tipo de trucos para que al final no les quedara nada ni a hijos ni nietos de la primera hornada. Ni tenía nada en sus cuentas, ni ninguna propiedad en el Registro pese a que ganó un fortunón. Demostró que tenía una familia, sólo una, y este hijo no estaba en la misma. Me imagino que eso debe doler, mis padres que fueron unos simples trabajadores nos dejaron a mis hermanos y a mí a su muerte todo lo que tenían, que lo tenían porque se habían privado de muchas cosas en vida.
Una cosa es que hubiera gastado su dinero para vivir maravillosamente y otra que sus bienes los camuflara conscientemente en los de su mujer para que no hubiera reparto, en la proporción que hubiera dispuesto.
Al margen del recuerdo como padre, como figura política es un juicio a la beatiful people, en los resortes del poder en los ochenta, que aceleró la descomposición de una ilusión, por entre otras muchas más cosas, la incoherencia de sus propias vidas.