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LOS INVESTIGADORES sospecharon de ROSARIO PORTO y ALFONSO BASTERRA por sus EXTRAÑAS CONDUCTAS
La diferencia entre el testimonio prestado por Rosario Porto y Alfonso Basterra y el resto de los testigos que han comenzado a desfilar por la sala de vistas es que los segundos están obligados a decir verdad. Los primeros, no. Y lo que explicaron al jurado popular es que vieron cosas extrañas que hicieron que se les encendiera el las alarmas, en especial a los investigadores.
El primero en sospechar fue el agente de la Policía Nacional que recibió la denuncia que interpusieron la noche del 21 de septiembre de 2013 por la desaparición de la pequeña Asunta.
El agente relató al jurado una observación que le hizo Basterra y que le dejó de piedra: “Me comentó que pensaba que la niña iba a aparecer fallecida, que esperaba que no fuera de agresión sexual y, que, por favor, no le dijese nada a Rosario para no ponerla nerviosa”.
Al policía le pareció muy “extraña” la rapidez que se dieron los padres para poner la denuncia “porque llevaba pocas horas” desaparecida. También le extrañó que la pareja pensara que era “una desaparición forzada” y no se planteaban otra idea.
El siguiente testigo, un guardia civil, relató que Rosario Porto no quería ir a la casa de Montouto, en el municipio de Teo, provincia de A Coruña, donde supuestamente murió la niña. El agente de la Benemérita contó que la acusada le dijo que prefería quedarse en el piso de Santiago por si “volvía Asunta”; se negaba a creer que el cuerpo encontrado fuera el de su hija.
Accedió, al final.
Cuando entraron por la puerta principal de la casa de Montouto, sobre las 5.55 horas del 22 de septiembre, Rosario Porto pidió ir al baño y “subió de manera ágil” escaleras arriba, donde estaban las habitaciones. Los agentes la siguieron.
La acusada eligió el baño de una habitación interior, donde trató de ocultar una papelera de mimbre que contenía una cuerda naranja idéntica a la que los asesinos habían utilizado para inmovilizar a la pequeña Asunta y transportarla hasta la pista de tierra donde fue encontrada.
Además de la cuerda, la papelera contenía una mascarilla EM y pañuelos húmedos de los usados para sonarse los mocos.
La conducta incongruente y nerviosa de Rosario Porto, que “contestaba a cosas que no le preguntaban” fue lo que atrajo el foco de la sospecha hacia su persona y hacia la de su marido, y provocó su detención posterior.
Los agentes explicaron al jurado que, antes de ser detenida, Rosario Porto no admitió en ningún momento que la niña hubiera ido con ella a Teo. Por el contrario, la madre adoptiva de la niña afirmó, antes de su arresto, que Asunta se había quedado en casa a las 19,00 horas haciendo los deberes, e incluso les mostró en la habitación los libros escolares de la niña “colocados en formad de abanico” para evidenciar que era sí como estudiaba.
Por otra parte, los testigos de la Benemérita aprovecharon para ratificar sus informes sobre el portátil “fantasma” de Basterra, que apareció en su casa después de tres registros. Según Basterra, siempre estuvo ahí. La Guardia Civil afirma lo contrario.
BASTERRA, LLAMADO AL ORDEN
Basterra, como suele ser habitual en muchos acusados, se pasó gran parte del juicio aspavientos y ruidos hasta el punto en el que el presidente del tribunal del jurado, el magistrado Jorge Cid, paró la vista y le advirtió que no le iba a permitir seguir “haciendo gestos de desaprobación”.