Aquella seriedad, aquel clima de elegancia no solo en el vestir sino tambien de modales y posiciones, parece haber finiquitado. Este besamanos ha sido, por lo que se ve, lo más vulgar y adocenado que darse puede en una fecha conmemorativa del más alto significado institucional.
No seré yo la que lamente el cambio habido, pero si lo señalo por aquello del signo decadente de la celebración, siempre tan comedida, elegante, dando solemnidad al acto, ha desaparecido dando paso a una reunión que más parece verbenera con tintes de bullanga que un acto solemne, mesurado y digno de lo que representa por si mismo.
Una madre de corrala, respetable como la que más pero no en el sitio adecuado, con todo lo que ello significa de parlanchina, populachera, en pleno ejercicio de su influencia y poderío maternos, reina consorte al fin, dando ejemplo de bullanguera, bulliciosa, poniendo no un toque, más bien una campanada de atención acerca de los chabacanos momentos vividos en festividad tan considerable liderada por sus augustas majestades. Un padre dando rienda suelta a su simpatia por un compañero de su hija en sus propósitos meritorios y es ¡el jefe del Estado! en plena sesión de sus obligaciones.
Vivir para ver.