O sea, que estar en el siglo XXI conlleva dejarse llevar por la naturalidad con lo que si un trozo de carne me molesta en una muela cuando estoy comiendo, lo natural es sacarlo con un palillo porque, naturalmente, así nos lo pide nuestra mayor comodidad. ¿Siglo XXI?
Es decir, que respetando el siglo en que estamos la naturalidad, la falta de elegancia y distinción, la falta de discreción y, sobre todo, el o los gestos favorables a un componente de los presentes, una en este caso, por aquello de actuar como padres en un acto de tal calibre, son los propios del siglo XXI. Decadencia.
Sin entrar a detallar, tu, que tan inclinada favorablemente estás a esta familia, deberías saber que un rey, Jefe de Estado, de ninguna manera puede en un acto enteramente oficial-institucional , romper el clima formal, de solemnidad, exigido para cumplir con dicho acto para celebrar la posible gracieta de un pariente, en este caso una hija, y además cuando parece que la está educando para su futuro. Bueno, sí que puede, está probado, pero jamás debe.
Tendrías que meterte un poco en el mundo de la Diplomacia para tener idea de una de las cosas que esta jovencita debe practicar mayormente, en ese futuro que aun está lejos. Si a alguien se critica por sus modales e irreparables faltas de educación es a Leticia, precisamente por ser la consorte.
¿Cuantas varas de medir se utilizan pues, para conseguir que esta familia parezca familiar, cercana, adaptable a su entorno?
Mientras tanto, cada vez más chabacanería, más ordinariez.
Ni que decir tiene que por mi encantada.