Tener un patrimonio inmobiliario. Resuelvo dudas

Sería fácil en la época de tus padres relativamente.
En la época de los míos, y viniendo de familia obrera, un piso y con suerte una casa familiar en el pueblo.
Ni mi familia ni ninguna de la de mis amigas tenían patrimonio inmobiliario.
Eso siempre ha sido cosa de gente más bien “pudiente”.
Mi padres tenían veintitantos y treinta y pocos en la década de los ochenta, que es cuando se hicieron con las cuatro propiedades sin heredar, todo con su trabajo. Hablo de una madre funcionaria y un padre que tenía su puesto en excedencia en una institución pública para hacerse autónomo y facturar en razón de lo que trabajaba entonces. En esa época ganaba mucho y no faltaba de nada en casa.
 
Mi padres tenían veintitantos y treinta y pocos en la década de los ochenta, que es cuando se hicieron con las cuatro propiedades sin heredar, todo con su trabajo. Hablo de una madre funcionaria y un padre que tenía su puesto en excedencia en una institución pública para hacerse autónomo y facturar en razón de lo que trabajaba entonces. En esa época ganaba mucho y no faltaba de nada en casa.
Pues eso, gente con buenos sueldos. Cuatro pisos para gente obrera de verdad, incluso en los 80, era una quimera,
 
No queréis comprender que una cosa son los requisitos legales y otra es la manera de hacer trampas para beneficiarse de esas ayudas. Crees que en la web del SEPE te va a poner que mejor constes como madre soltera para tú cobrar una ayuda y tu pareja otra? Afirmas que esto no sucede?

Hoy mismamente ha salido que en Barcelona hay un piso donde servicios sociales tiene empadronadas 5900 personas, ni tú ni yo sabemos qué ayudas reciben esas personas directamente ni qué informes hacen los trabajadores sociales, porque parte de la solicitud es que en determinadas condiciones acrediten directamente ellos tu vulnerabilidad. Eso lo pone en la web del SEPE.

En fin, si tú confías en el sistema y crees que no hay ningún tipo de interés ni despilfarro de dinero público por parte de la Administración, perfecto. Pero es que además, en la misma línea, no existe nadie que consiga aprovecharse de estas medidas, no sé ya si por pura bondad humana o porque el Estado es una máquina perfecta que no deja cabos sueltos. Lo que yo digo es mucho más loco, pero resulta que la mayoría conocemos casos en persona o lo vemos en las noticias de tanto en tanto. Curioso.
pero entonces te desdices. Tú no has hablado de trampas has asegurado que tal persona cobraba 1600 de imv , luego fuiste cambiando el relato para que te encajara. Aclárate.
 
Caso real.

… dos trabajadores en la misma empresa, mismo horario, misma categoría y por tanto mismo sueldo. Ambos vivían de alquiler, con su mujer y sus hijos. Dos cada uno.

Los fines de semana uno de ellos se iba a comer fuera con su familia. Le gustaba cierto sitio en una sierra cercana y raro era el domingo que no iba. En cuanto al otro, su escaso ocio consistía en pasear los domingos por la ciudad con su familia y si algún vecino o conocido que se encontraba le pedía ayuda con algo (de bricolaje, diríamos hoy) no dudaba en acudir. A veces cobraba y otras no cobraba. Según relación y otras cosas.

Las vacaciones de verano también eran muy distintas. Mientras uno se iba a la playa, el otro solicitaba trabajar el mes de vacaciones y cobrarlo (en aquellos tiempos se podía).

Con el tiempo, el segundo logró comprarse su primera vivienda en propiedad. 69m2 para los 4, sin lujos. Suficiente. El y su familia eran felices. El primero siguió de alquiler. Lo que sí tenía el primero era moto, y coche (un 600 de la época).

El tiempo iba pasando, y la casa de alquiler del primero se iba deteriorando. En el bloque donde estaba ubicada fueron quedando viviendas vacías, una tras otra, porque sus inquilinos se iban mudando en cuanto conseguían comprar vivienda. Uno hoy, otro al cabo de 6 meses… así hasta quedar únicamente el primero de los trabajadores de esta historia. En cuanto a ritmo de vida, cambió la moto por otra, y la esposa lucía abrigos de pieles en invierno. Ambos compañeros se encontraban ocasionalmente por la ciudad, y cualquiera que viera a ambas familias, una al lado de otra, cualquiera que no les conociera, hubiera pensado que quien era propietario de vivienda era el primero, y no el segundo. Ropas, joyas, …

El tiempo pasó y la vivienda en alquiler del primero estaba ya en un estado lamentable. El y su familia seguían allí, y no se iban. El alquiler les resultaba ya muy asequible, debido a la inflación y las subidas de sueldos, aún siendo estas muy modestas a lo largo de los años. Ese primer trabajador decidío pedir ayuda al ayuntamiento y solicitó una vivienda social.

Le costó unos 4 años de espera e insistir, pero lo consiguió. Vivienda gratis total.

El segundo trabajador sabía toda la historia, porque el primero se lo contaba: de su casa en alquiler cada vez en peor estado, por donde se le colaba el aire, con grietas.. de sus insistentes peticiones ante el ayuntamiento, de a donde viajaban ese año… Pero nunca le envidió. Estaba en otras cosas. En ahorrar para el futuro, y prepararse para la jubilación, que aunque todavía estaba algo lejos, ya se barruntaba que sería muy justita para vivir si los precios subían al ritmo esperado. Además podía haber imprevistos, y la vivienda poco a poco iba subiendo ¿Qué panorama se iban a encontrar sus hijos, cuando terminasen la universidad?

En otro gran esfuerzo, el segundo trabajador ya propietario de su casa sin que se la regalara el estado, pagando IBI a ese ayuntamiento que premió el primer trabajador disfrutón, compró una segunda vivienda con hipoteca, a la que se mudó con su familia. Intereses de dos dígitos. Siguieron años de inflación, pero entre todos salieron adelante sin necesidad de vender la primera vivienda. Los hijos, aguantando sin comprarse ropa y zapatos cada poco (como hacían otros) y poniendo hasta de sus ahorros de las pagas semanales a la economía común. Al principio no alquilaron la primera vivienda porque la cedieron gratis a un familiar en apuros. Superados los aprietos, finalizados estudios, los hijos empezaron a trabajar en otra ciudad. Para entonces, la primera vivienda ya llevaba un tiempo alquilada y generando ingresos pasivos, no al máximo de mercado, porque ese trabajador no es avaricioso. Esos ingresos sirvieron para ayudar a los hijos, hasta que se estabilizaron.

Llegó la jubilación.

El segundo trabajador feliz de ver que el fruto de su trabajo tuvo recompensa. No se lamenta de vacaciones perdidas, o viajes que no hizo. Ni sus hijos tampoco.

El primero no lo sé. Han pasado años y se le ha perdido la pista. Lo que sí se es que muchos como el, miran con envidia al otro, cuando en su mano tuvieron hacer EXACTAMENTE lo mismo que ese al que envidian. Incluso y habiéndose beneficiado del sistema, que mira propiedades de ese “rico” de las que extrae impuestos, pero ignora si el otro, el vulnerable, el “pobre”, el “en riesgo de exclusión social” se ha pulido cada euro que le llega. Los hijos, igual de envidiosos e ignorantes. Casi nunca falla.
No pretendo polemizar, pero yo ahí veo una persona que no vivió, y otra que sí.
 
No queréis comprender que una cosa son los requisitos legales y otra es la manera de hacer trampas para beneficiarse de esas ayudas. Crees que en la web del SEPE te va a poner que mejor constes como madre soltera para tú cobrar una ayuda y tu pareja otra? Afirmas que esto no sucede?

Hoy mismamente ha salido que en Barcelona hay un piso donde servicios sociales tiene empadronadas 5900 personas, ni tú ni yo sabemos qué ayudas reciben esas personas directamente ni qué informes hacen los trabajadores sociales, porque parte de la solicitud es que en determinadas condiciones acrediten directamente ellos tu vulnerabilidad. Eso lo pone en la web del SEPE.

En fin, si tú confías en el sistema y crees que no hay ningún tipo de interés ni despilfarro de dinero público por parte de la Administración, perfecto. Pero es que además, en la misma línea, no existe nadie que consiga aprovecharse de estas medidas, no sé ya si por pura bondad humana o porque el Estado es una máquina perfecta que no deja cabos sueltos. Lo que yo digo es mucho más loco, pero resulta que la mayoría conocemos casos en persona o lo vemos en las noticias de tanto en tanto. Curioso.
Todos sabemos que los funcionarios de los organismos públicos son hermanitas de la caridad que no hacen más que repartir ayudas de manera turbia o ilegal a diestro y siniestro.

Contaría un caso en primera persona en el que viví justamente lo contrario a todo eso que comentas, pero para qué. Quizá yo no tuve el suficiente carisma, no fui todo lo pesada que debería o no di con el funcionario idóneo y la cosa me salió rana.
 
pero entonces te desdices. Tú no has hablado de trampas has asegurado que tal persona cobraba 1600 de imv , luego fuiste cambiando el relato para que te encajara. Aclárate.
Yo hablo del vídeo, que lo vi hace tiempo y tampoco me lo sé de memoria, puedes verlo tú misma.
 
Caso real.

… dos trabajadores en la misma empresa, mismo horario, misma categoría y por tanto mismo sueldo. Ambos vivían de alquiler, con su mujer y sus hijos. Dos cada uno.

Los fines de semana uno de ellos se iba a comer fuera con su familia. Le gustaba cierto sitio en una sierra cercana y raro era el domingo que no iba. En cuanto al otro, su escaso ocio consistía en pasear los domingos por la ciudad con su familia y si algún vecino o conocido que se encontraba le pedía ayuda con algo (de bricolaje, diríamos hoy) no dudaba en acudir. A veces cobraba y otras no cobraba. Según relación y otras cosas.

Las vacaciones de verano también eran muy distintas. Mientras uno se iba a la playa, el otro solicitaba trabajar el mes de vacaciones y cobrarlo (en aquellos tiempos se podía).

Con el tiempo, el segundo logró comprarse su primera vivienda en propiedad. 69m2 para los 4, sin lujos. Suficiente. El y su familia eran felices. El primero siguió de alquiler. Lo que sí tenía el primero era moto, y coche (un 600 de la época).

El tiempo iba pasando, y la casa de alquiler del primero se iba deteriorando. En el bloque donde estaba ubicada fueron quedando viviendas vacías, una tras otra, porque sus inquilinos se iban mudando en cuanto conseguían comprar vivienda. Uno hoy, otro al cabo de 6 meses… así hasta quedar únicamente el primero de los trabajadores de esta historia. En cuanto a ritmo de vida, cambió la moto por otra, y la esposa lucía abrigos de pieles en invierno. Ambos compañeros se encontraban ocasionalmente por la ciudad, y cualquiera que viera a ambas familias, una al lado de otra, cualquiera que no les conociera, hubiera pensado que quien era propietario de vivienda era el primero, y no el segundo. Ropas, joyas, …

El tiempo pasó y la vivienda en alquiler del primero estaba ya en un estado lamentable. El y su familia seguían allí, y no se iban. El alquiler les resultaba ya muy asequible, debido a la inflación y las subidas de sueldos, aún siendo estas muy modestas a lo largo de los años. Ese primer trabajador decidío pedir ayuda al ayuntamiento y solicitó una vivienda social.

Le costó unos 4 años de espera e insistir, pero lo consiguió. Vivienda gratis total.

El segundo trabajador sabía toda la historia, porque el primero se lo contaba: de su casa en alquiler cada vez en peor estado, por donde se le colaba el aire, con grietas.. de sus insistentes peticiones ante el ayuntamiento, de a donde viajaban ese año… Pero nunca le envidió. Estaba en otras cosas. En ahorrar para el futuro, y prepararse para la jubilación, que aunque todavía estaba algo lejos, ya se barruntaba que sería muy justita para vivir si los precios subían al ritmo esperado. Además podía haber imprevistos, y la vivienda poco a poco iba subiendo ¿Qué panorama se iban a encontrar sus hijos, cuando terminasen la universidad?

En otro gran esfuerzo, el segundo trabajador ya propietario de su casa sin que se la regalara el estado, pagando IBI a ese ayuntamiento que premió el primer trabajador disfrutón, compró una segunda vivienda con hipoteca, a la que se mudó con su familia. Intereses de dos dígitos. Siguieron años de inflación, pero entre todos salieron adelante sin necesidad de vender la primera vivienda. Los hijos, aguantando sin comprarse ropa y zapatos cada poco (como hacían otros) y poniendo hasta de sus ahorros de las pagas semanales a la economía común. Al principio no alquilaron la primera vivienda porque la cedieron gratis a un familiar en apuros. Superados los aprietos, finalizados estudios, los hijos empezaron a trabajar en otra ciudad. Para entonces, la primera vivienda ya llevaba un tiempo alquilada y generando ingresos pasivos, no al máximo de mercado, porque ese trabajador no es avaricioso. Esos ingresos sirvieron para ayudar a los hijos, hasta que se estabilizaron.

Llegó la jubilación.

El segundo trabajador feliz de ver que el fruto de su trabajo tuvo recompensa. No se lamenta de vacaciones perdidas, o viajes que no hizo. Ni sus hijos tampoco.

El primero no lo sé. Han pasado años y se le ha perdido la pista. Lo que sí se es que muchos como el, miran con envidia al otro, cuando en su mano tuvieron hacer EXACTAMENTE lo mismo que ese al que envidian. Incluso y habiéndose beneficiado del sistema, que mira propiedades de ese “rico” de las que extrae impuestos, pero ignora si el otro, el vulnerable, el “pobre”, el “en riesgo de exclusión social” se ha pulido cada euro que le llega. Los hijos, igual de envidiosos e ignorantes. Casi nunca falla.
Entre despilfarrar y ser un miserias, hay una maravillosa escala de grises.
Nadie debería dejar de vivir para poder tener un bien de 1a necesidad como es la vivienda.
 
No pretendo polemizar, pero yo ahí veo una persona que no vivió, y otra que sí.
No pasa nada.

Desde un punto de vista, pudieras tener razón.

Te puedo decir que el ahorrador tenía muy claro por lo que esforzarse, y por lo que no tanto. Qué era importante y que no, según el, claro. También puedo decir que fue feliz viendo que desde tan abajo pudo proporcionar un bienestar a su familia impensable para generaciones anteriores. Nunca sintió que se perdiese nada importante.

Siendo un trabajo sin mucho “lustre”, le gustaba y no perdía ocasión de aprender. Podía darse el caso de ver algo nuevo, en casa de ese vecino al que hizo un trabajo extra en fin de semana, y empezar el lunes pensando en ello, y tratando de saber más. Vamos, que no vivía amargado pensando en lo que se perdía. Viajó de vacaciones 2 veces en toda su vida laboral. La primera 7 días, en septiembre, destino nacional, cuando tenia ya casa pagada. La segunda 3 días, tampoco muy lejos, unos 8/10 años después.

El otro, el disfrutón, empezaba el lunes con el típico pensamiento tan actual, “Otra vez, lunes, 😬 con lo bien que estaba ayer, a ver si pasa pronto la semana”. Su compañero ahorrador no entendía porque ese mal humor de lunes ¡Si había pasado el domingo en su sitio favorito!

Creo que cada uno decide que hacer con su vida, y asume (o debería asumir) las consecuencias. Ese caso, verídico, es que es ideal para verlo, porque empezaron desde el mismo punto. Creo que nunca he visto mayor paralelismo en cuanto a condiciones laborales, ingresos, carga familiar…

Cada uno elige, y luego que no mire al de al lado “es que ese tiene”. Pues a lo mejor tiene porque ha trabajado mucho en ello, y es merecidísimo. Para él y para sus hijos, que en su día no tuvieron los lujos que otros, contribuyendo indirectamente a ese patrimonio.
 
No pasa nada.

Desde un punto de vista, pudieras tener razón.

Te puedo decir que el ahorrador tenía muy claro por lo que esforzarse, y por lo que no tanto. Qué era importante y que no, según el, claro. También puedo decir que fue feliz viendo que desde tan abajo pudo proporcionar un bienestar a su familia impensable para generaciones anteriores. Nunca sintió que se perdiese nada importante.

Siendo un trabajo sin mucho “lustre”, le gustaba y no perdía ocasión de aprender. Podía darse el caso de ver algo nuevo, en casa de ese vecino al que hizo un trabajo extra en fin de semana, y empezar el lunes pensando en ello, y tratando de saber más. Vamos, que no vivía amargado pensando en lo que se perdía. Viajó de vacaciones 2 veces en toda su vida laboral. La primera 7 días, en septiembre, destino nacional, cuando tenia ya casa pagada. La segunda 3 días, tampoco muy lejos, unos 8/10 años después.

El otro, el disfrutón, empezaba el lunes con el típico pensamiento tan actual, “Otra vez, lunes, 😬 con lo bien que estaba ayer, a ver si pasa pronto la semana”. Su compañero ahorrador no entendía porque ese mal humor de lunes ¡Si había pasado el domingo en su sitio favorito!

Creo que cada uno decide que hacer con su vida, y asume (o debería asumir) las consecuencias. Ese caso, verídico, es que es ideal para verlo, porque empezaron desde el mismo punto. Creo que nunca he visto mayor paralelismo en cuanto a condiciones laborales, ingresos, carga familiar…

Cada uno elige, y luego que no mire al de al lado “es que ese tiene”. Pues a lo mejor tiene porque ha trabajado mucho en ello, y es merecidísimo. Para él y para sus hijos, que en su día no tuvieron los lujos que otros, contribuyendo indirectamente a ese patrimonio.
Es que veo cierto tono jocoso al hablar del "disfrutón" por parte del ahorrador, que a mí me parece que es un familiar muy cercano tuyo, porque se percibe un poco de resentimiento. Ojo que es mi sensación.

Por supuesto que cada uno vive la vida como quiere, pero una persona orgullosa de su vida y feliz no se fija en la vida que llevan otros. Creo yo.
 
Entre despilfarrar y ser un miserias, hay una maravillosa escala de grises.
Nadie debería dejar de vivir para poder tener un bien de 1a necesidad como es la vivienda.

Te puedo decir que ese miserias no racaneó nunca en ciertas cosas. Tampoco fue a extraer el máximo a toda costa. Simplemente: ideas muy claras de lo que es gasto útil (a su criterio) y lo que no lo es. ¿Libros? Los que sean. ¿Médico especialista privado ocasionalmente? Sin dudarlo ¿Comer fuera? Durante muchos años no pisó un restaurante salvo alguna invitación de boda o las comuniones de sus hijos.


No es que haya que hacer lo que él

Cada uno decide, juega las cartas que la vida le dio.

Y deja las envidias, disfruta de lo que eligió, y no pretende que le regalen el fruto del esfuerzo del vecino.


Es lo que no deja de sorprenderme (cada vez menos) la envidia y al mirar al otro.

Mientras sea legal, pagando impuestos, con todo en regla, ese “miserias” no le debe nada a nadie, ni está en la obligación de ceder gratis el resultado de su esfuerzo.
 
Mientras sea legal, pagando impuestos, con todo en regla, ese “miserias” no le debe nada a nadie, ni está en la obligación de ceder gratis el resultado de su esfuerzo.
¿Pero quién ha dicho que tenga que ceder su casa gratis o lo que sea suyo? Es que no lo entiendo.

Insisto en que tu testimonio destila mucho resentimiento. Desde afuera se percibe así, y no es cosa mía porque no soy la única.

A mí me parece tristísimo tirarse años sin sentarse en un restaurante/bar/tasca a comer aunque sea unas tapas, y haber ido de vacaciones 2 veces de unos pocos días en toda tu vida.

Conozco gente como el ahorrador de tu historia, y no estoy diciendo que él lo sea, pero son unos ratas que solo viven para trabajar y ahorrar. Es gente que llegan a viejos sin haber vivido absolutamente nada.

Y edito además para añadir que las personas "ahorradoras" suelen defenestrar a quienes decidimos ahorrar mucho menos porque queremos vivir la vida. Nos ven con cierto desprecio mezclado con resentimiento como si lo correcto fuera lo suyo y los demás estuviéramos equivocados. Por no hablar de que ahora es prácticamente imposible ahorrar porque está todo carísimo y la vida no es como era cuando el ahorrador de tu historia se compró su casa, etc.

En fin.
 
Última edición:
Es que veo cierto tono jocoso al hablar del "disfrutón" por parte del ahorrador, que a mí me parece que es un familiar muy cercano tuyo, porque se percibe un poco de resentimiento. Ojo que es mi sensación.

Nooo para nada resentimiento. Es que no se como llamarlo 🤔 en lugar de disfrutón.

No es familiar.

El ahorrador sí

Por supuesto que cada uno vive la vida como quiere, pero una persona orgullosa de su vida y feliz no se fija en la vida que llevan otros. Creo yo.

Pues a eso iba. Cada uno que haga lo que quiera, y no piense en expropiar luego al otro como solución a sus problemas. Ese que está que trina, rabioso, con langostas o no langostas, es el que no está feliz.

Y aclaro que sé que existen los langostas, pero no es langosta todo lo que uno piensa. Langosta es el palabro para dirigir las iras de los jóvenes contra los mayores, en lugar de hacer una política de vivienda que solucione el problema.
 
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