Nunca te hagas un selfie con una tragedia de fondo

Carlos Herrera y la tragedia - Foto Twitter/ @espanabizarra
No hay peor pecado en un periodista que el exceso de protagonismo. Cuando lo importante es la noticia robar plano al interés general es un mal síntoma para la objetividad de tus crónicas o informaciones, aunque sea en un momento de relax, nocturnidad y alevosía. Ir a París hoy no te convierte en reportero de guerra.
Algo debió olvidar Carlos Herrera en la facultad de Medicina cuando en la noche del domingo, paseando por París, decidía hacerse un selfie con un mar de recuerdos trágicos de fondo. Sin mala intención pero con la praxis de un becario con acné determinó que el primer plano de la noticia era él. Y quizás acertó, porque su protagonismo se revolvió para azotarle más tarde en Redes Sociales. Twitter no perdona.
Inmediatamente la Red Social ha recogido el mensaje y le ha regalado una colección de tragedias griegas para ampliar su álbum de recuerdos de París. El postureo devuelve postureo.
No es un gesto aislado. Es un detalle más que nos presenta a esta horda de periodistas (y políticos) estrellas que se interponen entre la noticia y el espectador como vedettes de actualidad para vender siempre su ADN.Otra foto de Herrera tan solo unos minutos después y en el mismo escenario cuenta las cosas de manera bien distinta. Los periodistas, como los árbitros de fútbol, son mejores cuanto más desapercibidos pasan allá donde no es necesario editorializar la noticia.

Este postureo periodístico nos recuerda viejos fantasmas de nuestra España más bizarra que parece todavía no hemos superado. ¿De verdad es necesario desplazarse al escenario de una tragedia para ganar credibilidad? ¿Merece una masacre de 129 personas el mismo tipo de cobertura que un festival de Eurovisión o una final de Champions? Todavía no hemos digerido el esperpento de Ana Rosa y su programa en directo desde la franja de Gaza como para asimilar los egos de otro buen periodista consumido por la vanidad.
- El periodista Carlos Herrera se hace un selfie en París ante un mar de flores y recuerdos. Twitter no perdona

Carlos Herrera y la tragedia - Foto Twitter/ @espanabizarra
No hay peor pecado en un periodista que el exceso de protagonismo. Cuando lo importante es la noticia robar plano al interés general es un mal síntoma para la objetividad de tus crónicas o informaciones, aunque sea en un momento de relax, nocturnidad y alevosía. Ir a París hoy no te convierte en reportero de guerra.
Algo debió olvidar Carlos Herrera en la facultad de Medicina cuando en la noche del domingo, paseando por París, decidía hacerse un selfie con un mar de recuerdos trágicos de fondo. Sin mala intención pero con la praxis de un becario con acné determinó que el primer plano de la noticia era él. Y quizás acertó, porque su protagonismo se revolvió para azotarle más tarde en Redes Sociales. Twitter no perdona.
Inmediatamente la Red Social ha recogido el mensaje y le ha regalado una colección de tragedias griegas para ampliar su álbum de recuerdos de París. El postureo devuelve postureo.
No es un gesto aislado. Es un detalle más que nos presenta a esta horda de periodistas (y políticos) estrellas que se interponen entre la noticia y el espectador como vedettes de actualidad para vender siempre su ADN.Otra foto de Herrera tan solo unos minutos después y en el mismo escenario cuenta las cosas de manera bien distinta. Los periodistas, como los árbitros de fútbol, son mejores cuanto más desapercibidos pasan allá donde no es necesario editorializar la noticia.

Este postureo periodístico nos recuerda viejos fantasmas de nuestra España más bizarra que parece todavía no hemos superado. ¿De verdad es necesario desplazarse al escenario de una tragedia para ganar credibilidad? ¿Merece una masacre de 129 personas el mismo tipo de cobertura que un festival de Eurovisión o una final de Champions? Todavía no hemos digerido el esperpento de Ana Rosa y su programa en directo desde la franja de Gaza como para asimilar los egos de otro buen periodista consumido por la vanidad.