Mira, lo primero que eran demasiado obsequiosos con una rapaza de 21 años. Que no es normal celebrar una misa antes de una cena, así como parte de una reunión social, y menos en una casa particular. Que me sentí observada, estudiada. Que me di cuenta de que SABÍAN muchísimo de vida, cosas que yo sólo había comentado con pocas personas (que me quería doctorar en composición o teoría y crítica, por ejemplo) o cosas de mi familia (la empresa de mi abuelo, tema que yo en la universidad no había hablado con nadie). Eran pequeñas alarmas, pero que se apagaban porque de verdad que me elogiaban mucho y eso, el reconocimiento profesional, era (como lo sabían lo ignoro) mi base para reforzar mi autoestima. Las caras les cambiaban mucho de gesto cuando creían que no les miraba. No se... Eran muchas pequeñas cosas, raras. Pero lo sentía, y ya no estaba cómoda. Es más, estaba muy incómoda. Cuando dijeron lo de la misa, lo del altar en el salón y me preguntaron si quería hacer de monaguillo....