… dos trabajadores en la misma empresa, mismo horario, misma categoría y por tanto mismo sueldo. Ambos vivían de alquiler, con su mujer y sus hijos. Dos cada uno.
Los fines de semana uno de ellos se iba a comer fuera con su familia. Le gustaba cierto sitio en una sierra cercana y raro era el domingo que no iba. En cuanto al otro, su escaso ocio consistía en pasear los domingos por la ciudad con su familia y si algún vecino o conocido que se encontraba le pedía ayuda con algo (de bricolaje, diríamos hoy) no dudaba en acudir. A veces cobraba y otras no cobraba. Según relación y otras cosas.
Las vacaciones de verano también eran muy distintas. Mientras uno se iba a la playa, el otro solicitaba trabajar el mes de vacaciones y cobrarlo (en aquellos tiempos se podía).
Con el tiempo, el segundo logró comprarse su primera vivienda en propiedad. 69m2 para los 4, sin lujos. Suficiente. El y su familia eran felices. El primero siguió de alquiler. Lo que sí tenía el primero era moto, y coche (un 600 de la época).
El tiempo iba pasando, y la casa de alquiler del primero se iba deteriorando. En el bloque donde estaba ubicada fueron quedando viviendas vacías, una tras otra, porque sus inquilinos se iban mudando en cuanto conseguían comprar vivienda. Uno hoy, otro al cabo de 6 meses… así hasta quedar únicamente el primero de los trabajadores de esta historia. En cuanto a ritmo de vida, cambió la moto por otra, y la esposa lucía abrigos de pieles en invierno. Ambos compañeros se encontraban ocasionalmente por la ciudad, y cualquiera que viera a ambas familias, una al lado de otra, cualquiera que no les conociera, hubiera pensado que quien era propietario de vivienda era el primero, y no el segundo. Ropas, joyas, …
El tiempo pasó y la vivienda en alquiler del primero estaba ya en un estado lamentable. El y su familia seguían allí, y no se iban. El alquiler les resultaba ya muy asequible, debido a la inflación y las subidas de sueldos, aún siendo estas muy modestas a lo largo de los años. Ese primer trabajador decidío pedir ayuda al ayuntamiento y solicitó una vivienda social.
Le costó unos 4 años de espera e insistir, pero lo consiguió. Vivienda gratis total.
El segundo trabajador sabía toda la historia, porque el primero se lo contaba: de su casa en alquiler cada vez en peor estado, por donde se le colaba el aire, con grietas.. de sus insistentes peticiones ante el ayuntamiento, de a donde viajaban ese año… Pero nunca le envidió. Estaba en otras cosas. En ahorrar para el futuro, y prepararse para la jubilación, que aunque todavía estaba algo lejos, ya se barruntaba que sería muy justita para vivir si los precios subían al ritmo esperado. Además podía haber imprevistos, y la vivienda poco a poco iba subiendo ¿Qué panorama se iban a encontrar sus hijos, cuando terminasen la universidad?
En otro gran esfuerzo, el segundo trabajador ya propietario de su casa sin que se la regalara el estado, pagando IBI a ese ayuntamiento que premió el primer trabajador disfrutón, compró una segunda vivienda con hipoteca, a la que se mudó con su familia. Intereses de dos dígitos. Siguieron años de inflación, pero entre todos salieron adelante sin necesidad de vender la primera vivienda. Los hijos, aguantando sin comprarse ropa y zapatos cada poco (como hacían otros) y poniendo hasta de sus ahorros de las pagas semanales a la economía común. Al principio no alquilaron la primera vivienda porque la cedieron gratis a un familiar en apuros. Superados los aprietos, finalizados estudios, los hijos empezaron a trabajar en otra ciudad. Para entonces, la primera vivienda ya llevaba un tiempo alquilada y generando ingresos pasivos, no al máximo de mercado, porque ese trabajador no es avaricioso. Esos ingresos sirvieron para ayudar a los hijos, hasta que se estabilizaron.
Llegó la jubilación.
El segundo trabajador feliz de ver que el fruto de su trabajo tuvo recompensa. No se lamenta de vacaciones perdidas, o viajes que no hizo. Ni sus hijos tampoco.
El primero no lo sé. Han pasado años y se le ha perdido la pista. Lo que sí se es que muchos como el, miran con envidia al otro, cuando en su mano tuvieron hacer EXACTAMENTE lo mismo que ese al que envidian. Incluso y habiéndose beneficiado del sistema, que mira propiedades de ese “rico” de las que extrae impuestos, pero ignora si el otro, el vulnerable, el “pobre”, el “en riesgo de exclusión social” se ha pulido cada euro que le llega. Los hijos, igual de envidiosos e ignorantes. Casi nunca falla.