Mira:
Hay cinco investigadores.
Dos, encargados, de recoger evidencias por la habitación en la que apareció la víctima del crimen.
Tres, encargados de seleccionar lo que les parece válido, hacer paquetitos con lo válido, anotarlo en un registro. Hay cosas que vienen envueltas en el polvo de la habitación, que estaba muy guarra. Sacan la cosa, el polvo lo tiran como si fuera el polvo enganchado a una escoba.
De repente, llega el Superjefe Investigador a la sala de los tres seleccionadores.
Y dice: !Ojo con las colillas! !Son esenciales para descubrir este crimen! Y de entrada, ¿cuántas colillas han encontrado ustedes?
Y los tres seleccionadores responden: Pues, atendiendo a los hallazgos que nos han traído, había tres colillas en la habitación. Lo acabamos de anotar y así vamos a firmar el informe.
Pero luego ocurrirá que al día siguiente se revisa el jardín y, en la puerta de la casa, se encuentra otra.
Y el Superjefe dice. Bueno, lo que nos interesaba en nuestra investigación era conocer cuántos cigarros fumó el individuo en su hogar aquella noche. Para que no se nos escape que podía haber otra persona fumadora con el. Hemos de saber cuántos son los encontrados y cuántos de ellos son suyos. Parece que fueron cuatro, y así lo haremos constar.
¿Hizo mal su trabajo alguno de los profesionales?
No.
Pero donde había tres, ahora hay cuatro. Porque una cosa es lo que se pregunta a los que están en el cuarto archivando, y otra la pregunta que se hace la investigación.